SALTA.- (Ricardo Federico Mena) Como la mayoría de la leyendas históricas, la de la Virgen de Luján se funda también en hechos reales, puestos de manifiesto por las investigaciones efectuadas por del Dr. Raúl A. Molina. Estas investigaciones tuvieron la virtud de demostrar que las personas involucradas en la leyenda, eran personas de carne y hueso. Mediante el estudio de una prolífica documentación, pudo demostrarlo, sacando a luz, no sólo sus nombres, fechas de nacimiento y fallecimiento, sino también sus respectivos ascendientes y descendientes, elaborando de esta manera sus respectivos árboles genealógicos. Son por demás llamativas sus investigaciones acerca de sus vidas, costumbres y actividades. Gracias a estas investigaciones, la leyenda de la Virgen de Luján, ha dejado de ser tal, para convertirse en una de las más hermosas páginas de nuestra prolífica historia colonial.
Se trata de uno de los relatos religiosos más antiguos, circulando de boca en boca a lo largo y ancho del país. Una síntesis de ellos, repetida por distintos historiadores, es la siguiente: “En una carreta que viajaba hacia el interior del país, en tiempos de la colonia, se transportaba la imagen de la virgen. Al llegar a las proximidades del río Luján, la carreta se detuvo por obra de una fuerza misteriosa, contra la que nada pudieron las dos yuntas de bueyes que la arrastraban. Se bajó la virgen y la carreta anduvo. Se volvió a subir la imagen, y la carreta quedó de nuevo detenida. Descendida por segunda vez la carga, también una vez más, el vehículo pudo andar”.
Este hecho fue considerado como un milagro, y quienes conducían la imagen, como así también quienes presenciaron el hecho, resolvieron dejarla en el lugar, considerando que esta era la voluntad de la Virgen. Se han escrito desde entonces libros y documentos que dan a la leyenda una raíz histórica. El primero de ellos, fue publicado en 1737 y se trata de una declaración hecha ante el juez comisionado, fray Nicolás Gutiérrez, provincial de la orden de los predicadores, por el Reverendo padre fray Nolasco de Santa María. Otro data de 1812 y lleva por título.” Su Santuario y su Culto” escrito por el Capellán HR. Felipe José de Maqueda. En 1867 se publica “El Santuario de Lujan” de Santiago de Estrada. En 1885, aparece una obra del padre Salvaire donde se trata exhaustivamente toda la historia, “Noticias sobre el origen de la Santa Imagen de Nuestra Señora de Luján, y Su Santuario” y los milagros atribuidos a esta imagen sagrada. La obra es conocida con el nombre de “Historia de Nuestra Señora de Luján, su Origen, su Santuario, su Villa, sus Milagros y su Culto”. Pero el principal investigador, estudiando los archivos existentes en el país y en España fue el doctor Molina, quien descubrió hasta el acta de mensura de la estancia donde tuvo lugar el milagro.
Don Juan M Iñigo, escribe esta historia de los propios labios del doctor Molina, quién valiéndose de un solo nombre Pedro Nolasco, lo rastrea hasta descubrir que se trataba del R.P. Pedro Nolasco de Santa María. Cuenta el padre Santa María, que un hacendado residente en Córdoba, poseía una estancia en Sumampa, en la que estaba construyendo una capilla, y con tal motivo encargó a un paisano suyo le comprase una imagen de la Inmaculada Concepción. El hacendado cordobés era don Antonio Farías Saa, de origen Portugués, que escribiera a un amigo suyo a fin de que le enviara la mencionada imagen de La Inmaculada.
El primer relato sobre el milagro pertenece al RP Pedro Nolasco de Santa María que comienza así: “Hace pedido que certifique lo que supiese en orden al origen y milagros de la milagrosa (sic) imagen de Nuestra Señora de Luján. Y por lo que mira al origen, certifico haber oído al difunto de mi padre, a mi bisabuela y a otras personas del pago (que individualmente no me acuerdo) que en aquel tiempo, en que los reinos de Portugal y Castilla se gobernaban por una corona, en cuyo tiempo nació mi padre (…). Cuenta a continuación el padre Santa María que, de regreso del Brasil, donde había concurrido a llevar mercaderías, su amigo le trajo dos imágenes de la Inmaculada Concepción, donde vinieron embaladas en dos cajones distintos. El viaje se hizo en carreta, y se desarrolló sin inconvenientes hasta el río Luján, cerca del cual hizo noche, en la estancia de otro portugués “un paisano suyo llamado fulano Rosende”, según relata el padre Santa María. (…) le persuadieron que sacase un cajón y dejase el otro, probaron a que caminase el carretón y no se pudo mover de ese lugar. Volvieron a hacer la diligencia de sacar el cajón que había quedado, y cargar el que habían bajado y entonces se movió el carretón sin impedimento alguno, quedando el dueño con la imagen que se llevó, dejando la otra en el paraje donde le mostraba querer quedar. Esta es la imagen de Nuestra Señora de Luján que estuvo muchos años en lo de dicho Rosendo, en un oratorio muy corto y muy venerado en todo el pago”.
Basílica Nuestra Señora de Luján
Cuenta Fray Santa María, que dedicó un negrito llamado Manuel para que cuidase la imagen. Al morir el dueño de la estancia la capilla quedó “en despoblado” de acuerdo a las declaraciones de fray Pedro Nolasco, por lo cual una estaciera del pago llamada doña Ana de Mattos, (viuda del Capitán español Marcos de Sequeira)solicitó que le diesen la imagen colocándola en un pequeño oratorio dentro de su estancia. La imagen fue pleiteada por un medio hermano de Rosendo, (Rosendo de Oramas) junto al negrito Manuel, el cual se trasladó hasta Buenos Aires, “a litigar no tener más amo que la Virgen de Luján” Volvió de esta manera al cuidado de la Virgen. “Lo conocía viejo”, añade el cura Santa María, citado por el historiador Juan M. Vigo, vestido de un saco a raíz de las carnes y con la barba muy crecida; y era común opinión del vulgo que este negro hallaba la Virgen Santísima, llena de rocío muchas mañanas y con abrojos en el vestuario y que comenzaba a clamarle, la necesidad de salirse de dicho nicho, siendo poderosa para obrar cualquier maravilla, “sin menearse de él”
También resultó conocido el milagro del padre Pedro de Montalvo, que padecía de asma, y luego de un ataque violentísimo que casi puso punto final a su vida, el negro Manuel curó su afección frotándole el pecho solamente con el aceite de la lámpara de dicha imagen. Prometió el sacerdote que si le restablecía la salud, sería su capellán mientras viviera. Con el fin de que lo secundara en sus trabajos nombró mayordoma a un influyente estanciero del lugar, don Manuel Casco de Mendoza. Finalmente el Obispo de Buenos Aires, fray Cristóbal de Mancha y Velazco, y el Gobernador del Río de la Plata, don José Martínez de Salazar, organizaron el traslado en forma oficial, junto a doña Ana y el negrito Manuel. Desde entonces se autorizó oficialmente el culto público de la “Pura y Limpia Concepción del Río Luján”.
El padre Maqueda en sus noticias refuta algunos errores del padre Santa María, y relata algunas vicisitudes de doña Ana luego de entrar en posesión de la imagen de la Virgen. La hazaña del doctor Molina radica, en que rastreó todos los nacimientos entre 1660 y 1670, encontrando sólo un niño llamado Pedro Nolasco que tenía su bisabuela viva y también el padre que había nacido en 1620. Se trataba de Pedro Nolasco Herruz, hijo de Pascual Herruz y Ruiz y de María del Corro y Aguilera. Pedro Nolasco había adoptado el apellido Santa María, como lo hacían casi la totalidad de los religiosos de la época, que cambiaban sus apellidos, para adoptar otros de carácter religioso. También el doctor Molina desentraña el origen de Rosendo de Oramas que no era por cierto portugués sino de origen español, como así también toda su genealogía. También estudió los archivos españoles hasta dar con un barco llamado “La Santísima Trinidad”, que al mando del Capitán Francisco Rodríguez de la Fuente, en 1648 traía 32 padres jesuitas y varias imágenes. Gracias a las investigaciones del Dr. Molina, se puso carne y hueso a los protagonistas y la leyenda se transformó en historia. Los milagros vienen desde entonces sucediéndose ininterrumpidamente, de lo cual dan carta cabal miles y miles de fieles beneficiados.
Dr. Ricardo Federico Mena
para El Intransigente
Currículum abreviado
El Dr. Mena- Martínez Castro es odontólogo y ha escrito dentro de su profesión diversos trabajos de investigación clínica, como asimismo acerca de variadas materias: Historia, Genealogía, Poesía, Novela, Teatro y Cuento. Pertenece a distintas instituciones académicas de la región y de Buenos Aires, entre ellas es Miembro de Número del Centro de Estudios Históricos y Genealógicos “Gens Nostra” (Centro de Estudio Hispanoamericanos) con sede en Buenos Aires, Miembro correspondiente del Centro de Estudios Genealógicos de Tucumán, Miembro Fundador y de Número del Centro de Investigaciones Genealógicas de Salta, Miembro Correspondiente del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos, Miembro de los Institutos Güemesiano, Belgraniano y Sanmartiniano de Salta, etc. Es autor de importantes trabajos dentro del cancionero popular, dos veces ganador en el Concurso Nacional de la Zamba ( zambas destacadas). Ha recibido numerosos premios provinciales y nacionales en su quehacer, entre los que se encuentran, el Primer Premio de Novela en el año 2000. Ha recibido de la Provincia de Salta el Premio al Mérito Artístico, etc. Colabora con EL INTRANSIGENTE en su columna “Las Calles de Salta y sus Nombres”.