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Salta

Promesas académicas y realidades políticas: el compromiso irrealizable de los candidatos de Gustavo Sáenz  

Biella lleva varios años ocupando un escaño en la Legislatura de la provincia

Gustavo Sáenz

SALTA (Diego Nofal).- En la provincia de Salta, la política suele vestirse de esperanza cada vez que se acercan elecciones. Este año, el 11 de mayo, no es la excepción. Bernardo Biella, actual diputado provincial y candidato a Senador por el frente que impulsa el gobernador, Gustavo Sáenz, ha centrado parte de su campaña en una promesa llamativa: llevar la carrera de Odontología a la Universidad Nacional de Salta (UNSa). Sin embargo, detrás de esta cantaleta electoral se esconden preguntas incómodas, contradicciones institucionales y un cálculo electoral que merecen ser analizadas y, como mínimo, cuestionadas.

Biella lleva varios años ocupando un escaño en la Legislatura de la provincia. Su cargo como diputado, teóricamente, le habría permitido impulsar proyectos como el que ahora plantea. Sin embargo, en plena carrera por una banca en el Senado provincial, es cuando decide priorizar la creación de Odontología. ¿Por qué este tema no figuró en su agenda legislativa durante estos años? La respuesta parece obvia: el timing electoral. Las promesas tardías, especialmente aquellas que apelan a aspiraciones colectivas como la educación, suelen ser más un recurso retórico que un plan concreto. Si Bernardo Biella genuinamente creyera en esta necesidad, ¿no habría trabajado en ello durante su mandato como diputado?

Al margen de estos fundados cuestionamientos hay un obstáculo aún más relevante que Biella decidió ignorar, nada más, ni nada menos, que la tan mentada autonomía universitaria. En Argentina, las universidades públicas, incluida la Unsa, son entidades autónomas. Esto significa que las decisiones académicas, como la apertura de nuevas carreras, dependen exclusivamente de sus órganos de gobierno, no de la Legislatura provincial. Biella, como diputado, sabe que su esfera de influencia termina donde comienza la de la UNSa. Pretender que un cargo legislativo provincial puede «traer» una carrera universitaria no solo es ingenuo, sino que revela un desconocimiento preocupante o, peor aún, una manipulación consciente, de las atribuciones institucionales. 

Incluso si se asumiera que Biella busca presionar políticamente a la casa de altos estudios salteña, existe otro muro, las finanzas de la universidad están en un rojo furioso. En marzo de este año, el rector Daniel Hoyos admitió que la institución no cuenta con fondos suficientes para pagar servicios básicos como la luz. ¿Cómo podría, entonces, asumir los costos de una nueva carrera? Odontología requiere infraestructura especializada (clínicas, laboratorios), equipos costosos y contratación de profesionales calificados. Sin presupuesto, cualquier anuncio se reduce a ser, como decía mi abuelo cuando escuchaba una mentira, “choclo para los loros”.

Aquí, algunos podrían argumentar que la provincia podría colaborar. Efectivamente, el Ejecutivo salteño tiene herramientas para apoyar, ceder edificios, aportar subsidios o financiar becas. Pero esto sería un paliativo, no una solución estructural. Además, el gobierno de Gustavo Sáenz, aliado político de Biella, enfrenta sus propias limitaciones presupuestarias. En 2023, Salta destinó solo el 3% de su gasto a educación superior, un porcentaje que difícilmente cubriría los millones de pesos que exige una carrera como Odontología. 

 El juego cínicο de las ilusiones de Gustavo Sáenz

Lo más grave de esta promesa es su trasfondo cínico. Cada año, miles de jóvenes salteños migran a otras provincias para estudiar carreras que su tierra natal no ofrece. Biella y su coalición aprovechan ese drama para vender una esperanza que, saben, es irrealizable a corto plazo. ¿Acaso ignoran que el proceso de apertura de una carrera universitaria, evaluación de viabilidad, acreditación, contratación de docentes, toma años?

Este no es un caso aislado. Es parte de un patrón en el que políticos con poca vocación transformadora convierten la educación en moneda de cambio electoral. En 2019, el mismo Gobernador Sáenz prometió duplicar la inversión en ciencia y tecnología; sin embargo, según datos de la Fundación ARESCO, Salta sigue estando entre las provincias con menor presupuesto en ese rubro. 

Cuando los líderes políticos priorizan el marketing electoral sobre la honestidad, el resultado es un creciente divorcio entre la ciudadanía y la clase dirigente. Los jóvenes que hoy creen en la promesa de Odontología probablemente terminen desencantados cuando, tras las elecciones, el tema desaparezca de la agenda. Y cada desilusión alimenta la apatía, el escepticismo y, en casos extremos, el rechazo hacia la democracia misma. 

Bernardo Biella tiene derecho a aspirar a un nuevo cargo, pero no a jugar con las ilusiones de una generación. La política debe ser el arte de lo posible, no el de la manipulación. Ojalá los votantes de Salta recuerden esto el 11 de mayo.