Connect with us

Hola, ¿qué estás buscando?

Elintra.com.arElintra.com.ar

Opinión

Gustavo Sáenz, el mejor aprendiz de Milei

Una cosa es defender el federalismo de palabra y otra muy distinta es pagar el costo de defender ese federalismo.

Por Matilde Serra

El presidente de la Nación, Javier Milei, es un hombre que gusta de apoyar sus discursos en autores clásicos, ya de la literatura universal, ya locales. En cuanto argentino, se ufana de ser el redescubridor del pensamiento del tucumano, Juan Bautista Alberdi. Aunque de un modo «sui generis» quizás. Porque en algunos aspectos de su mega decreto, estaría arañando algunos conceptos constitucionales de Alberdi. Decreto que tendrá el respaldo de los legisladores de Gustavo Sáenz. Pero también pareciera que Milei encuentra sustento para orientar su accionar político en otro clásico de la literatura política, el «Leviatán» de Tomas Hobbes.

Hay que informar para quien no lo supiera o recordar, que «Leviatán» es una obra escrita por el filósofo inglés Thomas Hobbes en 1651. En ese libro, Hobbes desarrolla su teoría política, abordando la naturaleza del poder político y la necesidad de un gobierno fuerte para evitar el caos y garantizar la paz social. Este Leviatán de Hobbes representa un poder político centralizado necesario para mantener la estabilidad y prevenir el caos en la sociedad. Es una obra clave en la teoría política y filosofía del contrato social.

Precisamente, lo que estaría tratando Milei de hacer es arrinconar a la sociedad argentina en su conjunto para llevarla hacia un nuevo pacto o contrato social. De hecho, la «Ley Base» o «Ley Ómnibus», intenta desmontar la estructura legal, económica, laboral y demás, que se fue consolidando y rige en este país desde hace casi un siglo. Claro está que a la par de esa masa jurídica también se fue formando un arquetipo mental entre los argentinos fraguado desde el sistema educativo que fue manipulando el pensamiento de la masa en un proceso que se aceleró en los últimos tiempos para desembocar en un cuasi analfabetismo generalizado.

Este último momento del proceso logró con un notable éxito que casi la mitad del país terminara convertida en un rebaño masivo y subsidiado, incapaz de pensar que hay futuro más allá del asistencialismo. En este momento se podría decir que existen en el país por lo menos tres generaciones que ya tienen el futuro hipotecado y si el plan de Milei obtiene éxito la situación para esos millones será aún mucho peor.

Luego, es preciso pensar que Milei tiene como objetivo ordenar todo hacia un nuevo contrato social, subir al país de una barca que se alinea con las grandes políticas que están dando nuevo formato el esquema mundial de poder. El problema será el incalculable costo social que habrán de pagar millones que quedarán literalmente fuera del sistema.

De allí entonces que expresiones como que la «justicia social es una estafa» no puedan ser tomadas tan literalmente. Porque se puede comprender la idea de Milei sobre este asunto desde su perspectiva ultra liberal, pero es imposible también dejar de pensar que la «tabula rasa» a la que se refiere pueda ser aplicada sin mayores consecuencias.

Es claro que Milei ha despertado nuevamente al Leviatán, el monstruo viene por todo y por todos, tal como lo revela su infausta frase expresada la semana pasada amenazando a los gobernadores: «Los voy a fundir». Se evidencia que la teoría de Milei sobre la naturaleza del poder político ronda lo autoritario y por eso reclama la mayor fuerza de poder que le pueda otorgar el sistema porque entiende que es necesario un gobierno fuerte para evitar el caos y garantizar la paz social.

Hacia la Constitución de 1819

Tal vez podría argüirse cierta contradicción entre la devoción de Javier Milei por el pensamiento de Juan Bautista Alberdi y su praxis política, cuyos rasgos titulares parecen más bien estar echándonos hacia el unitarismo plasmado en la Constitución del año 1819, sancionada por el Congreso de Tucumán ya trasladado a Buenos Aires.

Si bien hubo un discurso electoral «contra la casta», esa casta todavía no ha pagado un peso del ajuste prometido, quizás la segunda y la gran pelea de Milei sea desguazar el carácter corporativista de la política argentina que se evidencia en las Cámaras donde los puestos no representarían al común del pueblo sino a determinados sectores sociales, como veremos más adelante.

El Leviatàn que se come a los representantes regionales

Alguna vez, alguien sostuvo que «los legisladores llegan a Buenos Aires y se encandilan con las luces y se hacen porteños», metáfora para decir que se olvidan del mandato popular y se suman a los intereses que gobiernan el país desde las bancas. Y sobre esto podría escribirse la historia paralela de la política, porque en el caso de Salta la memoria popular no recuerda el nombre de legisladores que hayan dado la vida por Salta. Esa falta de memoria es la misma que facilita que regresen a su lugar natal y continúen viviendo de los cargos públicos.

Paradójicamente, el presidente ha hecho realidad ese aforismo tan peronista que dice: «La única verdad es la realidad», y esta indica que el humor social se recalienta al ritmo en que crece la desilusión con los representantes elegidos.

La Salta peronista es un recuerdo que cabalga en la nostalgia de unos pocos que todavía se ilusionan que «todos unidos triunfaremos», cuando en realidad, son más lo que se quedaron haciendo la «V» de vaya a saber qué victoria, mientras los «compañeros» elegidos se aprestan a consolidar su próximo negocio político votando la «Ley Ómnibus».

La lógica es clara, Salta depende demasiado del presupuesto nacional y obviamente, como que de hecho ha sido la característica de Gustavo Sáenz, pintará su casa del color que le ordene el presidente. El ajuste ya se siente en la provincia donde hay que sostener a casi cien mil empleados públicos, todos herencia de la otra herencia. La desprolijidad continua y el hecho de haber convertido al Estado en una bolsa de trabajo para sufragar compromisos políticos ha llegado a su fin, pero hay que ver qué se hace con semejante paquete.

De esta manera, el gobierno de Salta se enfrenta a varios frentes, todos de punta aguzada, porque, con presupuestos disminuidos se viene la conversación con los gremios, particularmente los docentes que quieran o no, vienen fortalecidos debido a la flacidez política de ex ministro, Matías Cánepa, sobre todo en su versión «Autoconvocados». Lo que se adelanta es que no habrá este año corte en Aunor, ni toma del ingreso de Gran Bourg, ni acampe, ni nada parecido porque la infantería policial hará su agosto propinando palos y a la bolsa. A diferencia de otros años, hoy rige un protocolo para protestar, pero ordenaditos.

La paralización de la obra pública le aderezará una cantidad preocupante de salteños sin trabajo y lo peor, sin opciones laborales. Los que puedan, seguramente recurrirán al conocido método «quiosco» casero y la multiplicación de los «drugstore» no es para nada signo de progreso sino todo lo contrario un indicio de la pobreza estructural.

Rebelión en la granja

Donde trinan es al interno del Partido Justicialista donde los ortodoxos en realidad podrían decirse que están padeciendo algún síndrome de bipolaridad. Por una parte, apoyan a Gustavo Sáenz a morir -al menos de la boca para afuera- y por otro lado piden la pena capital para Pablo Outes, Pamela Calletti y Yolanda Vega porque votarían La Ley Ómnibus y el DNU De Milei, mientras el Bloque de Unión por la Patria y el peronismo lo harán en contra.

La situación tiene ribetes políticos a futuro, porque dentro del PJ, hay altos dirigentes que apuestan a que Gustavo Sáenz llegue sólo hasta el 2027, mientras un sector acaricia la idea de otros cuatro años más. Según comentarios surgidos desde el cenáculo de los que piensan que Sáenz «ya tiene tiempo cumplido», el voto positivo de Outes, Calletti y Vega a Milei, representa que «Gustavo terminará jugando a favor de Milei» y eso lo viven como una suerte de traición.

Una pregunta que circula por las redes sociales dice claramente: «En consecuencia la pregunta que todos se formulan es: ¿qué pasará con los 3 DN nombrados arriba, en el PJ Salta ? y agrega: ¿Serán sancionados o una vez más se pondrá en práctica la sentencia liberal, que reza: «Dejar hacer, dejar pasar»? Evidentemente, la actitud de los tres nombrados separa las aguas del PJ residual porque en los hechos padece la misma orfandad de los demás.
Alguien dijo en estas horas, que: «Vamos camino a que ocurra aquello que dijo Perón: «Marcharemos con los dirigentes al frente, o con la cabeza de los dirigentes». La opción es de hierro.

Poco espacio de maniobra

Lo que los dirigentes del PJ no estarían viendo es que su líder, Sáenz, no tiene mucho margen para moverse. Parársele al gobierno nacional podría representar un gran impacto económico desfavorable cuyas primeras víctimas serían los «ortodoxos» que todavía creen que hay que combatir al capital, ya que, en el recorte de gastos del Estado, sus cabezas podrían ser las primeras en caer.

Por ahora, el gobernador, Gustavo Sáenz, ha sido prudente con sus palabras afirmando que no van a acompañar todo lo que disponga el gobierno nacional: «Habrá cosas que sí y cosas que no», dijo, pero por supuesto, el alcance de «Habrá cosas» es muy extenso, tanto como para acompañar la sanción de la Ley Base, aún al costo político interno de sus diputados nacionales.

Porque una cosa es defender el federalismo de palabra y otra muy distinta es pagar el costo de defender ese federalismo. El norte sabe lo que significa plantarse ante el unitarismo centralista y terminar como Marco Avellaneda, con la cabeza en una pica en Metán.

Y Gustavo Sáenz será gaucho cantando zambas, pero necesita la cabeza en su lugar para entonar ahora su último «hit»: «Que alguien saque a bailar a la morocha».-