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Salta

Pañales, sobrinos y fugas electorales: los protagonistas de la comedia del PRO en Salta

Las elecciones legislativas de Salta del domingo pasado ofrecieron una función tan tragicómica que hasta los guionistas más curtidos de las telenovelas se hubieran sonrojado

PRO Salta
PRO Salta

En el gran teatro de la política argentina, las elecciones legislativas de Salta del domingo pasado ofrecieron una función tan tragicómica que hasta los guionistas más curtidos de las telenovelas se hubieran sonrojado. El PRO, un partido que en la capital solía ser sinónimo de trajes planchados y sonrisas calculadas, logró convertir su campaña en un chiste de mal gusto, cayendo al décimo puesto en la carrera por las bancas de concejales. Un lugar que normalmente se reserva para esos candidatos que aparecen en la boleta por error, después de confundir el formulario de inscripción con la tarjeta del club de beneficios del almacén. ¿Desmenuzamos esta piñata electoral?

Alejandro, el patrón de nadie

El candidato estrella del PRO para concejal, Alejandro Patrón, demostró que el nepotismo solo funciona si el público, al menos, sabe que existís. Un tipo tan anónimo que a sus propios afiches hubo que ponerle el nombre en letras grandes para que la gente no diga ¿y este quién es?. Su único mérito era ser sobrino de Inés Liendo, la matriarca local del PRO.

Circula el rumor de que lo eligieron en un asado familiar, al que tuvo que tuvo que asistir con el acta de nacimiento, porque no lo conoce ni su mamá. En es reunión justo después de que alguien soltara: «Ale, ¿querés ser candidato? Solo tenés que pararte ahí y… no te manches con el chimichurri» ¿Su estrategia de campaña? Camuflarse entre el mobiliario urbano. Lástima que los votantes no compraron el personaje de «misterio con DNI». Hasta su perro, cuando le preguntaron, contestó: «Ni idea, lo vi una vez en PedidosYa».

Agustina Álvarez, la candidata que no llegó ni a la mesa de entradas de la Legislatura

Luego está Agustina Álvarez, la aspirante a diputada provincial del PRO, cuyo conteo de votos fue tan bajo que podría usarse como puntaje de tejo. No alcanzó el piso necesario para entrar a la Legislatura, un logro comparable a resbalarse con el felpudo de su propia casa. Fuentes no confirmadas aseguran que su discurso de derrota fue un audio de WhatsApp de 10 segundos: «Ehh… ¡gracias a todos los que… bueno, gracias!».

José Gauffin: El ‘opositor’ que hacía negocios con la olla a presión

Y no podemos olvidar a José Gauffin, el candidato a senador provincial que dominó el arte de la doble contorsión. En público, se llenaba la boca criticando al gobierno provincial; en privado, según rumores, cerraba tratos con ellos entre empanadas salteñas y Fernet. Los votantes, hartos de su «cosplay de oposición», le dieron la misma energía que se le dedica a una milanesa recalentada. Su derrota fue una clase magistral de ironía: no podés aplaudir y patear al gobierno al mismo tiempo, José. Elegí un bando, o al menos contratá un contador que te ayude a disimular.

El ‘Club Plenitud’: ¿Gerontocracia o un geriátrico con aspiraciones?

Ah, la joyita del espectáculo: el grupo de Inés Liendo, apodado «Club Plenitud» por los propios militantes,, porque nada dice «renovación» como una metáfora de la incontinencia. Este equipo, integrado por Virginia Cornejo, Gauffin y otros, se aferró al poder como enano a una cortina. Pero tras el papelón del domingo, el PRO nacional parece listo para darles una patada en el traste. Se rumorea que los reemplazarán con… bueno, con cualquiera que tenga pulso y un perfil de LinkedIn que no diga «especialista en acuerdos bajo mesa».

Los votantes al PRO y un giro a la izquierda

En un giro digno del mejor teatro del absurdo, los votantes tradicionales del PRO en la zona sudeste, cansados de elegir entre «el sobrino» y el doble discurso, se rebelaron. Optaron por la izquierda, un espacio ideológicamente más cercano a Saturno que al PRO. Imaginate morder un limón después de años de bombones: eso fue ver a los conservadores salteños votando trotskistas. Cosas que pasan cuando la desesperación supera al sentido común.

La ‘renovación’ del PRO: Cambiamos todo para que nada cambie*m

Ahora, el partido promete una «renovación”. Liendo y su combo geriátrico serián ascendidos a «asesores honorarios» (léase: banco de plaza en el Parque San Martín). Pero seamos honestos: rociar Glade en un basural no lo convierte en jardín. El PRO necesita algo más que caras nuevas: necesita un alma, un proyecto y, quizás, un GPS para ubicar sus principios perdidos.

Mientras el PRO salteño lame sus heridas, uno no puede evitar preguntarse: ¿Fue esto una señal de alerta o simplemente otra siesta política? La reinvención del partido depende de dejar atrás a los nepobabys y los acuerdos en oscuros despachos. Pero en la política argentina, como bien sabemos, la única constante es el ridículo. Así que agarren las pochoclo y quizás un pañal. El próximo acto promete más risas (y algún que otro llanto).