SALTA – (Por Diego Nofal).- El 2 de mayo, el gobernador Gustavo Sáenz utilizó su cuenta de Instagram para anunciar con bombos y platillos la reparación de la Ruta 9/34, un tramo vial tristemente célebre por su alta siniestralidad y conocido como la “ruta de la muerte”. En un video cuidadosamente editado, el mandatario aseguró que, en los poco más de 70 kilómetros que conectan Rosario de la Frontera con Metán, se construiría una doble vía para reducir accidentes, se iluminarían los accesos de ambas localidades y se modernizaría la infraestructura.
Las imágenes, acompañadas de maquinaria trabajando “a destajo” y terrenos aparentemente estabilizados, generaron expectativas en una población que durante años ha exigido soluciones concretas. Sin embargo, más de un mes después, la realidad desnuda otro capítulo de promesas incumplidas y un Estado que parece especializarse en el arte de la simulación.
Este medio, comprometido con la veracidad y el control del poder, visitó esta semana la zona donde supuestamente avanzan las obras. Lo encontrado es indignante: apenas 100 metros de bacheo superficial y máquinas abandonadas, como quien disfruta sol salteño, como símbolos de un proyecto que solo fue un capítulo más de la parafernalia oficialista en redes sociales. De la doble vía no hay rastros ni planos; de la iluminación prometida, ni un poste. Las comunidades de Rosario de la Frontera y Metán siguen expuestas al mismo riesgo, mientras el gobierno provincial insiste en convertir anuncios en espectáculos y las necesidades urgentes en eslóganes electorales.
No es la primera vez que la administración de Sáenz recurre a este guion. El puente de Vaqueros, anunciado en tres ocasiones distintas con pompa mediática, es otro ejemplo de cómo se prioriza la foto sobre el cemento. Aunque las autoridades juraban que su construcción era inminente, las obras apenas comenzaron meses después, sin prisa ni transparencia. Y qué decir de las miles de viviendas sociales prometidas, hoy reducidas a escombros de discursos olvidados. Pareciera que, para este gobierno, inaugurar proyectos virtuales es más redituable que ejecutarlos.
El patrón es claro: anuncios grandilocuentes en épocas clave, seguidas de una ejecución lenta, opaca o directamente inexistente. Mientras tanto, los recursos públicos desaparecen en un agujero negro de ineptitud o mala fe. Cabe recordar que Salta no solo recibió este año los fondos ordinarios de coparticipación, sino también 12.000 millones de pesos adicionales en aportes del Tesoro Nacional. ¿Dónde está ese dinero? Las calles rotas, los hospitales colapsados y las escuelas sin mantenimiento sugieren que no llegó a donde debía.
La “ruta de la muerte” no es solo un camino deteriorado, es un monumento a la negligencia. Según organizaciones vecinales, en los últimos cinco años se han registrado allí más de 200 accidentes graves, muchos de ellos fatales. Cada curva sin señalizar, cada bache profundizado por las lluvias, cuenta una historia de abandono. Por eso, convertir su reparación en un anuncio electoral no es solo una falta administrativa; es un acto de crueldad política.

Un guión repetido en la administración de Gustavo Sáenz
Gustavo Sáenz, al subir ese video, no ignoraba que las cámaras podían mostrar maquinaria moviéndose *para la filmación*, no para la obra. Tampoco desconocía que un bacheo cosmético no resuelve el colapso vial. Su cálculo era otro: alimentar la ilusión de progreso en un año electoral, apostando a que la memoria ciudadana es frágil. Pero la ciudadanía está cansada de ser tratada como espectadora pasiva de un teatro donde los actores son bulldozers estáticos y los libretos, mentiras repetidas.
Las respuestas claras que se necesitan
Exigimos respuestas claras: ¿Cuándo se licitaron realmente las obras? ¿Qué empresas están a cargo? ¿Por qué las máquinas están detenidas? ¿En qué se gastaron los 12.000 millones? La opacidad no puede seguir siendo la norma. Los salteños merecen más que coreografías de cemento y asfalto. Merecemos un gobierno que entienda que las vidas humanas no pueden postergarse en nombre de la propaganda.
Este editorial no es solo una denuncia: es un recordatorio de que cada anuncio incumplido erosiona la credibilidad de la política. La “ruta de la muerte” puede dejar de llamarse así, pero para ello se necesitan hechos, no videos. Mientras el gobernador siga confundiendo redes sociales con realidad, Salta seguirá atrapada en el mismo camino, uno donde las promesas se desvanecen y solo queda el polvo de lo que pudo ser.