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Salta

Caso Sandra Palomo: con una inspección ocular pendiente y un testigo preso, el juicio mantiene un final abierto

Aunque la fiscalía se apresura por cerrar la hipótesis en torno al menor de 15 años como único asesino con la participación secundaria de cuatro amigos, la querella insiste en que hay más implicados; una teoría que comienza a inquietar.

Sandra Palomo
Sandra Palomo
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SALTA.- El juicio que se le sigue a Ian Esteban Caro, Ricardo Nahuel Bonifacio y dos jóvenes, que eran menores al momento del hecho, ya transita su recta final, sin que hasta el momento esté del todo claro cómo se produjo el asesinato de la docente Sandra Palomo y mucho menos, si los que están sentados en el banquillo son los únicos responsables.

A todo esto, y después de un mes de audiencias, a los jueces les queda poco tiempo para sacarse las dudas del caso y poder dictar un veredicto que no sólo defina la situación de los cuatro acusados, sino también brinde respuestas claras a la familia de la maestra asesinada el 31 de agosto de 2019.

A propósito, el martes que viene, tras el feriado largo, el tribunal, integrado por los jueces Norma Vera, Maximiliano Troyano y Roberto Lezcano, llevarán adelante una inspección ocular en el supermercado donde la docente fue interceptada por el menor de 15 años que confesó el homicidio, entre otros lugares que visitará en busca de despejar dudas sobre el hecho.

Por otra parte, ayer, la jueza de Garantías 8, Claudia Puertas, ordenó la detención de Tomás Giménez, el joven que declaró en calidad de testigo en el juicio. El joven, de 18 años, quedo acusado provisoriamente del delito de falso testimonio.

Giménez declaró entre el lunes y martes pasado, pero las contradicciones en las que incurrió fueron insalvables para el tribunal, el que finalmente le dio la derecha a la fiscalía, que había pedido su detención en la misma sala por falso testimonio.

La declaración de Giménez se desmadró cuando la querella le preguntó sobre unas fotos que se tomó en el subsuelo del supermercado Vea, al año siguiente del crimen de Palomo, imágenes que subió a Instagram. Al respecto, sostuvo que fue a ese lugar con otro amigo, quien también estaba citado a declarar.

Sin salir de este enredo, Giménez se metió en otro y así siguió hasta que la fiscal Mónica Poma, de la Unidad de Femicidios, se cansó y pidió su detención, pues ya tuvo varias oportunidades de aclarar sus dichos, pero las contradicciones “resultan insalvables”.

Cabe señalar que Giménez comenzó a declarar el lunes, pero como sus dichos no eran claros, la jueza Vera lo mandó a la banca para que piense bien lo que iba a decir, ya que sus dichos alimentaban la teoría de otros implicados en el asesinato, aunque tampoco era claro al respecto.

Por supuesto, la jueza le indicó que no podía tomar contacto con otros testigos, pero el joven no tomó en serio la advertencia y, en busca de salir del embrollo en el que se había metido, mandó a su novia a hablar con otro testigo, quien no era uno más, sino el que podía corroborar su coartada.

Complicado

Al otro día, Giménez no pudo aclarar sus dichos. La cuestión principal pasó por el motivo de las fotos que subió a la red social, a sabiendas de que, en ese lugar, el menor asesino, a quien conocía, atacó a cuchilladas a Palomo, cuando la docente se dirigía a su camioneta, en la cual luego el adolescente homicida, de 15 años, se fugó con el cuerpo de la maestra en la caja del rodado.

Si bien intentó señalar que lo habría hecho para obtener seguidores en su cuenta, el relato no convenció. Para colmo, al día siguiente, el testigo que había hablado a través de su novia, se sentó y lo delató. Incluso ofreció al tribunal una grabación de la charla que la noche anterior tuvo con la pareja de Giménez, quien fue a pedirle que favorezca a su novio.

Además, el testigo complicó la versión brindada por Giménez, cuya detención se ofició en la misma sala, circunstancias en que la madre del testigo salió en su rescate. La mujer, que estaba entre el público, se paró y les dijo a los jueces que su hijo no merecía terminar así, pues había personas que lo quería perjudicar.

“Puedo entender a los padres de los imputados, siento dolor por la víctima, pido justicia, no quisiera que mi hijo termine así, es lo único que les pido”, aseguró y agregó que el 31 de agosto, día del hecho, el menor que asesinó a la docente lo invitó a su hijo a salir, pero ella no se lo permitió, razón por la cual luego le decían “maricón”.

Sostuvo que, tras el crimen de la docente, a su hijo le “empezaron a llover mensajes de WhatsApp”. “Primero estaban hablando de que sabían lo que hizo (L.C., el menor de 15 años)”. También reveló que la novia de uno de los menores juzgados mandó audios llamando al silencio para resguardar a su pareja.

Asimismo, se refirió al padrastro del mismo acusado, un ex policía, quien hostigó a su hijo por Facebook y una vez en el colectivo. Le dijo que “si su hijo estaba preso él también debía estarlo”. Todo esto mientras dicho familiar, como el resto de los acusados, presentes en la sala, se reían y hacían comentarios.

Este testimonio, pese a sus contradicciones, alimentó las dudas respecto a lo que realmente sucedió con la docente. Si bien no alcanzó para sustentar la teoría de la querella, sí alimento la incertidumbre que ya existe en torno al caso.