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Una campeona paralímpica le puso fin a su vida a través de la eutanasia

Marieke Vervoort sufría de una condición degenerativa y decidió ponerle punto final a su vida.

Fuente: Twitter Vervoort

Marieke Vervoort, campeona de los Juegos Paralímpicos de Londres 2012 y medallista también en Río 2016, decidió ponerle fin a su vida esta semana a través de la eutanasia. La belga de 40 años sufría una condición degenerativa que le provocaba dolores insoportables y optó por someterse al tratamiento que es legal en su país para terminar con su vida. «No quiero sufrir cuando muera», había dicho la campeona.

Vervoort ganó la medalla dorada en la competencia de T52 de 100 metros llanos en los Juegos de Londres 2012. La letra de la categoría indicia que la prueba es de pista y el número refiere a una división según la condición que padecen los atletas. Además de llevarse el título en los 100 metros, en Londres ganó la medalla plateada en los 200. Y cuatro años después, en Río, fue segunda en los 400 metros y tercera en los 100.

«No hay miedo a la muerte, es algo pacífico. No quiero sufrir cuando me esté muriendo, cuando sea demasiado para mí decidir que mi vida está en mis propias manos», había dicho la atleta paralímpica con anterioridad. Vervoort, además de ser cuatro veces medallista en Juegos Paralímpicos, consiguió un triplete: fue campeona mundial en Doha 2015 en las pruebas de 100, 200 y 400 metros.

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Thanks Koen Wauters for your nice visit in the hospital!

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La eutanasia es legal en Bélgica, aunque para que sea ejecutada, los pacientes deben recibir la autorización por parte de tres médicos diferentes. La enfermedad progresiva había paralizado el cuerpo de Vervoort del pecho hacia abajo, afectó su visión, la hacía sufrir constantemente de espasmos y le impedía dormir con facilidad, especialmente a partir de 2017. Por eso tomó la decisión terminal.

Hace un par de años, le confesó al Daily Telegraph: «No quiero sufrir más. Es demasiado duro para mí. Me deprimo más y más. Nunca había tenidos estos sentimientos y lloro mucho. Un neurólogo estuvo conmigo toda la noche mientras tenía espasmos y me dijo que no era un ataque de epilepsia sino mi cuerpo gritando. Me siento con mucho dolor, me doy por vencida». Esta semana, finalmente, le puso punto final al sufrimiento.