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Opinión

Gustavo Sáenz: bailando por el sueño de la reelección y la llegada de los turistas

La postal del gobernador Gustavo Sáenz moviendo el esqueleto con una garota brasilera en el aeropuerto quedó grabada como un tutorial involuntario de cómo no se debe bailar ni hacer política

Sáenz bailando

SALTA.- (Por Diego Nofal) La postal del gobernador Gustavo Sáenz moviendo el esqueleto con una garota brasilera en el aeropuerto quedó grabada como un tutorial involuntario de cómo no se debe bailar ni hacer política. Ese papelón, que combinó falta de ritmo y exceso de entusiasmo, resume una verdad más profunda y dolorosa para el oficialismo salteño, donde nadie se acerca al mandatario para susurrarle un simple y necesario “hermano, no da”.

Resulta difícil de entender cómo alguien en su equipo no frenó el acuerdo que terminó dejando sin subsidios de gas a los salteños, un paso en falso que a un invierno de las elecciones es una idiotez que merece al menos una advertencia por parte de su entorno. Apostar a una alianza con el gobierno nacional sin advertir que la motosierra libertaria podía cortarle los suministros a su propia provincia es un descuido que clama por alguien con el coraje de advertirle que lo iban a estafar.

Tampoco se puede ignorar la coreografía parlamentaria de Pablo Outes y Yolanda Vega, quienes parecen un anexo de La Libertad Avanza hace años y cuyos votos nadie espera que difieran de los libertarios, como un dúo de baile ensayado. Este alineamiento automático, sin disimulo ni matiz, convierte al oficialismo salteño en el bailarín que sigue el ritmo de Milei incluso cuando la música cambia a un género que lastima a su propia gente, pero esta permanente alineación de estos parlamentarios ya no estoy seguro si es 100% atribuible al mandatario.

Como si repitiera una coreografía fallida, alguien decidió acusar por intimidación pública a quienes difundían la tragedia de los operarios de Aguas del Norte, olvidando que ese mismo paso ya les había salido muy mal en el pasado reciente. Pero claro, los asesores de Sáenz bailan a su propio ritmo, si no, no se explica las ganas de volver a meterlo en este escándalo que ya le costó dos elecciones al mandatario.

La anécdota de cantar con el embajador estadounidense pudo ser un momento simpático pero, sin un filtro político, se volvió otra nota desafinada de una gestión que confunde una visita oficial con un karaoke. Alguien debió recordarle que la diplomacia no se ejerce haciendo dúos virales, sobre todo cuando el video circula más por la mueca de incomodidad del público que por algún mérito artístico.

El verdadero problema no es la cadena de errores sino la ausencia absoluta de una voz interna que, con la confianza de un amigo, le plante al gobernador y le diga “hermano, no da” antes de cada papelón. Gobernar es como bailar, necesita con urgencia un coreógrafo que anticipe los tropiezos y arme una rutina que no convierta cada acto público en un video viral por las razones equivocadas.

Al final del día, el baile con la garota brasileña no es una anécdota aislada sino la metáfora perfecta de una administración que se mueve sin brújula en la pista política, confiada en que el entusiasmo suple la técnica. Si algo necesita con urgencia el proyecto reeleccionista de Sáenz es un instructor de baile político que le enseñe a no pisar los callos de sus votantes mientras ensaya pasos de fama internacional.

Porque seamos sinceros, como cantante quizás haya futuro incierto pero como bailarín, el gobernador ya tiene asegurado un lugar en el podio de los memes provinciales, ese del que no se vuelve con asesoría tardía.

La verdad debe contarse entera, siempre. Para aportar información, puteadas y amenazas diegonofal@gmail.com
X @turconofal.