La ciudad de Metán, en el sur de la provincia de Salta, enfrenta una crisis que podría redefinir su futuro. Según fuentes gubernamentales, un proyecto consensuado entre el gobierno de Gustavo Sáenz y Vialidad Nacional planea modificar la traza de la Ruta Nacional 9/34, desviándola del casco urbano. Esta decisión, confirmada por el diputado nacional Carlos Zapata, quien aseguró que el delegado de Vialidad Nacional, Federico Casas, le informó los detalles, dejaría a Metán virtualmente aislada, amenazando su economía y tejido social. La noticia no solo revive viejos temores, sino que expone las contradicciones de un gobierno de Gustavo Saénz que promete defender a los salteños mientras cede a presiones externas.
Desde hace décadas, Metán ha sido un nodo estratégico en el corredor del noroeste argentino. Ubicada en la intersección de rutas comerciales, la ciudad funciona como punto de descanso para camioneros y viajeros que conectan el norte con el centro del país. Hoteles, estaciones de servicio, restaurantes y talleres mecánicos dependen del flujo constante que brinda la ruta. “Sin el tránsito, no hay vida”, resume un comerciante local. Este circuito económico, sin embargo, pende de un hilo: la nueva traza evitaría el paso por el área urbana, desviando el tráfico hacia zonas periféricas.
El argumento oficial para justificar el cambio es mejorar la seguridad vial y agilizar el transporte de cargas, esconde un cálculo político. La fuente gubernamental que filtró el plan admitió que la presión de sectores logísticos nacionales influyó en la decisión. No obstante, lo que se presenta como “progreso” ignora el costo humano. Según la Cámara de Comercio local, el 70% de los negocios de Metán dependen directa o indirectamente de la ruta. Su desvío no solo afectaría empleos, sino que profundizaría la desinversión en una región ya castigada por la falta de infraestructura.
Frente a esta amenaza, la comunidad no permanece pasiva. Desde 2017, el movimiento “Salvemos a Metán” lidera una lucha contra proyectos que buscan marginar a la ciudad de las rutas troncales. Movilizaciones, petitorios y audiencias públicas han marcado su trayectoria. Ahora, ante la confirmación del desvío, preparan una nueva ola de protestas. “No nos van a borrar del mapa sin pelear”, advierte María López, integrante del colectivo. La resistencia no solo cuestiona la falta de consulta popular, sino que exige transparencia: ¿quiénes se benefician realmente con la nueva traza?
La situación de Metán refleja un patrón de abandono. En 2023, la Legislatura salteña aprobó por unanimidad reactivar el tren entre Metán y Rosario de la Frontera, un proyecto clave para diversificar la economía local. Sin embargo, la iniciativa duerme en los cajones del gobierno de Gustavo Sáenz. La paralización de este plan, que aliviaría la dependencia del transporte carretero, evidencia una desconexión entre las promesas oficiales y las acciones. Mientras se priorizan obras de impacto mediático, las soluciones estructurales brillan por su ausencia.
La administración de Gustavo Sáenz se ufana de defender los intereses salteños, pero esta decisión revela su vulnerabilidad ante los mandatos nacionales. Ceder ante Vialidad Nacional no solo socava la autonomía provincial, sino que refuerza la centralización porteña. ¿Dónde quedó el discurso de “Salta primero”? La paradoja es evidente: se sacrifica a una comunidad en nombre de un “desarrollo” que solo beneficia a unos pocos.
«Salvemos a Metán»
El caso de Metán trasciende lo logístico, es un testigo de cómo las políticas públicas pueden marginar a las comunidades cuando se diseñan sin participación ciudadana. Aislar la ciudad no solo sería un error económico, sino un acto de injusticia territorial. Urge que el gobierno revise su postura, incorpore a los vecinos en el diálogo y reactive proyectos integrales, como el tren, que ofrezcan alternativas reales. Metán no merece ser un pueblo fantasma; merece un futuro donde el progreso no signifique exclusión.
La hora de actuar es ahora. Si el gobierno insiste en ignorar el clamor popular, escribirá otro capítulo de abandono en la historia salteña. Los metanenses, como tantos otros argentinos, exigen ser escuchados: su lucha es por sobrevivir.