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Salta

Comer carne: un verdadero privilegio para los salteños

El consumo de carne bajó estrepitosamente en la ciudad de Salta.

carne argentina

SALTA – En Salta, comer carne es imposible por los precios que se observan cada día en las carnicerías. La crisis económica actual lleva a un aumento de precios en alimentos esenciales, que provocaron que baje su consumo. Muchos terminan buscando alternativas más económicas y pensar en comer un asado familiar, implica un gasto del que es difícil recuperarse.

Durante el año pasado, en el país se dio el consumo de carne más bajo de los últimos 26 años. Las recetas económicas impartidas por el gobierno nacional, produjeron una gran suba de los alimentos que terminaron cambiando el consumo de todos los argentinos. Salta no es la excepción a la regla, donde en el último tiempo se observaron distintas alternativas para consumir carne, como por ejemplo comprar menos cantidades u optar directamente por consumir pollo.

En Argentina se observa una desaceleración inflacionaria, pero esto no llegó a impactar en los precios de la carne de manera provechosa para consumidores y productores. La industria se encuentra en un mal momento desde el 2024 y es un claro reflejo de la imposibilidad de la gente de comprar carne. En Salta, el año pasado bajó el consumo aproximadamente un 30%, remarcando la existencia de una crisis de la carne. También la gente lleva pocas cantidades, unos cuantos gramos, para acompañar comidas y dejando de lado los platos principales. La tradición del asado empieza a quedar como algo nostálgico para muchas familias.

La realidad de la carne en Salta

Los precios se encuentran realmente inalcanzables para los salteños. El asado tiene un valor de aproximadamente $12.000 por kilo. Una gran inversión para una reunión familiar. Mucha gente dejó de lado el asado y otros cortes muy consumidos como el puchero. Incluso, a la hora de hacer milanesas, un kilo de bola de lomo o cuadrada andan alrededor de los $9000.

Al igual que en el resto del país, los salteños están inclinándose por consumir más pollo. En los últimos registros nacionales, el consumo de pollo implicó 49,3 kg por habitante, superando al de la carne que demandó 48,5 kg por habitante. Estos números marcan la realidad del consumo salteño donde la carne es un privilegio para pocos.