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Opinión

Mamarrachos locales y de exportación: Rubén Correa y Alfredo Olmedo, con gestiones desastrosas

Un viejo dirigente radical solía decir hace casi dos décadas atrás que «Los radicales en Salta somos cuatro y estamos todos peleados»

Por Matilde Serra

Castizas si las hay, la palabra «mamarracho» se asocia inmediatamente al concepto de caos y desaliño, incluso desagradable a la vista. Denota asimismo la ausencia de refinamiento o calidad en un comportamiento humano. En el caso de Rubén Correa, aspirante al trono radical, no hace otra cosa que despotricar en contra del Gobierno nacional y pregonar ideas para un radicalismo que no existe. Por el lado de Alfredo Olmedo, se convirtió en el primer bochorno del año

En Salta, con la desaparición de los grandes lideres políticos han quedado sólo los mamarrachos, personajes de poca monta que aprovechando el espacio dejado por los militantes se apropiaron de la conducción, en este caso, de un partido político tan prestigioso como fue alguna vez, la Unión Cívica Radical.

Cuando un individuo como el «Chato» Correa, hoy becado con un cargo en la Universidad Nacional de Salta, conducida ideológicamente por un rector que adhiere a un signo político diametralmente opuesto al radicalismo, se coloca la mitra de obispo para pontificar resulta apropiado analizar porqué un partido tan grande yace reducido a cenizas: el «Chato» Correa es la respuesta.

Un viejo dirigente radical solía decir hace casi dos décadas atrás que «Los radicales en Salta somos cuatro y estamos todos peleados». Tenía razón, pero además hoy, habría que agregar que el precio de esa dirigencia residual de los radicales se ha depreciado tanto que encuadra en el dicho popular que se difunde hoy por las redes sociales: «Todo está muy caro, lo único que se puede comprar son radicales».

El analista externo no puede menos que preguntarse por qué un -digamos- dirigente, como Correa sale a los medios a disparar enfáticamente contra Milei

Si bien la era de Miguel Nanni, mamarracho sí, pero audaz y hábil para tejer componendas y dejar fuera de juego a los históricos dirigentes de la UCR, quedan sin embargo boyando algunos que ante la nada, obviamente, ocupan ese lugar. Sería este el caso del conocido «Chato», Rubén Correa, quien vocifera en contra del DNU del presidente, Javier Milei, mientras enarbola lo que fueron los principios fundacionales del partido al que ayudó a fundir.

Porque los individuos como Correa guardaron prudente mientras el presidente del partido -Nanni-negociaba, precisamente, esos principios que ahora acaloradamente defiende. No fue el único, es verdad, pero los otros al menos tuvieron la decencia de llamarse al vergonzoso silencio.

No se ha sabido que Correa se levantase en denuncia cuando los principios de la UCR de Salta estaban a remate, violentando aquella máxima de Hipólito Yrigoyen: «Que se caigan mil gobiernos, pero que se salven los principios». Llega tarde al reclamo, Correa, habla de un radicalismo -al menos en Salta- que ya no existe, casi hasta los mismos oportunistas han sido barridos por la fuerza del cambio.

Tarde para piar, el radicalismo en Salta agoniza y en el país se fragmenta, cumpliendo lo que parece el signo del tiempo político actual que marca que hay que barajar y repartir de nuevo. Lo difícil será en Salta volver a organizar a la militancia, que de seguro estará dispersa, pero no come vidrio y sabe que hombres como Correa y similares ya tienen su tiempo cumplido. Les quedan sólo espacios desde los cuales echan a volar campanas radicales, lamentablemente partidas porque cuando era el tiempo en que tañían algunos se apoyaron y las quebraron para siempre.

Mamarracho «For Export»

El ilustre, Gustavo «Cuchi» Leguizamón, decía que «Si los opas volaran, Salta se nublaría», más o menos así. Lo mismo pasa con los mamarrachos políticos, pero siendo Salta zona de productos autóctonos también exporta, incluso mamarrachos.

Es el caso del pintoresco, Alfredo Olmedo, quien al parecer no tendría cosa más importante que hacer y se dedica a jugar a la política, sintiéndose él mismo un político. Pero bueno, asì es este país de generoso. Tanto, que en las últimas elecciones, Olmedo, resultó electo diputado ante el Parlasur.

Y como si fuera poco la cosa, incluso alcanzó la presidencia «pro tempore» de esa Organización. Por esos días se leían titulares en algunos diarios que mencionaban conceptos como «orgullo», «soberanía» y otros altisonantes referidos al escaño que había alcanzado Olmedo.

En estos días, el salteño, Alfredo Olmedo, se encuentra protagonizando un vergonzoso sainete en el Parlasur que concluyó con su renuncia y expulsión del cargo que ocupaba arrinconado por una cantidad de denuncias de sus propios colegas legisladores y aùn, del propio grupo político que llegó con el.

Según refieren las crónicas, el «Cepillo» habría tenido un brote de importancia autoritaria y decidido medidas dictatoriales como el ingreso al recinto con una pulsera, además imponer distancias y habría maltratado a una legisladora que fue la que encendió la alarma. Sus propios compañeros de bloque pidieron la destitución del salteño del cargo que ocupaba.

No es menor el episodio ya que una de las especulaciones que habían surgido luego de las elecciones consideraba que Olmedo aprovecharía su cargo para armar su candidatura a la gobernación en 2027, con este bochornoso episodio se podría decir que esa ilusión se ha desvanecido, lo mismo que su tiempo para continuar en el candelero político de Salta.

Como se ve, la provincia de Salta no sólo cultiva productos autóctonos sino tambièn mamarrachos políticos que tambièn exporta.-