SANTIAGO DEL ESTERO.- El primer Debate Presidencial dejó a las y los involucrados con satisfacción, sin que se cometieran errores notables que pudieran orillarles a la descalificación, según evaluaciones en los equipos de comunicación. Aunque cada partido y su representante tuvo la oportunidad de presentar sus proyectos, el veredicto general fue que no hubo un “ganador” claro en el evento debido a la escasez de propuestas.
Un aspecto destacable del Debate fue la organización, con un orden riguroso y sin interrupciones. Las y los oradores respetaron (de cierta forma) los tiempos asignados, lo que contribuyó a un desarrollo fluido del evento. En cuanto al tono del debate, todos los candidatos mostraron una actitud mesurada. Incluso Javier Milei, conocido por discursos agresivos, mantuvo sus propuestas radicales, como el cierre del Banco Central, pero sin la vehemencia anterior.
Algunas personas percibieron esta moderación como un desdibujamiento de su personalidad, aunque sus gestos aún reflejaban su carácter similar al de Donald Trump. La primera parte del debate, centrada en temas económicos con derecho a réplica, fue considerada la más animada y dinámica por los equipos de campaña. Sin embargo, la segunda parte, que incluyó preguntas y respuestas, perdió algo de brillo y se calificó como «aburrida» por algunos colaboradores de los candidatos.
Debate Presidencial: Necesidad de conexión con las preocupaciones de la ciudadanía
Myriam Bregman destacó como la candidata más desenvuelta, sus comentarios desafiantes como asegurar que Javier Milei “no es un león, sino un gatito mimoso del poder económico” otorgaron el condimento de cruce que se esperaba en el espectáculo televisivo. En contraste, Patricia Bullrich parecía nerviosa, aunque sus palabras gozaron de firmeza, especialmente al defender a la gendarmería en el «caso Maldonado», pasó desapercibida en sus propuestas.
Sergio Massa fue blanco de críticas predecibles debido a los desafíos económicos que enfrenta el país. A pesar de esto, sus ataques fueron menos intensos de lo esperado después de los escándalos recientes. El ministro anunció al final del debate que pediría la renuncia de Martín Insaurralde. Juan Schiaretti presentó una intervención intrascendente, ya que sus propuestas se centraron en las y los cordobeses, y esporádicamente en el interior del país.
Aunque hubo pocas coincidencias, todos los candidatos subrayaron la necesidad de lograr un equilibrio fiscal, un acuerdo inimaginable en el pasado (excepto por Bregman, que no se pronunció al respecto). La inflación fue un tema recurrente, con reproches de Milei y Bullrich a Massa sobre la posibilidad de una hiperinflación. La Economía, como era previsible, fue el principal tema en el Debate Presidencial.
De cara al próximo debate, que se llevará a cabo en Buenos Aires el próximo 8 de octubre, se ha señalado la necesidad de que las y los candidatos presenten propuestas más concretas y relevantes para la población. Innegablemente, se notó una falta de claridad conjunta sobre cómo abordar la crisis y una ausencia de conexión con las preocupaciones cotidianas de la gente que irá a las urnas el 22 de octubre.