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Calles de Salta

Calles de Salta: General Manuel Belgrano

Cada lunes, una entrega para saber sobre aquellos que nos identifican.

Cada lunes, una entrega para saber sobre aquellos que nos identifican.

Calles de Salta: (Dr. Federico Mena-Martínez Castro).-

Abogado- Educacionista- Periodista-General- Diplomático- Padre de la Patria- AVENIDA DE LA CIUDAD- PLAZAS Y MONUMENTOS.

-«Mucho me falta para ser un verdadero Padre de la Patria. Me contentaría con ser un buen hijo de ella”

– «Trabajé siempre para mi patria poniendo voluntad, no incertidumbre; método, no desorden; disciplina, no caos; constancia, no improvisación; firmeza no blandura; magnanimidad, no condescendencia.»  

– «¡Ay, patria mía!» (sus últimas palabras) 

Antes de hablar acerca del accionar del Las calles de Salta y sus nombres: General Manuel Belgrano en la gesta emancipadora, quizá debamos aclarar que resultaría imposible plasmar en una nota periodística y recordatoria la monumental obra del prócer. Daremos algunas consideraciones que justifiquen ante las gentes la justeza de sus merecimientos al bronce. 

Quizá, para conocer sus perfiles, debamos adentrarnos en una parte de su intimidad, es decir presentar la figura del prócer en el seno de su familia, para lo cual consultamos el «Catálogo Heráldico” de la Sra. Esther Rodríguez Ortiz de Rosas, que dice textualmente así: 

-«ARMAS: En campo de gules, tres espigas de oro plantadas en terreno de sinople moviente de las puntas, y tres flores de lis de Francia, corona antigua de Patricio con cuatro florones y otras tantas perlas, y como lema: «Belgrano”.

-ITINERARIO: Originarios de Cerdeña, Italia, ciudad de Oneglia. Uno de sus vástagos, don Domingo Belgrano y Peri, trasladase al Río de la Plata a mediados del siglo XVIII. Casó en la ciudad de Buenos aires el 4-11-1757 con doña María Josefa González Casero, siendo padres entre otros del General don Manuel Belgrano. Fue el cuarto hijo de un matrimonio que tuvo ocho varones y tres mujeres. Don Domingo Belgrano y Peri llegó al país en el año 1751 y pronto constituyó el núcleo de los comerciantes importantes de Buenos Aires, obteniendo su naturalización.  Quebrantos financieros, oscurecieron su situación durante los últimos años de su vida, por lo que sus hijos debieron ocuparse de sus obligaciones pendientes. La gloria de su cuarto hijo, arrancó del anonimato a este esforzado comerciante que tuvo confianza en la generosa tierra del Plata. 

Don Manuel Joaquín del Corazón de Jesús, nacido el 4 de junio de 1770, cursó sus primeras letras en el Colegio San Carlos de la ciudad de Buenos Aires. Bajo la dirección del Dr. Luís Chorroarín estudió Latín y Filosofía, obteniendo el diploma de Licenciado en el año 1787, cuando ya se encontraba en España, donde lo había mandado su padre, para instruirse en el comercio. Se matriculó en la Universidad de Salamanca, graduándose de Abogado en Valladolid, en el año 1793. Conoció la vida de la corte, viajó por la Península y por Europa, leyendo a sus autores predilectos en francés, italiano e inglés. De ello se desprende el amplio cultivo de su espíritu.

Muy próximo a su regreso, recibió la comunicación oficial, a fines de 1793, en la que se le anunciaba su designación como Secretario Perpetuo del Consulado que se iba a crear en Buenos Aires. Iniciaba así a los 24 años su actuación pública y estaría consagrado hasta el fin de sus días a servir a su patria y a sus compatriotas. Decíamos anteriormente que la vida de Belgrano no puede resumirse en unas cuantas páginas, sino que consumiría horas y horas dedicadas al amplísimo espectro de su quehacer.

Así debería efectuarse un pantallazo sobre su actuación como Secretario del Consulado, su actuación durante las invasiones inglesas, su actuación como plenipotenciario, sus contactos con la Princesa Carlota Joaquina de Borbón y de Parma, hija de Carlos IV de España y esposa del Príncipe Regente de Portugal, acerca de una monarquía en el Plata.

Pero la firme postura de nuestro héroe, de establecer una monarquía constitucional terminó por disgustar a la princesa. Creo que en justicia es el patriota de mayor formación interdisciplinaria de nuestro país y de su época. Se suma a esto su labor como periodista, sociólogo y educador; ni qué hablar de sus desvelos como creador de nuestra enseña nacional.

En el año 1809, cuando Cisneros arriba a este país, le encarga la formación de un periódico que difundiera las ciencias, las artes, la historia y la geografía. Fue así que el tres de marzo de 1810, aparece en la escena nacional este periódico que funcionó hasta el 6 de abril de 1811, en cuya redacción colaboró D. Hipólito Vieytes. Se llamó «Correo de Comercio”.

Los artículos de hondo contenido político no fueron publicados hasta después del 25 de mayo de 1810. No obstante los temas revolucionarios se discutían en rueda de amigos. La ocupación francesa de España marcó la hora de las decisiones y Manuel Belgrano fue llamado con urgencia, y durante la siguiente década debió responder siempre con desinterés y abnegación los apremiantes llamados de la patria.

Durante la gran semana de mayo, vemos a nuestro futuro general, participar de todas las gestiones que se realizan para forzar la decisión que los patriotas anhelaban. Lo que sucede en esta semana febril es por todo conocido, donde Belgrano es nombrado vocal en la Junta Provisional.

En este período ocupa con entusiasmo distintos cargos: Presidente de la Junta de Monte-Pío, de Ministro de Justicia y de la Real Hacienda y Protector de la recientemente inaugurada Escuela de Matemáticas; todo esto sin abandonar las funciones como redactor del Correo de Comercio. Su desinterés lo lleva a donar su sueldo para financiar la expedición a Córdoba y dona gran parte de sus libros a fin de que pudiera funcionar la recientemente formada Biblioteca Pública, a instancias de su amigo Mariano Moreno. 

La hostilidad del Gobernador del Paraguay don Bernardo de Velazco, hacia la Junta de Buenos Aires, determinó su nombramiento al comando de una expedición que iría fortalecer con la fuerza armada a los pueblos de Entre Ríos, Corrientes, de la Banda Oriental y del mismo Paraguay. Al llegar a Corrientes, su espíritu civilizador dispuso el trazado definitivo de dos pueblos: Curuzú Cuatiá y Mandisoví. Se da tiempo para redactar el «Reglamento para los indios de la misiones”.

El 19 de enero de 1811 se produce el primer episodio militar donde 700 hombres bajo su mando se enfrentan con 7000 de Velazco. La disparidad de las fuerzas era abrumadora, no obstante la tropa de nuestro héroe se repliega en orden hasta la localidad de Santa Rosa, donde recibe la orden del gobierno de trasladarse hasta la Banda Oriental. La retirada continúa hasta el río Tacuarí, donde el General Cabañas le intima rendición.

Luego de siete horas de lucha y luego de parlamentar, las fuerzas de la patria logran retirarse en orden, con armas y bagajes, con honra y dignidad. Sembró con esta acción la semilla de la libertad en el vecino país. Luego el armisticio de Tacuarí marchará hasta el norte desde el 10 de marzo, hasta el primero de marzo de 1812.  La derrota de Huaqui echó por tierra las esperanzas de un triunfo fácil por el norte, cuyo drama se desarrolla entre 1812 y 1813.

El resto de este desmantelado ejército fue recibido por Belgrano de manos de Pueyrredón en Yatasto. Son ochocientos hombres desmoralizados sin armas e incapaces de enfrentarse nuevamente con Goyeneche. La tarea que le espera es ardua y agotadora: reordenar los cuadros, disciplinar los soldados, abastecer el ejército, dar ánimo a los pobladores, es decir, transformar un ejército en quiebra, por otro muy distinto, armónico, disciplinado que pudiera hacer frente a los eficientes ejércitos del rey.

Es entonces que se vuelve inflexible ante cualquier falta y dentro de esta normas tan rígidas se forman hombres que honrarán las armas argentinas: Dorrego, José María Paz, Gregorio Aráoz de Lamadrid, Cornelio Zelaya. Lorenzo Lugones entre otros no menos importantes. Mientras Goyeneche permanece detenido en el norte debido a una revolución cochabambina, Belgrano se dirige hasta Jujuy, donde presenta el 25 de mayo de 1812, al pueblo y a los soldados por segunda vez la bandera de su creación. 

Decíamos anteriormente que es imposible resumir en pocas líneas el quehacer belgraniano. Queda para la historia su participación en la Revolución de Mayo, la Expedición al Paraguay, la Expedición a la banda Oriental, la creación de la Bandera y la Escarapela Nacional, la Campaña al Norte, el Éxodo Jujeño, la batalla de Tucumán, la batalla de Salta, Vilcapugio y Ayohuma, y los encuentros con San Martín. 

RETRATO DEL GENERAL:  Este boceto fue realizado por José Celedonio Balbín, comerciante que trató muy de cerca al General. Fue quién proporcionó dinero al prócer muy enfermo para que se trasladara a Buenos Aires, poco tiempo antes de morir.  

«El General Belgrano era de regular estatura, pelo rubio, cara y nariz fina, color muy blanco, algo rosado, sin barba; tenía una fístula bajo un ojo-que no lo desfiguraba porque era imperceptible-;su cara era más bien de alemán que de porteño. No se le podía acompañar por la calle porque su andar era casi corriendo; no dormía más que tres o cuatro horas, montando a caballo a medianoche, que salía de ronda a observar el ejército, acompañado solamente por un ordenanza.

Era tal la abnegación con que este hombre se entregó a la libertad de su patria, que no tenía un momento de reposo, nunca buscaba su comodidad, con el mismo placer se acostaba en el suelo que en la mullida cama. 

No es cierto que hiciese demasiada ostentación de los usos europeos hasta el grado de chocar las costumbres nacionales, como no es cierto que se presentase en público con lujo ni con el esmero de un elegante refinado. Se presentaba aseado, como lo había conocido yo siempre, con una levita de paño azul, con alamares de seda negra, que se usaba entonces, su espada y su gorra militar de paño.

Su caballo no tenía más lujo que un gran mandil de paño azul, sin galón alguno que cubría la silla y que estaba yo cansado de verlo usar en Buenos Aires a todos los jefes de caballería. Todo el lujo que llevó al ejército fue una volanta inglesa de dos ruedas, que él manejaba, con un caballo y en la que paseaba algunas mañanas, acompañado de su segundo el general Cruz.

Esto llamaba la atención porque era la primera vez que se veía en Tucumán. En los días clásicos en que vestía uniforme, se presentaba con un sombrero ribeteado con un rico galón de oro que le había regalado el hoy general Tomás Iriarte. La casa que habitaba , y que el general mandó edificar en la Ciudadela, era de techo de paja, dos bancos de madera, una mesa ordinaria, un catre pequeño de campaña con delgado colchón que siempre estaba doblado, y la prueba de que su equipaje era muy modesto fue que, el año de haber llegado, me hizo presente se hallaba sin camisas y me pidió le hiciese traer de Buenos Aires dos piezas de irlanda de hilo, lo que efectué.

Se hallaba siempre en la mayor escasez, así es que muchas veces me mandó pedir cien o doscientos pesos para comer. Lo he visto tres o cuatro veces, en diferentes épocas, con las botas remendadas, y no se parecía en esto a ningún elegante de París y Londres… 

El General era muy honrado, desinteresado, recto, perseguía el juego y el robo en su ejército: NO PERMITÍA QUE SE LE ROBASE UN SOLO PESO AL ESTADO, ni que se vendiese más caro que a los otros. Como yo le había hecho a él algunos servicios, y muy continuos al ejército, sin interés alguno, cuando necesitaba paños, lencería o alguna otra cosa para el ejército me llamaba y me decía:  «Amigo Balbín, necesito tal cantidad de efectos, tráigame las muestras y el último precio, en la inteligencia de que, a igual precio y a igual calidad, usted es preferido a todos, pero a igual calidad y un centavo menos, cualquier otro”.

Después llamaba los demás comerciantes. Generalmente estos no tenían las cantidades que necesitaba el general, ni podían vender tan acomodado como yo, por ser más valioso el negocio a mi cargo; así es que, continuamente le hacía ventas. José Celedonio Balbín (Museo Mitre –Documentos del Archivo Belgrano-Tomo I, Buenos Aires, 1913) .

Como estas líneas simplemente tratan de rescatar sintéticamente el accionar del héroe, posiblemente el más importante del país, no trataremos muchos de los hechos trascendentes por él realizados, como así tampoco la creación de nuestra Enseña Nacional, repetidos hasta el cansancio por los manuales escolares. 

Su sangre se vio repetida en dos hijos: Manuela Mónica y Pedro Rosas y Belgrano. Sus respectivas historias, merecen contarse en otra oportunidad.