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Calles de Salta

Las calles de Salta: Falucho

El pasaje Falucho está ubicado en el barrio San Martín

Falucho

SALTA.- (Ricardo Federico Mena) Esta es la historia trágica y desesperada de las tropas pertenecientes al Regimiento Río de la Plata, constituido por la refundación de los Batallones 7 y 8 del Ejército de Los Andes. Eran las mismas tropas que el 28 de julio de 1821, proclamaron victoriosas en la Plaza Mayor de Lima la Independencia del Perú. Eran también las valerosas tropas que dos meses más tarde, rendirán la La Fortaleza del Callao, (Castillo del Real Felipe) con su inmenso parque de artillería, armamentos, y útiles navales. Esos días gloriosos, a los soldados les parecerían siglos, y sólo habían pasado cuatro años, cuando se desarrolla esta historia.

Fueron angustiosos cuatro años de padecimientos. Las tropas estaban impagas, vistiendo harapos y con hambre. No contaban tampoco con la esperanza de una batalla próxima en la que pudieran morir con honor, ni de compañía alguna que mitigara sus injustos padecimientos. Los soldados reclamaban sus sueldos que venían con un atraso de cinco meses, necesarios para un pronto regreso a la patria; pero nadie los escuchaba, sujetos como estaban a ser víctimas de la providencia.

De nada valían los reclamos del General San Martín que había enviado a las provincias del Plata un emisario especial: el Comandante peruano don Antonio Gutiérrez de la Fuente, en busca de ayuda. Habían pasado nada más que cuarenta días desde la entrevista famosa de Guayaquil- 26 de julio de 1822- cuando llega desde Buenos Aires, la terrible noticia, que el gobierno no contribuirá a la causa, ni con armamentos, ni con dineros. Muy distinta fue la actitud del Gobernador de Córdoba, Bustos, puesto a las órdenes del Protector del Perú. Quedaba al descubierto, la deshonrosa actitud del Gobernador Martín Rodríguez y la de su Ministro Bernardino Rivadavia.

El Protector del Perú, decepcionado, debió entregar la culminación de la guerra a Simón Bolívar y a su lugarteniente el General Sucre, debiendo retirarse a su chacra de Mendoza “Los Barriales”; pero allí, en tierra extranjera, quedaba el último vestigio del Ejército Libertador: “El Regimiento Río de la Plata”.

La historia sigue su curso en la noche del 4 al 5 de febrero de 1824, cuando los jefes del Ejército cobraron sus haberes, más no la tropa. Como consecuencia de esta actitud, la guarnición se subleva: son sus cabecillas el Sargento porteño Dámaso Moyano y el mendocino N. Oliva. La guarnición fue entregada a los jefes prisioneros realistas. Dos fueron las opciones, o cedían los jefes realistas a las demandas de los cabecillas, o entregaban la guarnición para salvar sus vidas. La última de las opciones fue la que se dio en esta aciaga circunstancia. Buenos Aires jamás debió retacear los fondos reclamados en justicia, por aquellos valientes soldados que habían peleado en tierras extranjeras por más de diez años. Tampoco la tropa imaginó jamás traicionar ni desertar de su bandera para salvar sus vidas, cobijándose bajo un pabellón al que habían combatido durante tantos años.

A esta tropa pertenecía Falucho”, que viera la bandera española enarbolarse en “El torreón “Independencia”, con una salva general de los castillos 7 de febrero. Cuenta la historia que un soldado negro, nacido en Buenos Aires, de sobrenombre “Falucho”, se resistió a hacerle los honores, siendo fusilado al pie de la bandera española, al grito de: “ Viva Buenos Aires”, grito que repetirían todas las víctimas de tan penoso momento.

Bartolomé Mitre cuenta en su “Historia de San Martín”, y el primero en hablar del negro “Falucho”, que éste se encontraba como centinela en el “Baluarte de Casas Matas”. Don Rafael Obligado, basándose en este estupendo episodio, de los cuales no hay muchos que se conozcan en la historia nacional, escribió aquellas décimas que todas las escuelas del país repitieron hasta el cansancio: “Alzó el fusil en sus brazos/con un rugido de fiera/y contra el asta de la bandera/lo hizo de un golpe pedazos/¡Ríndete al Rey-le intimaron/más como el negro exclamó-/¡Viva la Patria, y no yo/ Los cuatro tiros sonaron”.

La sublevación del Callao permitió, que soldados criollos, fieles a San Martín, perpetuaran este sacrificio, para aplauso de la posteridad. Quedó para el bronce, la gesta y el patriotismo de la raza. Falucho ha simbolizado la lealtad, pero esa lealtad, y ese heroísmo, para ser justos, fue un común denominador entre los negros que colmaron los batallones de la patria.

En realidad, no existen pruebas documentales de que así hubiera sido la historia, pero sí dentro de la nómina de soldados libertadores, figura un Antonio Ruiz, (hombre de color), que Mitre extrae de esta lista, con el nombre de Falucho, y con la cual eternizara su fantasía. El General San Martín tan minucioso para honrar a sus soldados, al hablar de Falucho, habla de otro negro, y no del centinela de “Casas Matas”. El mismo Mitre, aclara al pie del capítulo donde habla de Falucho:” que se ha negado la existencia de Falucho, pero que oyó hablar de él a varios generales”. Al parecer Falucho exacto nunca existió, pero Mitre liberando su vena romántica quiso plasmar en un solo Falucho, el heroísmo de esta valiente raza. Por otra parte Mitre niega que se trate de una fantasía de su creación, pero existen argumentos que se trataría de una inexactitud histórica. Se dice también que hubo dos Faluchos, pero es sabido que en el Ejército de San Martín, a los negros se les llamaba Faluchos, para evitar ser nombrados como “catingas”, denominación ésta que exasperaba al general.

Respecto del fusilado, dan testimonio, los informes del General Martínez y del Coronel Pedro José Díaz, en los que se apoya la declaración del General Mitre, y del Coronel Juan Espinosa, natural del Uruguay, en su libro “La Herencia Española”. Del otro Falucho, que vivía en Lima, en 1830, hablaba el General Miller a San Martín en carta del 20 de agosto del año mencionado, carta esta publicada por el propio Mitre en su “Historia de San Martín”. El General contesta a Miller: “Le aseguro que he tenido una verdadera satisfacción, con la noticia que me da, de la existencia del célebre y nunca bien ponderado Falucho”.Al parecer los dos Falucho pertenecían al Batallón Nº 8 de Los Andes, aseverado esto por el Coronel Manuel Olazábal, que decía en carta a Tomás Guido: “Recuerdo perfectamente que el soldado Falucho pertenecía al Batallón Nº 8. ¿A cual de los dos se referiría? ¿Al fusilado en Casa Matas o al otro que tomara una bandera en Maipú? Los dos Faluchos existieron, uno de ellos se llamaba Antonio Ruiz, ¿Cómo se llamaría el otro? Hay un manto de oscuridad en el aserto. Existen una serie de investigaciones, que dan mayor confusión al tema. Lo verdadero es que la argumentación es incontrovertible, y el hecho de no saber cuál de los dos era el fusilado, posiblemente se trate de una inocente mistificación de la historia, dado que los hechos estaban aún calientes, y no debemos extrañarnos ante este recurso de Mitre, pues la historia del mundo está llena de esta mistificaciones. Falucho, conquistó para la historiografía nacional un puesto de privilegio con su involuntaria inmolación, y en él se arruman todos los negros mártires de Vilcapugio, Ayohuma, y Sipe –Sipe, como también los muertos por la patria en el Cerrito, Chacabuco y Maipú, Talcahuano y Pasco. Vaya para todos ellos, el emocionado homenaje de la Patria, aún hoy envuelta designios imprecisos.

Dr. Ricardo Federico Mena
para El Intransigente

Currículum abreviado

El Dr. Mena- Martínez Castro es odontólogo y ha escrito dentro de su profesión diversos trabajos de investigación clínica, como asimismo acerca de variadas materias: Historia, Genealogía, Poesía, Novela, Teatro y Cuento. Pertenece a distintas instituciones académicas de la región y de Buenos Aires, entre ellas es Miembro de Número del Centro de Estudios Históricos y Genealógicos “Gens Nostra” (Centro de Estudio Hispanoamericanos) con sede en Buenos Aires, Miembro correspondiente del Centro de Estudios Genealógicos de Tucumán, Miembro Fundador y de Número del Centro de Investigaciones Genealógicas de Salta, Miembro Correspondiente del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos, Miembro de los Institutos Güemesiano, Belgraniano y Sanmartiniano de Salta, etc. Es autor de importantes trabajos dentro del cancionero popular, dos veces ganador en el Concurso Nacional de la Zamba ( zambas destacadas). Ha recibido numerosos premios provinciales y nacionales en su quehacer, entre los que se encuentran, el Primer Premio de Novela en el año 2000. Ha recibido de la Provincia de Salta el Premio al Mérito Artístico, etc. Colabora con EL INTRANSIGENTE en su columna “Las Calles de Salta y sus Nombres”.











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