SALTA – (Diego Nofal).- Durante los últimos meses, La Libertad Avanza en Salta se había mostrado como una fuerza abiertamente opositora. Desde sus discursos, sus redes sociales y sus intervenciones públicas, sus referentes se habían posicionado como críticos tanto del gobierno nacional como del provincial. Sin embargo, lo ocurrido este fin de semana marca un giro alarmante que pone en duda el verdadero carácter opositor de este espacio político en la provincia.
La llegada de Daniel Parisini, alias «El Gordo Dan«, junto a un séquito de influencers libertarios que responden directamente al presidente Javier Milei, se convirtió en un espectáculo poco edificante, lejos de apuntar sus críticas hacia los abusos del poder local, eligieron dirigir su artillería contra los periodistas salteños. En una serie de intervenciones cargadas de desinformación y prejuicios, estos influencers, encabezados por El Gordo Dan, no solo minimizaron las denuncias por persecución judicial y acoso mediático que enfrentan varios comunicadores, sino que se sumaron explícitamente al hostigamiento.
El Gordo Dan, el influencer de mentira
En Salta, la situación de la prensa es crítica. Dos periodistas han sido allanados por la justicia provincial. A uno se le prohibió judicialmente hablar del gobernador Gustavo Sáenz, en una medida que atenta contra el más elemental derecho a la libertad de expresión. Al otro, lo allanaron recientemente en una investigación vinculada al informe de que la exsecretaria de Justicia, Verónica Saicha, sería cleptómana. Hecho que debería ser materia de investigación, no de castigo a quien lo hizo público. Como si eso fuera poco, el dueño de un medio fue imputado en una causa armada que lo acusa de difundir videos contra el gobierno. Esta ofensiva coordinada desde el aparato judicial y político provincial ha logrado instaurar un clima de miedo, autocensura y hostilidad hacia la prensa libre.
Es en este contexto que resulta no solo decepcionante, sino profundamente revelador, que figuras como el candidato libertario Roque Cornejo o el dirigente Alfredo Olmedo, entrevistados recientemente por el medio El Intra Salta, no hayan emitido una sola palabra para frenar el ataque a la prensa salteña. Más llamativo aún es el silencio de Emilia Orozco, diputada nacional y licenciada en comunicación. Ha compartido aulas y redacciones con varios de los periodistas que hoy están siendo perseguidos. Su inacción, en un momento en que la libertad de prensa está siendo golpeada con fuerza es una omisión que duele. Y que no puede explicarse más que por una decisión política consciente.
Una libertad que no es tal
A todas luces, parece que el acuerdo entre Javier Milei y Gustavo Sáenz no se limita al plano nacional. También se ha extendido a Salta, donde los referentes locales de La Libertad Avanza han preferido alinearse con el gobernador en lugar de cuestionarlo. En lugar de defender a los periodistas acosados por hacer su trabajo, han permitido —y hasta celebrado— que sus referentes mediáticos, liderados por El Gordo Dan, vengan a reforzar la campaña de desprestigio contra la prensa.
Así, mientras el aparato oficialista provincial avanza con causas judiciales dudosas, allanamientos y restricciones a la libertad de expresión, los que deberían representar una alternativa política deciden callar o, peor aún, sumarse al coro oficialista. En este escenario sombrío, los únicos verdaderos opositores al gobierno de Gustavo Sáenz no son los partidos, sino los pocos medios de comunicación y periodistas que se animan a seguir investigando y diciendo lo que el poder quiere esconder.
Hoy más que nunca, es necesario defender el periodismo independiente. No se trata de simpatías ideológicas. Ni de afinidades políticas. Se trata de garantizar que en Salta, como en cualquier sociedad democrática, se pueda ejercer el derecho a informar y ser informado sin temor a represalias. Porque sin libertad de prensa, no hay libertad que valga.