Desde aquel famoso y ya histórico «Maestras porras» que habría mandado a escribir en las paredes el entonces ministro de Gobierno, Daniel Isa, cuando la docencia de Salta se abroqueló detrás de Gladys Miguel de Vittar, legendaria líder de la Agremiación Docente Provincial (ADP), pasando por la llamada «Noche de las Tizas» durante el mandato de Juan Carlos Romero, cuando enviara a la Infantería a dar «palo y a la bolsa» a los docentes acampados en la Plaza 9 de Julio, pasando por las promesas no cumplidas bajo el gobierno de Juan Manuel Urtubey de jerarquizar la carrera docente y limpiar los procedimientos de la Junta de Calificación y Disciplina, hasta el monacato ejercitado por el ex ministro, Matías Cánepa, partidario del teológico «A Dios rogando y con el mazo dando», la educación en Salta, desde hace cuatro décadas no sólo es una materia pendiente sino que ha acompañado el curso de la decadencia del país.
Desde ese tiempo que, en Salta, ningún gobierno ha tomado el problema docente en las manos como corresponde y ha dado satisfacción a las demandas del sector. Claro, que hay que decirlo, la culpa no sólo es del chancho sino también de quien le da de comer, en este caso los sindicatos que han caído en el punto más bajo de su credibilidad y siendo legales ya prácticamente no son legítimos.
Prueba de lo anterior es el surgimiento y consolidación de grupos anárquicos autodenominados como «Autoconvocados», una «organización» informe, donde los jefes -porque no hay lideres- surgen según van corriendo los tiempos y las oportunidades. Esta situación denuncia el desmadre que una política pública tan sensible a la organización y vida institucional como es la educación padece a manos de gobiernos que no han comprendido, o no han querido comprender la necesidad de tener un sistema educativo fuerte, dinámico y moderno, que opere como riel y capítulo rector de una sociedad para el progreso.
Basta echar un vistazo a la historia màs reciente de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX (en términos de historia, un siglo puede considerarse algo reciente); y se comprobará que cuando los países quisieron echar las bases para construir una gran nación comenzaron por llevar adelante una reforma educativa.
En Europa, hacia el 1880, los políticos en Francia quisieron fundar lo que sería la III República y lo hicieron sancionando la famosa Ley Jules Ferry de 1881 y aplicada a partir de 1882, que establecía la gratuidad, obligatoriedad y laicidad de la educación en ese país. Jules Ferry, era ministro de Instrucción Pública en ese momento.
Esa ley marcó un cambio importante al hacer que la educación fuera accesible para todos los niños, independientemente de su origen social o económico. Además, introdujo la educación laica, separando la educación de la influencia religiosa. La Ley Jules Ferry tuvo un impacto duradero en el sistema educativo francés y estableció los principios fundamentales que todavía guían la educación en ese país.
Para lograr aquella reforma, Francia convocó a los mejores elementos de la sociedad en ese momento, como fue el caso del sociólogo, Emile Durkheim, que con su obra «La Educación Moral» y otros escritos, contribuyó de manera importante argumentando, por ejemplo, sobre la importancia de la educación para la formación moral y social de los individuos. El eje de aquella reforma abogó por una educación que fomente la cohesión social y la integración de los individuos en la sociedad.
La Educación en la Argentina
La República Argentina ha sido hasta hace unos veinte años atrás un país basado en sus tradiciones, respetuoso de sus instituciones republicanas y apegado a un ideario propuesto por los Padres Intelectuales de la República (Mitre, Sarmiento, por ejemplo), quienes echaron las bases de lo que sería aquel gran país que recibió al Centenario.
En materia de educación y es un dato que viene a servir de contrasentido de la situación actual, cuando asumió la presidencia, Domingo Faustino Sarmiento, se ordenó el primer Censo Nacional en 1869, que además de lo poblacional dio como resultado que casi el 80% de los ciudadanos era analfabeto. La orden de Sarmiento a sus ministros fue entonces. «¡Escuelas, escuelas, escuelas!».
El ideario sarmientino fue recogido por Julio Argentino Roca quien, en 1882, quien llamó al Congreso Pedagógico Internacional, al cual se convocó a las figuras más relevantes del mundo. Es decir, mientras en Europa sucedían movimientos como el descrito en Francia, en este lado del Atlántico, la Argentina se ponía a la vanguardia de los países más adelantados en materia educativa, simplemente, porque esa clase dirigente -la Generación del ’80-, diseño con carácter de estadista una República consistente y sustentable para los tiempos.
De aquel Congreso, surgió el Congreso Pedagógico Nacional, que en el mes de julio del año 1884, sancionó la Ley 1420 que establecía la educación gratuita, obligatoria y laica. La normativa establecía la gratuidad y la obligatoriedad de la educación primaria para los niños entre 6 y 14 años. Esto buscaba garantizar el acceso universal a la educación básica.
Un punto a destacar para ese tiempo fue la «Autonomía Escolar», que permitía a las escuelas cierta flexibilidad en la elección de métodos de enseñanza y la adaptación a las necesidades locales. Como se ve, el germen del federalismo subyacía en esa norma.
Esa visión de estadistas aplicó a la enseñanza de Materias Específicas introduciendo la obligatoriedad de las mismas como moral, higiene y sobre todo historia argentina. También fomentó la enseñanza de ciencias y letras.
Como se puede ver, de este breve repaso surgen dos ideas base y básicas: la primera es la vocación de liderazgo de aquellos políticos sabiendo que debían forjar su mandato sobre una plataforma educativa porque un pueblo culto y educado se fideliza con el gobernante que le otorga esta posibilidad de estudiar y crecer.
La segunda idea base es la importancia superlativa del docente en ese marco conceptual de la política. Hay que recordar que esta importancia del docente ya fue reseñada por el General Manuel Belgrano, quien en su «Reglamento» para las escuelas que debían construirse con el premio que le otorgara el gobierno nacional por sus triunfos en Tucumán y Salta, sostenía que «El funcionario público más importante es el maestro» y agregaba que «El maestro debía ganar lo mismo que el ministro».
De allí que para los formadores de la educación pública argentina la formación docente era un asunto principal pues era la forma de asegurar la calidad de enseñanza.
El Sistema Educativo en Salta: Un tobogán hacia la mediocridad
Una vez expuestos los principios rectores sobre los cuales se organizó toda la política argentina y que repetimos fue la fórmula para hacer grande a este país, basta levantar la mirada desde la historia para comprobar el lamentable, el desastroso estado de la Educación pública en el país y en particular en la provincia de Salta.
De todas las áreas que debieran componer la materia de preocupación de un gobierno, tanto la educación como la salud pública son las que más languidecen ante la falta de interés por parte de los sucesivos ministros y la carencia de presupuestos.
Esta falta de conciencia en los gobiernos salteños sobre la necesidad de contar con un Sistema Educativo fortalecido a lo largo de los 40 años de democracia, desemboca hoy en un cuadro verdaderamente anárquico donde ya ni el docente es la «segunda madre», ni mucho menos la escuela «el segundo hogar».
La indiferencia y la apatía de los ministros de educación que pasaron por el cargo terminó generando una masa de casi 30.000 docentes en la provincia de Salta cuyas capacidades son elementales, más todavía en un tiempo en que la tecnología ha invadido la vida de todos los ciudadanos, especialmente los niños y jóvenes.
La ausencia de un programa que armonice la vida docente de la provincia, sumado a la caída en la calidad de la dirigencia sindical, generó una diáspora de educadores que hallaron en el método de la autoconvocatoria el método más seguro para conformar sus reclamos salariales.
Y allí está el primer punto de conflicto, porque cada año, cuando se repite el rito ya legendario de reunirse los gremios con las autoridades de educación, existe un lista de necesidades del sector, encabezados siempre por la necesidad de fomentar la carrera docente, encauzar la transparencia de la Junta de Clasificación y Disciplina, poner en condiciones los establecimientos, crear otros nuevos, contar con los insumos necesarios, tanto pedagógicos como logísticos en los establecimientos y un largo etcétera; pero resulta que a la hora de sentarse a negociar el primer -y único- ítem a tratar, a debatir, es el sueldo del docente, quedando inmediatamente postergados los demás reclamos que a empujones -se diría- luego van solventándose aquí y allá. Lo dicho, no existe en Salta una política de Estado en materia educativa.
A pesar de que la Constitución Nacional, le reconoce a las provincias su autonomía, particularmente en materia de educación (Art. 123), en Salta jamás se aplicó esta norma como política de Estado provincial.
Cuando en la época de la reforma de Carlos Menem, cuando se puso fin a la Ley 1420 para sustituirla por la Ley Federal de Educación, el diputado Mariano San Millán, por entonces presidente de la Comisión de Educación, pidió que se redactara un trabajo conteniendo ideas para incorporar o plantear alternativas regionales. Al momento de votar la adhesión de Salta a esa nueva ley, todos levantaron la mano para aprobar a libro cerrado… incluso San Millán. A ningún diputado, ni funcionario, ni mucho menos gremialista le interesó que se diera un debate para canalizar alternativas federales.
Otro tanto ocurrió cuando en tiempos del Kirchnerismo se decidió dar de baja a la Ley Federal para imponer la Ley Nacional de Educación, cuya esencia es netamente unitarista y centralista. Tampoco se escucharon voces disonantes. La aplicación del método «oveja» resultó nuevamente efectivo al votar todos en rebaño.
En la actualidad se echan a la calle manadas de semianalfabetos
Precisamente esa inclinación a mantener la disciplina social en base al dictado de contenidos cada vez más mediocres y de ubicar en el sistema docentes de limitada formación, ha sido la única «política de Estado» sustentable hasta el día de hoy.
Se continúa manejando a la educación con parámetros que ya ni los conservadores de la «Década Infame» aceptarían, nombrando funcionarios en el área educativa sin vocación de grandeza, tal vez por falta de conocimientos históricos o pedagógicos. Desde hace años no se ha escuchado ni una sola voz en la dirigencia que alerte sobre que este no es el camino porque el mundo ha cambiado.
Desde aquella afirmación en los ochenta de Marshall MacLuhan de que se había constituido «La aldea global» y el Internet había avecinado a las culturas, en Salta se mantuvo en materia educativa ese paradigma arcaico y de abandono sistemático de la docencia.
Una de las promesas del gobierno de Juan Manuel Urtubey fue proveer a la formación de la carrera docente y se puede decir que ese postulado se cumplió aunque no alcanzó porque faltaba, faltó entonces y continúa faltando la decisión política de hacer de Salta una provincia líder en la Región a través de una profunda reforma educativa.
Durante el gobierno de Urtubey es que el fenómeno de la deslegitimación de los gremios comenzó cuando el movimiento de «Autoconvocados» superó a sus gremialistas y logró que el gobierno firmara un aumento salarial del 37%, que debió hacerse extensivo al resto de la administración pública.
El gobierno de Gustavo Sàenz sigue porro
En materia de educación, la administración de Gustavo Sáenz cometió dos graves errores; el primero no haber aprendido la lección que los «Autoconvocados» dieron en su momento y continuó con el viejo manejo de «hacer circo» mediático en cada paritaria y acordar con los gremialistas a puertas cerradas, una metodología ya nada creíble por las bases. El segundo grave error de Sáenz, fue nombrar y sostener hasta límites increíbles de tolerancia a Matías Cánepa como ministro de Educación.
Sobre lo primero, la historia de los cuatro años transcurridos ha proporcionado el muestrario más acabado de hacer lo de los primates que aprenden, pero sólo repiten actos procedimentales, son incapaces de innovar para crear otros escenarios. Así, cada inicio de año se repite el rito de docentes en huelga, clases perdidas por uno o dos meses, cátedras discontinuas porque hay docentes que adhieren a la huelga y otros no, gremios reducidos a un sello de goma, incluso la otrora poderosa ADP, hoy nada más que un convidado de piedra más las reuniones de paritarias, un acuerdo firmado que se reforma y se vuelve a reformar porque las bases autoconvocadas de esta sección o de aquella otra no están de acuerdo. Asambleas docentes desperdigadas que aceptan esto, pero no aquello y así; en resumen, un estado anárquico que hace inviable cualquier intento de ordenar el sistema educativo de la provincia.
Una bomba con mecanismo de retardo
Lo que Matías Cánepa le dejó a la flamante ministro, Cristina Fiore, es una bomba con un mecanismo de reloj funcionando y que nadie puede desactivar. Mucho la costará a Fiori echar a funcionar a un elefante blanco como el ministerio de Educación donde habría cientos de sueldos que se pagan a los amigos, militantes o acomodados -hay que decirlo-; luego, establecimientos en estado ruinoso, otros con obras paralizadas o eternas que no se terminan, problemas de insumos y de reemplazo de personal de maestranza.
El régimen de licencias debe ser renovado lo mismo que los procedimientos de la Junta de Calificación y Disciplina. También será necesario volver a poner en marcha la capacitación docente, detenida hace más de un año medio por decisión del ex ministro Cánepa de «revisar la normativa». Así, mientras a Cánepa le llevó (y no pudo hacerlo, parece) todo ese tiempo revisar las dos hojas que componen la reglamentación de la Resolución Nro. 721 que permite y regula el régimen de capacitación, desde entonces, los docentes se han visto privados de acceder a la oferta privada en materia de capacitación que siempre suele ser mejor que las ofertas públicas y gratuitas vía web, que poca adhesión concitan ya que, precisamente, gran parte de la docencia salteña todavía ignora los intríngulis del Internet.
Dígase, por ejemplo, que mientras Matías Cánepa todavía trataba de discurrir cómo aplicar a la currìcula el Trivium y el Quadrivium medievales, en Salta, son cada vez más numerosos los adolescentes que ya facturan en dólares por la Red, con cuentas a nombre de sus padres porque son menores, mientras sus maestros apenas saben enviar mensajes de WhatsApp.
Otro de los tantos problemas con que la ministro Fiori se ha encontrado son las denuncias y sumarios que suman al menos dos o tres centenas y que nunca fueron resueltos bajo el imperio de Matías Cánepa. Apenas asumida, Fiori, debió enfrentar un cuasi piquete en los pasillos del ministerio de docentes que reclamaban por saber su situación.
Tendrán que revisar también el modo de nombramiento y la calidad de los supervisores porque entre esos sumarios que aguardan solución se hallan denuncias de maltrato y persecución ejercidos por algunos supervisores. Habría que revisar también las varias redes consanguíneas de supervisores que nombran parientes en franco abuso de poder.
Ni qué decir de la necesidad de reformar la currìcula docente donde hay temas nuevos y otros como la Gesta Güemesiana, que todavía esperan ser impartidos en las clases. Bien se puede decir, sin ánimo de hacer tanto más extensa la cantidad de falencias que la educación en Salta ofrece, que, si el gobierno de Gustavo Sáenz quisiera pasar a la historia, tendrìa que promover una reforma educativa en los términos que la Constitución Nacional le permite.
Caso contrario, mientras la deuda interna en materia educativa continúe el mismo estado de inacción, se harán realidad para las generaciones siguientes de salteños aquellas palabras del General Belgrano: «Sin educación, en balde es cansarnos. Nunca seremos más de lo que somos»