SALTA (Diego Nofal).- En el complejo tablero político salteño, donde las fronteras entre oficialismo y oposición parecen cada vez más difusas, el PRO Salta se ha convertido en una figura enigmática. Aunque se presenta como un partido opositor, las señales, los gestos. Y los vínculos que ha cultivado a lo largo del tiempo permiten cuestionar seriamente esa etiqueta. Hoy, más voces advierten que el PRO Salta ha dejado atrás su rol de contrapeso para transformarse en un socio más del gobernador Gustavo Sáenz.
La intervención del PRO Salta por parte del comité nacional partidario marcó un antes y un después. Así lo sostiene el legislador Guillermo Durand Cornejo. Quien ha sido categórico al afirmar que, desde ese momento, el partido “se volcó definitivamente a apoyar al gobierno de Gustavo Sáenz”. Y no es el único que lo dice. Alfredo Olmedo, exdiputado nacional y figura política de peso en la provincia, también ha señalado que el PRO se encuentra dentro del círculo de aliados del actual gobierno provincial.
Lejos de cumplir con la función de fiscalización y crítica que se espera de una fuerza opositora, el PRO Salta parece caminar por una delgada línea entre la complicidad y la connivencia. Durante la campaña, sus principales figuras, José Gauffin y Agustina Álvarez, han evitado cualquier cuestionamiento directo al gobernador Sáenz. Un silencio llamativo. Si se considera que el rol natural de la oposición es marcar los errores, proponer alternativas y representar a quienes no se sienten identificados con el oficialismo.
El PRO Salta ¿oposición real?
Pero el silencio, en este caso, no parece ser producto del respeto institucional ni de una estrategia comunicacional medida. Trasciende el mero cálculo político. Se ha deslizado, por ejemplo, que José Gauffin le presta servicios al gobierno provincial a través de una empresa que opera en la Puna salteña. Si esto se confirma, se trata de un claro conflicto de intereses que compromete aún más la credibilidad de su postura “opositora”.
Como si esto fuera poco, las listas del PRO Salta fueron armadas por Inés Liendo y Virginia Cornejo. Dos dirigentes que actualmente ocupan cargos en el gobierno nacional. Un gobierno nacional que, vale recordarlo, mantiene una relación de cooperación y respaldo con el gobernador Gustavo Sáenz. Es decir, la supuesta oposición salteña ha sido organizada por funcionarias de un poder aliado al oficialismo provincial. Una contradicción difícil de justificar, salvo que se acepte, de una vez por todas, que la etiqueta de “oposición” es apenas un recurso de marketing electoral.
El panorama resulta, por lo tanto, bastante claro. El PRO Salta ha adoptado una estrategia que simula pluralismo y competencia democrática, pero que en los hechos parece diseñada para garantizarle al gobierno provincial una oposición dócil, funcional, sin cuestionamientos profundos. Un decorado que permite sostener la idea de un sistema político equilibrado, cuando en realidad se trata de una orquesta en la que todos tocan la misma partitura.
Secreto a voces
Como dice el dicho, si el río suena, es porque agua trae. Y en este caso, el murmullo es cada vez más fuerte. Todo indica que, pasada la contienda electoral, el PRO Salta abandonará definitivamente su rol de opositor para integrarse, sin ambigüedades, al bloque de aliados del gobernador Sáenz. Una jugada que no sorprende a quienes siguen de cerca la política provincial, pero que representa un golpe para quienes aún creen en la importancia de una oposición genuina, activa y con vocación de controlar al poder de turno.
En tiempos donde la transparencia y la coherencia son valores escasos, este tipo de maniobras solo profundizan el desencanto ciudadano y erosionan la confianza en las instituciones. El desafío es, entonces, mirar con atención, exigir explicaciones y no dejarse engañar por etiquetas vacías. Porque cuando la oposición se mimetiza con el oficialismo, lo que peligra no es una elección, sino la salud de toda la democracia.