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Calles de Salta

Calle Batalla De Ayacucho

Con esta batalla se sellaba la desaparición del Virreinato del Perú y por lo tanto su independencia.

Con esta batalla se sellaba la desaparición del Virreinato del Perú y por lo tanto su independencia.

Calles de Salta: (Dr. Federico Mena-Martínez Castro).-

La BATALLA DEL EPÍGRAFE, fue el último gran enfrentamiento que tuvieron las tropas nacionales contra las españolas, y se desarrolló entre los años 1809 y 1826. Constituyó real y efectivamente la finalización del dominio español en la América del Sur, desarrollado en el lugar que denomina a esta batalla, conocido también como Pampa de Quinoa. El enfrentamiento sucedió en este sector del Perú un 9 de diciembre de 1824.

Con esta batalla se sellaba la desaparición del Virreinato del Perú y por lo tanto su independencia. El hecho de haber tenido una suerte adversa en las armas, no significó que España resignara su soberanía sobre sus colonias americanas, habiéndolo hecho recién en el año 1836.

Luego de las guerras de la independencia, las cortes españolas se reunieron en Madrid en el año 1813. Luego de esto, Napoleón Bonaparte reconoce como Rey de España a Fernando VII, pero en el mes de mayo el Rey declara ilegales las cortes de Cádiz y se fundamenta la constitución de 1812, que no beneficiaba de manera alguna al campesinado. Esta constitución fue ulteriormente derogada y se estableció el Consejo de Castilla.

España se encontraba inmersa en disturbios profundos, luego de que el General Rafael de Riego sublevara la expedición de 20.000 hombres que tenían que partir hacia el Río de la Plata para reforzar las alicaídas huestes españolas. Las expediciones de refuerzos terminaron para siempre, y sucedió entonces que los Virreinatos del Perú y de Nueva España desistieran de contener el avance de las tropas independentistas.

Las acciones comenzaron en el Cerro de Pasco, pero los realistas destrozaron sucesivamente a distintas expediciones nacionales. Era a la sazón virrey del Perú don José de la Serna y Martínez de Hinojosa, conde de Los Andes. Se sucedieron así las derrotas de Ica comandada por los patriotas Domingo Tristán y Agustín Gamarra. Luego vendrían las batallas de Torata y Maquegua donde la Expedición Libertadora al mando de Rudecindo Alvarado fue aniquilada. Durante la campaña de Puno el ejército patriota comandado por Andrés Santa Cruz y por Agustín Gamarra, se enfrentaron en la batalla de Zepita. 

La batalla de Zepita también conocida como batalla de Chua Chua fue un hecho de armas de la guerra de la independencia peruana, ocurrido el 25 de agosto de 1823, en la llanura ubicada al norte de Zepita a orillas del lago Titicaca, entre el ejército peruano al mando del general Andrés de Santa Cruz, y el ejército real del Perú bajo las órdenes del general español Jerónimo Valdés.

El Virrey La Serna terminó la campaña de Zepita, desbandando las tropas de Santa Cruz que habían sido aisladas. Luego de recuperar Arequipa, y de ser batido Antonio José de Sucre, donde este mariscal perdió toda su caballería pero al menos logró salvar sus tropas, reembarcando a los colombianos en octubre de 1823.

A pesar de los incontrastables triunfos de España, Bolívar que recién había llegado solicitó de inmediato refuerzos a Colombia, preparando ya la embestida final contra la corona española. La falta de coherencia política en la Península aunado a la falta de refuerzos, dejó a La Serna, librado a sus propios recursos.

En el año 1824 Bernardino Rivadavia, negociaba un tratado de paz participando del mismo por parte de las Provincias Unidas, el General Juan Gregorio de Las Heras y por parte del gobierno virreinal, el Brigadier Baldomero Espartero. Estas reuniones no llegaron a ningún acuerdo, y esta dilación fue muy perjudicial para la campaña del Perú, pues Rivadavia había paralizado a la provincia de Salta para enviar auxilios, y para peor habiendo retirado sus puestos de avanzada. 

El historiador irlandés O’Leary, sostenía que esta tregua pergeñada por Rivadavia, perjudicaba de tal manera la causa americana, que pensó que Rivadavia había retirado de la contienda a las tropas de la patria.

Bolivar enfermó en 1824 y luego se sucede el amotinamiento del Callao, donde tropas argentinas del Ejército Libertador, y otras peruanas y colombianas se pasaron al ejército español, entregando la fortaleza del Callao. También se sublevó el Regimiento de Granaderos a Caballo de Los Andes. Parte de ellos se dirigieron al Callao para unirse a los sublevados mientras un contingente de unos cien hombres con sus jefes se dirigió a Lima para unirse Bolívar. 

En el devenir de los acontecimientos históricos, se produce la rebelión de Pedro Antonio de Olañeta en contra del Virrey del Perú La Serna, pues en España como ya lo habíamos mencionado asume Fernando VII, apoyado por partidarios propios y por una dotación importante de hombres del Ejército de la Santa Alianza, es decir franceses. El Rey había anulado todas las medidas que se habían efectuado durante los tres años de gobierno constitucional.

En síntesis, diremos que el Virrey de la Serna, aprovechando la ausencia momentánea de Bolívar, inicia su campaña contra Sucre, cerrándole la retirada a Lima. Sucre con gran habilidad, realiza positivas maniobras, para situar su ejército en el lugar denominado Matará para dirigirse hasta Huamanga. Su iniciativa estaba en dar batalla en la localidad de Tambo Cangallo, convite éste que de la Serna no aceptó, por no serle conveniente a sus estrategias.

Posteriormente se sucedieron marchas y contramarchas de los contendientes donde el ejército de observación del General Canterac, obligó al virrey a llevar a marchas forzadas a Jerónimo Vadés, jefe de las fuerzas, hacia Potosí. La falta de instrucción militar de los reclutas que habían sido recientemente incorporados, un poco desanimó a los españoles a presentar batalla directa. Pero un sorpresivo golpe de mano, en la batalla de Matará, con sólo una pérdida de treinta hombres, ocasionó a las armas de la patria quinientas bajas y la pérdida del parque de artillería.
Los ejércitos debido a la dureza del territorio estaban famélicos y cansados. Había gran cantidad de bajas y deserciones de ambos bandos.

Los relista había desgastado sus fuerzas sin haber obtenido una decisiva victoria sobre el Ejército Libertador, pero pudieron posicionarse en la alturas de un cerro llamado Condorcunca que el idioma quichua significa cuellos de cóndor. Esta era una posición defensiva que les era imposible de mantener más de cinco días, dado que estaban llegando los refuerzos de Colombia. Ayacucho estaba en marcha.

El 6 de diciembre los realistas llegaron a la pampa de Ayacucho, una inmensa llanura dominada por las alturas del CóndorCunca o Condorcanqui. De la Serna se posicionó el día 8 y Antonio José de Sucre tomó posición de combate, de modo que sólo era posible un ataque frontal. El día 9, de madrugada, se iniciaría la batalla. En un primer momento, el jefe realista Valdés, hizo retroceder a los peruanos, mientras el General Alejandro González Villalobos diezmaba a los guerrilleros. La división del General José María Córdova fue ulteriormente atacada, pero fueron rechazados.

La división realista del General Monet, intentó pasar por el flanco, pero Sucre  se opuso con éxito a Suárez, comanandando Los Húsares de Junín y al otro jefe Bruix, con los Granaderos a Caballo. La lucha terminó cuerpo a cuerpo abriéndose paso a pura bayoneta. Los escuadrones colombianos hicieron pedazos a la caballería realista. El batallón Fernando VII también fue derrotado y de la Serna apresado. 

El General Canterac quiso retroceder para salvaguardar sus fuerzas, pero una sublevación de sus hombres le hizo rendir su espada a los patriotas. Las fuerzas del Ejército real del Perú estaban compuestas por:

Comandante: Virrey José de La Serna
Comandante de Caballería – brigadier Valentín Ferraz
Jefe del Estado Mayor – teniente general José de Canterac
División de Vanguardia – general Jerónimo Valdés (2.006 hombres)
Primera División – general Juan Antonio Monet (2.000 hombres)
Segunda División – general Alejandro González Villalobos (1.700 hombres)
División de Reserva – general José Carratalá (1.200 hombres)


Las fuerzas patriotas estaban integradas por:

Comandante: General Antonio José de Sucre (venezolano)
Jefe del Estado Mayor – general Agustín Gamarra  (Cusco)
Caballería – general Guillermo Miller (militar británico al servicio de la     causa independentista
  
 Primera División – General José María Córdova (2.300 hombres) (Antioquía)
 Segunda División – General José de La Mar (1.580 hombres) (Cuenca – Quito)
Reserva – General Jacinto Lara (1.700 hombres) (Venezuela)

 La arenga de Sucre a sus soldados fue la siguiente:
 
«¡Soldados!, de los esfuerzos de hoy depende la suerte de América del Sur; otro día de gloria va a coronar vuestra admirable constancia. ¡Soldados!: ¡Viva el Libertador! ¡Viva Bolívar, Salvador del Perú!»
“En el parte de la victoria Sucre omite la actuación de los Granaderos a Caballo del Río de la Plata”.

La capitulación de Ayacucho se realizó en los siguientes términos:
 
“Don José Canterac, teniente general de los reales ejércitos de S. M. C., encargado del mando superior del Perú por haber sido herido y prisionero en la batalla de este día el excelentísimo señor virrey don José de La Serna, habiendo oído a los señores generales y jefes que se reunieron después que, el ejército español, llenando en todos sentidos cuanto ha exigido la reputación de sus armas en la sangrienta jornada de Ayacucho y en toda la guerra del Perú, ha tenido que ceder el campo a las tropas independientes; y debiendo conciliar a un tiempo el honor a los restos de estas fuerzas, con la disminución de los males del país, he creído conveniente proponer y ajustar con el señor general de división de la República de Colombia, Antonio José de Sucre, comandante en jefe del ejército unido libertador del Perú».

Con esta capitulación, las fuerzas reales debían desistir de seguir luchando.
A la 1 de la tarde todo había terminado.