SALTA – Lejos de mostrar un perfil conciliador o de abrir algún espacio de diálogo político, la diputada nacional de La Libertad Avanza, Emilia Orozco, ratificó una vez más que su estrategia es la confrontación. Y no tiene ninguna intención de cambiar su postura.
En declaraciones recientes, la legisladora dejó claro que no está dispuesta a ceder en el marco institucional ni a tender puentes con la oposición. “Le voy a decir algo muy fuerte, no voy a convocar a la Comisión de Libertad de Prensa, que me destituyan. Yo no voy a hacer cómplice de un circo romano que quiera hacer renunciar. ¿Que quieren? Que me destituyan”, expresó con dureza.
Luego Orozco le apuntó directamente a Jorge Rial, periodista que fue señalado por el Gobierno nacional como el responsable de haber filtrado los audios de Karina Milei, pidiendo coimas, supuestamente.
Orozco, muy dura contra Jorge Rial
«Hicieron una reunión fuera de la comisión y lo invitaron a Jorge Rial. Periodista de espectáculo. Decime cuántos periodistas de la Argentina se sienten representados por Jorge Rial. Una persona que le arruinó la vida a un montón de personas», cuestionó Emilia Orozco.
La frase no pasó desapercibida. En un Congreso donde el oficialismo necesita sumar acuerdos para sostener la gobernabilidad. La actitud de Orozco parece ir a contramano de las necesidades políticas del propio gobierno nacional.
Mientras Javier Milei busca respaldo legislativo para sus proyectos más ambiciosos, voces como la de la diputada refuerzan la idea de que el oficialismo prefiere la imposición antes que la negociación. Con esa dinámica, la diputada alimenta la narrativa libertaria de que todo lo que no se ajusta al mandato presidencial es un obstáculo a derribar.
El problema para el oficialismo es que este tipo de declaraciones generan más ruido que certezas. De por sí el escenario legislativo es complejo para el gobierno de Milei, la negativa a cumplir funciones básicas, como convocar a comisiones, agrega un condimento de inestabilidad.
Orozco con su desafío abierto a ser destituida, parece desconocer que la democracia requiere justamente de los mecanismos que ella desestima. Lejos de ser un puente, se consolida como un símbolo de la confrontación permanente.
