SALTA – Por Matilde Serra – Dentro del paquete que conforma en Salta, el noble partido de La Libertad Avanza (todos de ascendencia amarilla por provenir de las filas del partido del nunca bien ponderado, Alfredo Olmedo), parece que nadie comparte ese rasgo humano llamado vergüenza, porque hacen y dicen barbaridades que únicamente podrían inscribirse en el código de las bajezas más destacadas de la humanidad. Precisamente, porque asumen actitudes deshumanizadas.
El propio jefe del grupete, Olmedo, famoso por amenazar con una pala amarilla y enviar a trabajar a todos los mortales que se cruzan en el camino, fue echado del Parlasur, justamente ¡Por no ir a trabajar! Pero, bueno, eso no debería admirar a nadie ya que no se tiene o conoce antecedente público alguno de que Olmedo haya trabajado antes. Por lo menos, eso habla de una coherencia en el individuo.
Pero como la ley natural dice que todo ser vivo tiene cría, Olmedo, parió a, Emilia Orozco, vistosa ejemplar de vivos movimientos y velocidad de anguila eléctrica para ubicarse en el momento y lugar justo, y levantar la carpa de su circo libertario. “¡Vengan, pasen y vean que lindos libertarios!”. Así es, Orozco montó su propia madriguera donde cobija a su vez a sus propias crías libertarias, a las que envía por las calles a pegar fotocopias y llenar las redes con aspirantes a pseudopolíticos, que insultan a los “Kukas y zurdos de m…”, entre otros pintorescos epítetos. Ideas políticas, ninguna. Ni las crías, ni la Orozco.
Pero todas, la mayor patinada de Emilia Orozco, fue el reciente faltazo al tratamiento de una ley que pudo ser histórica, pero en cambio terminó con una Orozco histérica, llamando “ratas” a sus colegas mientras mostraba como heridas de guerra dos gasitas en su brazo izquierdo, recuerdos de su bajón de presión por luchar tantas horas en beneficio de la Patria. El problema es que la cuestión era de hierro. Había que estar para votar la Ficha Limpia, un asunto muy ajetreado por los propios libertarios, que faltaron todos. ¿A todos les habrá bajado la presión?
Con la famosa ley perdida, a renglón seguido vino la quita de remedios a esa raza argentina en extinción, los jubilados. O al menos, que parece, el Gobierno Nacional desea extinguir. Mientras algunos libertarios intentaban explicar que no se les quitó, sino que ahora van a tener que realizar algunos trámites como llenar un Captcha, demostrar que no son robots , declarar dónde está el Santo Grial; y así conseguirán los remedios.
A zanjar en la discusión apareció el diputado amarillo, Julio Moreno, que comparte con su par justicialista, Yolanda Vega, el voto de silencio en la Cámara de Diputados de la Nación, para abrir la boca y pronuncia una sentencia propia de un desquiciado: “No creo que lo jubilados se mueran por esto”, o sea por no llegar los remedios. Pero la bipolaridad de Moreno no terminó allí, habría expresado a renglón seguido que “No creo que sea para tanto, el jubilado debe tener parientes o alguien que le ayude a comprarlos”.
Verdaderamente, actitudes como estas desorientan, porque el argentino medio no sabe ya a qué atenerse; si pensar que el Congreso de la Nación, en lugar del “nido de ratas” que dijo alguna vez Milei, es en realidad un cotolengo para “minus habens”, o esta gente ha perdido todo rasgo de decencia y respeto por los ciudadanos a quienes debieran representar.
Puestos a elegir, es preferible pensar en la idea del cotolengo.