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Salta

Dr. Edmundo del Cerro – In Memoriam

Se cumple un mes de la muerte del médico escritor.

Edmundo del Cerro
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Treinta días hacen ya de la partida de Edmundo del Cerro, y brota irreprimible la necesidad de recordar la memoria amiga de este médico escritor que inspirara solemnes vibraciones en el alma colectiva de quienes fueron sus amigos, compartiendo el credo común del afecto y del intelecto literario.

Su esencia buena ha recibido en vida las emociones más perfectas de su tiempo, convergiendo en ese sentimiento fuerte y estimulante que dan la confianza y la hombría de bien.

Fue un obstinado viajero marchando siempre tras ese mítico vellocino de oro como es el honor y la verdad, para lo cual debió explorar todos los abismos del alma abriendo con generosidad su pecho a los dolores espirituales de este mundo, como asimismo a todas las sombras fútiles de las obsesiones.

Edmundo del Cerro fue acaso la sonrisa y la piedad para sus pacientes o quizá el latido necesario en medio de esa entraña creadora que lo comprendía.

Como poeta y novelista, las fulguraciones de las musas desgarraban su emoción ante la belleza de las palabras y ninguna lacra ni dolor fueron ajenos a su imperturbable serenidad. La fuerza creadora de su impronta le llevó a escribir canciones de fuerte contenido que merecieron la alabanza de la crítica y los suspiros del alma, mientras su corazón puro se arrodillaba como un éxtasis en cantos de consuelo para quienes sufrían los vendavales de la vida.

Palpitaban siempre en él olas de piedad hacia todos aquellos necesitados de su consejo profesional, entonces, para él amanecerán siempre las flores de la tierra al conjuro de su querido recuerdo que cabalga la inefable armonía de su lira

¡Fue un caballero! dirán quienes lo conocieron, y en su mesa los escritores compartieron el pan de una fraternidad sincera junto a las revelaciones de su talento.

Escribir fue para él su fiesta secreta junto a su siempre enamorada Eugenia a quien dedicara sus mejores escritos y afanes. Su patria íntima fue la hermosa familia que fundara y, parafraseando al gran poeta Rilke comprendemos cuando decía que “todo depende de haber tenido una vez en la vida una primavera sagrada que colme el corazón de tanta luz que baste para transfigurar todos los días venideros”. ´

Él la materializaba en su familia, en la multitud de amigos, y su conversación revelaba al hombre que había meditado mucho acerca de grandes cosas, pues para él las palabras no sólo tenían sentido sino color y peso.

Escribo estas líneas al amigo con quien me unía el largo brazo de la sangre y la melodía sutil de la poesía enancada en la patria de las letras.

Que en su tumba perdure para siempre el murmullo expresivo de sus afectos, y que la luna siempre cómplice de su lira, al filtrarse por virtuales ramajes en los silencios nocturnales permanezca besando su frente pletórica de virtudes.

Para él el inefable cariño de sus musas, y hoy lleno de prestigios y de títulos, su nombre ha pasado a ser un símbolo en el virtual taller de los poetas.

Querido amigo, descanse en paz.

 Por R. Federico Mena-Martínez Castro