BUENOS AIRES.- Jorge Almirón puede ser odiado y criticado, pero de todas formas consiguió que Boca se metiera en la final de la Copa Libertadores 2023. Sin un gran rendimiento acorde a lo que se necesitaba, logró demostrar que está en condiciones de pasar a la historia grande el próximo 4 de noviembre. En el estadio Maracaná podría definirse la historia.
También presenta una revancha personal, a seis años de perder una final de Copa Libertadores. En aquel entonces, formaba parte de la conducción técnica de Lanús. Trató de brindarle su primer campeonato importante al club del sur del Gran Buenos Aires. Sin embargo, cayó frente a Gremio de Porto Alegre en la definición. En aquel equipo estaba Esteban Andrada, que supo vestir la camiseta Xeneize.
En el primer partido, disputado en suelo brasileño, perdió 1-0 ante el tanto de Cícero Santos. La vuelta se jugó en la Fortaleza, donde Fernandinho y Luan le dieron mayor ventaja en el marcador y cerró 2-1 otro triunfo para levantar el trofeo. De esa forma, se fue con las manos vacías en aquella ocasión. Ahora tratará que contra otro brasileño sea diferente la historia.
Jorge Almirón sacó pecho del equipo
En diálogo con la prensa, el director técnico expuso que el éxito es exclusivamente de los futbolistas: “Siempre lo más importante son los jugadores y ellos se destacaron. Ahora se inicia un nuevo ciclo y yo tengo que pensar el martes en Belgrano. Era muy difícil enfocarse y los jugadores hace tiempo que estaban pensando en esta semifinal. Queda el torneo, la Copa Argentina, hay mucho por competir”.
Asimismo, centró la fórmula de su triunfo en la serie en “la convivencia de los jugadores. Después del primer partido con Palmeiras repetí el mismo equipo y jugar de visitante en un campo con sintético… Ellos se hicieron muy fuertes. Pero nuestro grupo de jugadores me transmitió mucha confianza”. Ahora está a un paso de hacer historia.
