Con el peso de los jóvenes y la conciencia ecológica, tiene cada vez más fuerza en la industria global el cuidado del medio ambiente y los productos sostenibles. El sector vitivinícola no está nada exento de ello, y una de las variantes que surgen dentro de estos productos es el Malbec orgánico. Por eso a continuación vamos a hacer un repaso sobre qué implica la vinicultura orgánica y cómo esta ha proliferado entre los vinos argentinos, que muestran un incremento fundamentalmente en bodegas de alta gama.
Qué es la vinicultura orgánica
La vinicultura orgánica conlleva la producción de estas bebidas libres de pesticidas, agroquímicos o elementos de ese tipo que generen un daño a la flora y fauna del lugar y las especies que lo habitan. Es un negocio en expansión, que solo en dos años duplicó la cantidad de firmas que adhieren y mejor aún, invierten en seguir mejorándola y expandiéndola. Como muestra, son 9300 las hectáreas de vid que tienen esta certificación (menos del 5% del total país), pero creciendo al 76% anual. Más de cinco veces el ritmo mundial (13% anual).
Por esta razón, y el la tecnología de avanzada con la que contamos, en este poco tiempo el vino ya ha sabido colocarse como el segundo producto de origen vegetal que se exporta con producción orgánica en el país, después de la caña de azúcar. Y así nuestro país es el único de Sudamérica en el Top 10 en la exportación de productos orgánicos, principalmente a destinos como Suecia, Dinamarca o el mismo Reino Unido.
La distribución geográfica nos muestra que si bien todavía es muy minoritaria en Argentina, Mendoza es la más avanzada, con el 60% de los establecimientos pertenecientes a ella. También hay polos de vinos orgánicos en La Rioja y la zona del Noroeste, como los Valles Calchaquíes.

El Malbec orgánico, siempre liderando
En este universo, cumple un rol fundamental el Malbec orgánico. Es que el varietal más exportado de la Argentina es también la más producida en estas condiciones sustentables: totalizando el 30,1%, lo que lo convierte en la punta de lanza del crecimiento de todo el sector.
La buena adaptación del Malbec a este nuevo tipo de industria tiene raíces en común con todas las condiciones que lo catapultan bien arriba: la adaptabilidad que esta variedad muestra al terreno argentino y la calidad de sus uvas. Así, se puede hacer sin problema una regeneración de los suelos, y las prácticas biodinámicas y orgánicas que conlleva esta cosmovisión amena a la naturaleza, sin sacrificar la calidad del producto.
Y precisamente como se logra esto, está el correlato necesario: la aceptación del cliente es notoria. Lejos de los prejuicios originales, son muchos los consumidores que no solo toleran el Malbec orgánico, sino que van en búsqueda de él.
Características del Malbec orgánico
Provenientes de la misma uva, no hay que esperar que el Malbec orgánico guarde muchas diferencias con el Malbec tradicional en cuanto a aromas o sabores. Por el contrario, vemos los puntos de distancia de una manera más próxima a la concepción moral o el hecho de saber que ese producto proviene de un esfuerzo por preservar la naturaleza y contribuir al medio ambiente.
La injerencia de la mano del hombre, por más que por supuesto aporta perfección y es necesaria, le hace alteraciones por más mínimas que sean a la fruta y sus componentes naturales. Por eso, consumir un Malbec orgánico implica acercarnos algo más al producto tal como surge desde lo biológico.
Las bodegas argentinas con Malbec orgánico
Algunas bodegas de alta gama que ofrecen Malbec orgánico son Catena Zapata, Susana Balbo, Luigi Bosca, y otras tantas están en proceso de producirlo, a sabiendas de la demanda en ascenso de los consumidores.
En definitiva, hablamos de una bebida que si bien nos generará curiosidad y probarla nos permitirá ampliar nuestro paladar, principalmente nos reforzará el compromiso que necesitamos con nuestro medio ambiente y entorno.