SALTA – Por Matilde Serra – El pasado fin de semana los compañeros justicialistas se congregaron en la localidad de Guachipas para celebrar un Congreso partidario que prometía ser caldeado por el calibre de los temas a tratar, y que básicamente se resumían en dos: Qué hacer, qué actitud adoptar frente a la conducción nacional del PJ que ejercerá, Cristina Fernández, y cómo resolver lo que las bases pedían y que hasta incluso ya se había publicado en las redes como una moción que sería: la expulsión del PJ de Salta, de los diputados nacionales, Pablo Outes, Pamela Calletti y Yolanda Vega.
El dicho Congreso sirvió para mostrar que el partido justicialista, y en esto hay que dividir muy bien, lo que son los peronistas de viejo cuño, y lo que es la conducción del partido, una rara avis, laxa, informe, donde hasta ahora convivían resabios de aquel viejo peronismo y los kirchneristas. Esa licuación del PJ de Salta, comenzó cuando decidieron formar la Comisión de Acción Política (CAP), hoy ya extinguida, pero que hizo honor a esas palabras de Perón: “Cuando quieran que algo no funcione, armen una comisión”. En ese punto se perdió la doctrina y la militancia.
En Guachipas no hubo militancia sino consejo directivo y autoridades partidarias, que terminaron defraudando a las bases que responden a ese peronismo más ortodoxo y que ya se habían expresado en cuanta reunión hubo sobre dos cuestiones: presentar nuevos candidatos para la elección del 2025, y luego, la dicha expulsión de los tres diputados nacionales bajo el cargo de traición, por haber apoyado los proyectos del gobierno nacional. Las cuestiones de las altas política no llegan al corazón peronista, obviamente.
Reunión sin soluciones
Para los más pensantes, el Congreso debía ponerle solución a la urgencia de formular una opción electoral que pueda oponer fuerza a La Libertad Avanza, que será para entonces un partido totalmente constituido, con todos los recursos, mientras el presidente acaba de firmar un decreto limitando los recursos para los partidos políticos, pero sobre todo con gente nueva.
En los preámbulos del Congreso, en las comidillas, se trataba a voz en cuello de que “si vuelen a poner los mismos personajes de siempre, el mismo enroque, esto no tiene destino esto y La Libertad Avanza nos va a pasar caminando por encima”. El caso testigo es el de la hoy diputada nacional, Emilia Orozco, que sin ninguna propuesta política seria ni de fondo, sin discurso alguno, pero con un muy hábil manejo de las redes sociales, puestas en escena calculadas y un sentido de la oportunidad para aparecer, ha logrado ser de las pocas legisladoras nacionales que llega a los grandes medios de prensa, obviamente para hablar mal del gobierno es Salta.
Es que este es el gran problema de la época. Las campañas políticas, si se pueden llamar “campañas” y así entre comillas, no son más que operaciones de prensa destinadas a difamar tanto a funcionarios como a cualquiera que se destaque. Desde hace un tiempo a esta parte, lo único que se ve viajar por el éter son nada más que calumnias, supuestas cuestiones sentimentales, supuestos robos, supuesto tráfico, pero concretamente, no hay nada.
El PJ de Salta no resuelve nada
El problema es que para la gente común, un video vale mucho más que una prueba judicial. Y el -o los- cerebros que están organizando esta movida lo saben y así a diario riegan el imaginario colectivo con este material.
Esta nueva condición de la política, que, por supuesto no es tal, tendría que obligar al gobierno y a los cuadros del justicialismo a pensar en cómo contrarrestar esto que viene sumando como una bola de nieve. Pero lamentablemente, si algo no se hace en el justicialismo salteño es pensar.
A favorecer el hundimiento del justicialismo y del gobierno de la provincia, viene la justicia con su silencio. Los fiscales ven pasar notitias criminis a diario y a la fecha nadie ha reaccionado, con lo que se ubican en lo que señala el viejo dicho popular, de que, el que calla otorga.
Así, de esta manera y con estas brasas ardiendo el justicialismo llegó al Congreso, sin soluciones y sin alternativas para estos problemas de fondo. La necesidad de pensar en cuadros de recambio también estuvo ausente; de hecho, es lo que menos preocupó, porque a la luz de los resultados, en realidad, más que Congreso, aquello resultó una reunión social como para decir que se hizo algo. El Congreso, en definitiva, obró como una escribanía política de Gustavo Sáenz, donde todos fueron a levantar la mano para reafirmar lo que piensa y necesita el gobernador. Nada más.
Nadie da la cara
Antes del sábado, los teléfonos estaban al rojo vivo, con anunciadas deserciones que se podrían resumir en “Para qué ir si no va a pasar nada”. Y tenían razón. No pasó nada. La preocupación que ya venía comentándose desde hace tiempo sobre cuáles podrían ser las posibles figuras a oponer a la nobel, Emilia Orozco, que según una encuesta que se menciona en los aledaños al poder a esta altura ya predice que se alzará con la senaduría por la Capital, y desde allí, construirá su candidatura a la gobernación del 2027, no existe.
Bastará con que al gobierno nacional le vaya un poco bien y los beneficios de la macroeconomía bajen a los bolsillos de la gente para que el peronismo no tenga nada que hacer en la próxima campaña electoral. Salvo, continuar reciclando viejas figuras.
Una cuestión de hierro para debatir en el Congreso era la alineación o no del PJ de Salta con la conducción nacional de Cristina Fernández. En ese punto, chocaban con las expresiones de Sáenz, que había señalado que “El kirchnerismo es un producto agotado” y que su “límite es Cristina”. Apoyar al gobernador de pleno representaba exponerse a la intervención del partido lo que significaba regalarse el partido a Emiliano Estrada y a Sergio Leavy. No era una opción viable. En la intimidad, el presidente del PJ, Esteban Amat, ya había anticipado que “hay que conservar la unidad y alinearse con Cristina”. Las cartas estaban echadas en ese sentido.
Toca salir a recolectar votos
Y así resultó: el justicialismo salteño claudicó ante la persona de Cristina Fernández, pero bueno, ahora si, “todos unidos triunfaremos”. Qué estará pensando el riojano, Ricardo Quintella, de sus antiguos aliados que hasta viajaron a su provincia para palmearlo.
Quedaría por explicarle a las bases las razones de esta decisión, pero seguramente ocurrirá lo que viene sucediendo desde años, nadie aparecerá a explicar nada. La diferencia está en que la campaña para mayo está muy próxima y habrá que salir a pedir los votos. Pero en este lugar, todo se olvida con un bolsón y algunas chapas.
La segunda cuestión y la más álgida que se pensaba iba a ocasionar gritos y disputas, algo bien peronista, como era la expulsión de los diputados nacionales, pasó sin pena ni gloria. Es más, ni siquiera pasó, porque nadie hizo ni mención al tema. Aún más, para comprobar que este Congreso no fue más que un acto “pour la gallerie”, los diputados nacionales en cuestión ni siquiera se molestar en hacerse presentes, cosa no habitual en ellos que siempre habían dado el sí. Era obvio, el gobernador, Sáenz, no podría privarse de sus alfiles para operar las negociaciones con el gobierno nacional.
Quedaría por comprobar más adelante si es verdad el rumor que corría días antes en el sentido de que Cristina Fernández habría instruido a Emiliano Estrada, para que opere desde el PJ, la expulsión de los tres en cuestión cuando ella asuma la conducción nacional, por haber apoyado los proyectos enviados por el Ejecutivo nacional. Pero, tal como se manejan las cosas en este partido está más lejos de suceder que la Tercera Guerra Mundial. O sea, no pasará nada.
El encendido discurso del presidente del PJ, Esteban Amat, levantó