SALTA – Como si el brote histórico de dengue no fuera suficiente, se le suma una nueva complicación para poder combatir este flagelo: conseguir un repelente y no pagar precios altísimos. En Salta, los consumidores denuncian que no se encuentra en los supermercados y que, en las farmacias, superan los 10 mil pesos uno en envase chico.
Con más de seis mil contagiados en la provincia, siete fallecidos, la sociedad está desesperada por conseguir un repelente para poder protegerse del mosquito, además de todos los cuidados correspondientes como el descacharreo y evitar los recipientes que acumulen agua.

Basta con recorrer los supermercados para darse cuenta que la demanda de repelentes es una de las más altas en los últimos tiempos. En las farmacias de Salta, la situación es distinta, y sobre todo el precio. En las páginas de internet de las farmacias informan que, directamente no tienen repelente. O bien si lo hay, cuesta más de 10 mil pesos uno chico.

Un repelente infantil, cuesta 10.400 pesos en una farmacia, pero si usted lector, va ahora a comprarlo, ya no conseguirá ni siquiera ese. Ya no se consigue de ningún tamaño, marca ni color. Directamente colgaron el cartel de «no hay stock”. En ese caso ¿Qué se hace?
Uno de los que salió a cuestionar esta situación, fue el exdiputado Pablo Kosiner. “Hoy es casi imposible conseguir repelentes y en caso de conseguirlo los precios son inaceptables e inaccesibles para la mayoría de la población”, expresó, quejándose de que, en el DNU 70/23 se busca derogar la Ley de Abastecimiento.
“El repelente en estas circunstancias de emergencia sanitaria pasa a ser un elemento indispensable para preservar la salud pública y ante la especulación de producción y precios en cualquier lugar del mundo se cuenta con esta herramienta para actuar: regulando determinados niveles de producción y precios”, remarcó Kosiner.

¿Se podía prever un desabastecimiento?
Los locales comerciales enfrentan serias dificultades para mantener en stock productos como aerosoles, espirales, y cremas repelentes. Las firmas reconocidas que producen y venden estos repelentes no logran mantenerlos más de una hora en las góndolas que desaparecen. Y solo se encuentran alternativas de marcas menos conocidas. O a precios altísimos.