SALTA – Ocurrió en «El Marriot Hotel» de la ciudad de Buenos Aires, donde el escenario cambió. De ser un ring, donde se enfrentan dos contendientes y un imaginario locutor dijera: «Y en este rincón…» ¡Los dos juntos! En efecto, en el mismo rincón, Juan Carlos Romero y Gustavo Sáenz. Compartieron algunas legumbres, ensaladas y quizás el tazón de consomé que le gusta consumir al Júcaro.
Tal parece, el actual gobernador, Sáenz, quizás en función de los inesperados cambios que ha sufrido la política argentina, donde mientras el mapa se teñía de morado y el gobernador de rojo punzó porque su estrategia electoral se resquebrajó.
Como en muchas otras partes, habría acudido a la experiencia de un viejo lobo político como Romero para pedirle consejo sobre cómo sobrevenir al cambio que se está despertando en el horizonte.
Porque el dato estadístico, es decir, la realidad, marcó que la provincia más comprometida políticamente con Sergio Massa como es Salta, por la amistad y alguna vez el acompañamiento político de Sáenz a Massa. Fue uno de los bastiones nacionales donde Javier Gerardo Milei sacó los más abultados resultados a favor. “¿Y ahora qué hacemos?” pudo haber sido la pregunta, quizás.
Tras el encuentro, Gustavo Sáenz habría partido a reunirse con su par jujeño, Gerardo Morales, otro caído en desgracia tras las PASO. Quizás también para ver de abroquelar esfuerzos como provincias periféricas y vecinas frente a lo que pudiera venirse si Milei llega a la presidencia.
Como si fuera un confesionario, lo que hayan conversado quedará en el sigilo de los protagonistas, claro está. Sin embargo, dicen que el gobernador Sáenz rubrica cada saludo cerrando un puño mientras expresa sonriente: ¡Viva la Libertad, carajo!