Fuente: Twitter NFL

Aaron Rodgers es uno de los mejores mariscales de campo de la historia de la NFL. A menudo considerado el más talentoso de la liga, el líder de los Green Bay Packers vive una temporada muy buena en la que realizó un juego perfecto y lleva de la mano a su equipo para ser un contendiente en la lucha por el título. Pero este domingo sufrió la peor noche de su carrera en la dura derrota de los Packers en casa de San Francisco 49ers, uno de los mejores equipos de la NFL.

El partido entre los 49ers y los Packers era el más anticipado del fin de semana en la NFL. Para ambos era una prueba, ya que San Francisco tiene que ratificar su liderazgo en la conferencia nacional en partidos contra equipos fuertes como Green Bay, mientras que los Packers deben dar muestra de personalidad cuando salen fuera de casa, ya que venían de sufrir una derrota dolorosa en Los Ángeles contra los Chargers. En el duelo, hubo un claro ganador. Y no fue Aaron Rodgers.

Desde el inicio mismo del juego se veía que no iba a ser la noche del jugador elegido dos veces como el más valioso de la liga. En la segunda jugada del partido, Rodgers perdió el balón, que fue recuperado por Nick Bosa, una verdadera pesadilla para el mariscal en el juego. Los 49ers marcaron un touchdown en la siguiente jugada y anticiparon un resultado que sería ostensible; fue una paliza de San Francisco, 37 a 8 sobre los Packers.

Hay una estadística que permite calificar a la noche del domingo como la peor de Rodgers en su carrera. El mariscal de campo intentó 33 pases y acertó 20 para completar apenas 104 yardas. El promedio de yardas por intento de pase le dio 3,2 a Aaron, el peor de su carrera como titular. En la primera mitad, completó 41 yardas; en una sola jugada, el mariscal de los 49ers, Jimmy Garoppolo, lanzó un pase de 42 yardas para touchdown.

Rodgers había sido muy crítico con el equipo en la derrota con los Chargers y tras ese juego pidió un cambio de actitud pensando en el juego contra San Francisco. «Debemos ser honestos respecto a nuestra rutina y las decisiones que tomamos en las últimas 48 horas y estar seguros de que nuestras cabezas están en el lugar correcto para la próxima vez que juguemos un gran partido como visitantes, que será en tres semanas», había declarado el mariscal. Le ocurrió todo lo contrario; la peor noche de su carrera.