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Calles de Salta

Las calles de Salta y sus nombres: General Justo José de Urquiza

Cada lunes, una entrega para saber sobre aquellos que nos identifican.

Cada lunes, una entrega para saber sobre aquellos que nos identifican.

Calles de Salta: (Dr. Federico Mena-Martínez Castro).-

General-Gobernador de la Provincia de Entre Ríos- Legislador-Presidente de la Confederación Argentina- Gobernador de Buenos Aires y Libertador de la tiranía rosista. 

Hijo de don José Narciso de Urquiza y Álzaga, llega al país a los doce años desde su vasconia natal, para integrarse al negocio de su tío materno, don Mateo Ramón de Álzaga. Su aprendizaje comercial comienza en los tiempos en que el negocio de mayor provecho era el de exportar cueros e importar negros. José Narciso casa a los 22 años María Cándida García, porteña ella, y es en Buenos Aires donde comienzan a nacer sus primeros hijos. 

Luego de algún tiempo, la familia se traslada a la vecina provincia de Entre Ríos. La familia asiste a la embrionaria colonización de las actuales ciudades de Gualeguaychú y Concepción del Uruguay. Con la férrea colaboración de su mujer, comienza su ascenso económico. Comenzó como administrador de algunas estancias vecinas a Gualeguauchú, hasta muy pronto hacerse propietario. Mientras tanto los hijos siguen llegando para suplantar a los que la epidemia de viruela se llevaba. 

En el año de 1819, cuando la Revolución de Mayo, era Comandante de la zona vecina al río Uruguay. Al principio adhiere a la revolución, pero al darse cuenta de los verdaderos propósitos de la misma, emigra. Por ese tiempo, su hijo Justo José es secuestrado y por cuyo rescate paga una fuerte suma de dinero. Tenía el futuro libertador la edad de diez años, y es el menor de sus hijos varones.

Justo José desarrolla en el campo las destrezas criollas, pero al igual que sus hermanos, es enviado a Buenos Aires para estudiar en el Colegio de San Carlos. Pasa por este colegio más bien podríamos decir, desapercibido, pero esta disciplina le desarrollan dos cualidades que le servirían grandemente en el futuro: la firmeza en el razonar y la firmeza de carácter. Regresa a Entre Ríos y se dedica al comercio.

A los 19 años, es un mozo de regular estatura y apuesto, y es entonces que nace su primera hija.  Justo José de Urquiza combinaba a la perfección sus tareas mercantiles, rurales y amorosas. Los hijos seguían naciendo, y como vemos ya desde muy joven se comprobó que las faldas serían siempre una curva amable en el camino. En el año 1826 es uno de los cinco diputados que integran la legislatura provincial, en representación de Concepción del Uruguay.

El sentimiento integracionista se pone a prueba cuando durante su función legislativa en el año 1827, enfrenta a las voces iracundas que clamaban en contra de Buenos Aires. También es en este año de 1827, cuando se define como Federal, para en el año 1833 expresar su esperanza de que pueda organizarse constitucionalmente al país. El error que cometiera fue quizá esperar hasta el año 1851 para pronunciarse contra Rosas. En realidad no pueden juzgarse los acontecimientos pasados con la óptica presente.

En realidad creemos interpretar el pensamiento de Urquiza: el poder de Rosas ya en esa época, era enorme, más aún cuando la Legislatura de Buenos Aires, obsequia a Juan Manuel la isla de Choele Choel, a la que Rosas renuncia cambiándola por cincuenta leguas cuadradas, a su elección, en los distritos de la campaña que el designe. 

Luego del pronunciamiento pasa a Montevideo para levantar el sitio impuesto por Oribe general de Rosas y gran parte de los exiliados unitarios se unen a su ejército. Rosas al sentirse seriamente amenazado hace tentadoras ofertas al Imperio del Brasil, pero sin resultado. Caseros estaba en marcha. 

Luego de Montevideo vuelve a Entre Ríos, pasando brevemente por Gualeguaychú donde el general cincuentón se enamora de la bella hija de un inmigrante genovés y de una criolla, Dolores Costa, e inflamado de amor acepta la unión canónica. Como ofrenda a esta ciudad, la declara ciudad. 

Encaró con decisión el cruce del río Paraná. Urquiza concentró un ejército de 28.000 hombres entre los que se encontraban 4.000 brasileños. Además de esto, recibió el apoyo de la escuadra de ese mismo país. Entró en Santa Fe y el pueblo se volcó masivamente a su causa. Rosas contaba con un ejército de 46.000 hombres, aunque quizá no con la lealtad y entusiasmo de algunos de sus oficiales, y el 3 de febrero de 1852, fue derrotado. Al ver perdida la batalla, huyó, no sin antes redactar su renuncia al cargo. 

En ella decía así:  «Señores representantes: Es llegado el caso de devolveros la investidura de Gobernador de la Provincia y la suma del poder con que os dignasteis honrarme. Creo haber llenado mi deber como todos los señores Representantes, nuestros conciudadanos los verdaderos federales y mis compatriotas y mis compañeros de armas…”. 

Momentos de zozobra vivió el pueblo de Buenos Aires al verse abandonado por su jefe. Urquiza diría meses después: «Cuando llegué a las puertas de Buenos Aires, una diputación de ciudadanos respetables vino a proponerme una capitulación. ¡Y con quién!…Yo veía en ellos a un pueblo libre, y no suspiraba sino por la gloria de hacerlo venturoso y constituido”. 

Las aguas seguían bajando turbias y un espeso entramado se deslizaba entre el interior y Buenos Aires. Pavón y los acontecimientos de 1860-1862 estaban en marcha, para terminar el 11 de abril de 1870, con su asesinato a la siete y media de la tarde. Se está por servir la cena, mientras dos hijas adolescentes sentadas al piano interpretan melodías dulces. Dolores en su cuarto amamanta a la niña más pequeña. El pelotón asesino de cincuenta hombres estaba en las puertas de San José –su residencia- al grito de ¡Viva López Jordán! ¡Muerta el traidor Urquiza! A esa hora dos de los hijos del general, son asesinados en Concordia. La posteridad condenó ese camino. La muerte ignominiosa de Urquiza humilla nuestra historia.