Calles de Salta: (Dr. Federico Mena-Martínez Castro).-
La calle que nos ocupa homenajea al prócer del epígrafe Teniente Coronel Rudesindo Ibazeta, nacido en la ciudad de San Miguel de Tucumán. De acuerdo al historiador y genealogista don Jorge Corominas el primer Ibazeta que llegó al Río de la Plata fue don Pedro José de Ibazeta, natural de Vizcaya. Fue hijo de don José de Ibazeta y de doña María de Aguirre.
El genearca de esta familia don Pedro José de Ibazeta, en un principio se radicó en la ciudad de Salta, contrayendo matrimonio en esta ciudad –en el año 1799- con doña Vicenta Figueroa-Toledo Pimentel. Murió en la ciudad de Tucumán en el año 1824.
Fueron sus hijos, los Ibazeta-Figueroa, hermanos de don Rudesindo: don Pedro Cayetano, don Pedro José, don Tomás, doña Juana, doña María Luisa, doña Jacoba y finalmente don Rudesindo, con quién continuaremos esta nota.
José Rudesindo Ibazeta Figueroa se casó con la tucumana doña Teresa Carranza-Tejerina, heredando de sus padres la llamada IMAGEN GRANDE DE LA VIRGEN DE LA MERCED, que fue según autorizadas investigaciones, quien recibiera el bastón de mando, luego de la batalla del 24 de septiembre en Tucumán de manos del General Belgrano, en el año 1812.
Los hijos habidos en el matrimonio fueron: Vicente, María Mercedes, María Dolores; Pedro José, Fermín, José Antonio, Teresa, casada con Rudesindo López-Murga. Fue doña Teresa López-Ibazeta de Etcheverry, quien heredó la imagen “grande” mercedaria, a la vez que desarrolló una activa campaña en los medios periodísticos a fin de que se la reconociera como auténtica destinataria del bastón de Belgrano.
La lista de los Ibazeta-Carranza sigue con el Coronel Rudesindo Ibazeta, esposo de doña Elivra Figueroa-Cornejo. Eran los tiempos de la Organización Nacional, cuando don Rudecindo Ibazeta Figueroa, se desempeñara brillantemente en las batallas de Caseros, Cepeda y Pavón. Fue posteriormente expedicionario al Chaco, además de desempeñar otras importantes comisiones castrenses.
Luego de las mencionadas batallas se incorporó a las fuerzas de la Confederación Argentina. Fue ayudante del Coronel Juan Ramón Nadal en el año 1859 y en la batalla de Pavón lucho bajo las órdenes del Coronel Luciano González. Esto fue en el año 1861, más precisamente en el mes de diciembre. Al año siguiente o sea en 1862, pacificada y organizada la nación, actuó como segundo jefe del Batallón Córdoba, hasta que en 1865 lo encontramos ya como Jefe del Regimiento 1º de Guardias Nacionales. Mantuvo este cargo durante varios años.
La Nación aún inestable concentraba importantes disturbios políticos, estando a las órdenes del entonces Teniente Coronel Napoleón Uriburu y a cargo del Batallón de Infantes “24 de Septiembre”.
Otro de los cargos desempeñados fue el de la Jefatura de Policía. Durante este movimiento revolucionario el Ministerio de Guerra de la Nación ordenó al Comandante Uriburu, movilizar las fuerzas de la Guardia Nacional de la Provincia de Tucumán, de Salta y de Jujuy. Uriburu, conjuntamente con el Batallón de Ibazeta y algún otro más, formó un Regimiento, cuyo mando recayó en el mismo Ibazeta.
Nuestro biografiado fue nombrado en el año 1879 Jefe de la Frontera de Salta, cargo que ejerció hasta noviembre de 1880, siendo remplazado por el Coronel Juan Solá. De esta manera Ibazeta quedó como Segundo Jefe de esta misma frontera salteña. No tardaría llegar su merecido ascenso, y este se concretó en el año 1882, cuado fuera promovido al cargo de Teniente Coronel de Caballería. Al año siguiente, es decir en 1883 pasó a desempeñarse en la Tercera Brigada de la Cuarta División del ejército que estaba destacada en la Frontera Norte.
Las obligaciones militares lo llevaron también a expedicionar el Chaco, para lo cual partió de la localidad de Dragones en esta provincia de Salta al frente de 124 hombres, a fin de abrirse camino hacia Bolivia, para lo cual debió remontar el Río Pilcomayo. La misión no fue fácil, a pesar de la buena disposición y ánimo pacífico de los expedicionarios, pues debieron sostener tres combates con más de seiscientos indios armados con rifles Remington- Las tribus coaligadas pertenecían a las etnias Chiriguanas, Tobas y Matacos.
El enfrentamiento más crudo fue el de Cavayá-Repotí. Cuando llegaron al río Pilcomayo, hecho que ocurrió en el mes de julio, y transitando la margen del río, llegaron hasta la población boliviana de Caiza. Fue Ibazeta el primero en entrar a ese territorio, a pesar de los incontables inconvenientes encontrados. Las autoridades bolivianas recibieron con beneplácito el éxito de la expedición.
A continuación se sucedieron los partes de Ibazeta a sus mandos naturales, desde Yacuiba y Tamira, para informar su partida hacia Itilluro (sic) y finalizar en el punto de partida, es decir El Fuerte de Dragones. Estos partes fueron elevados al Ministerio de Guerra, por el Coronel Juan Solá, naturalmente desde esta provincia de Salta.
Debido al éxito obtenido, Ibazeta fue nombrado Jefe de la columna expedicionaria al Chaco Boreal que culminara con idéntico éxito que la anterior. Cuando en 1884 fuera nombrado Jefe de la columna expedicionaria al Chaco Boreal y estando al mando del 10 de Caballería, procedió a dividirlo en dos columnas, una de ellas bajo su mando y la otra al mando de su segundo, Mayor Zenón Ferreyra.
La columna de su mando, salió desde la frontera de Salta, bordeando la margen izquierda del Río Teuco, en verdad, la más difícil, mientras que la del Mayor Ferreyra, salía desde el Fuerte Victorica, por la margen derecha del Río Bermejo. La misión de ambas columnas eran las de llegar hasta la localidad de Cangayé.
La vanguardia marchó en octubre de 1884, a las órdenes del Teniente Fermín Carrizo y una dotación de 40 soldados, para luego marchar el grueso del Regimiento 10; a poco más o menos de 10 kilómetros desde su partida, ambas columnas se separaron para seguir sus rutas prefijadas.
Durante el recorrido se le unieron algunas tribus que demostraron gestos de amistad, entre ellas de los Caciques Palomo, Bourba (sic), Nicasio, Bonifacio, Toro, Ojo Pelado, Carapintada y algunas otras. También se unieron las fuerzas del Cacique Pedro con 4.500 indígenas de toda edad y sexo. Por otra parte también la columna de Ferreyra recibió el aporte de varios caciques en sumisión.
Pararon en el punto llamado Quebrachal, y dando a conocer sus movimientos a las autoridades superiores, anunciaron su próxima llegada a La Cangayé.
Continuaba desempeñando sus funciones en la frontera de Salta, cuando lo sorprendió la muerte en esta capital salteña, el 22 de septiembre de 1885, a la temprana edad de 53 años, habiendo dejado el testimonio de las primeras cartas geográficas de los ríos Pilcomayo y Bermejo.
Había constituido su hogar como ya lo habíamos mencionado, con doña Teresa Carranza-Tejerina, heredando de sus padres la llamada IMAGEN GRANDE DE LA VIRGEN DE LA MERCED, que fue según autorizadas investigaciones, quien recibiera el bastón de mando, luego de la batalla del 24 de septiembre en Tucumán de manos del General Belgrano, en el año 1812.
Estos son los hombres cuya fuerza y desinterés personal son los que la Patria necesita y no la pléyade de personajes sin disciplina moral, como aquellos que muchas veces salpican de corrupción nuestra bandera.