SALTA.- (Ricardo Federico Mena) Pertenece el Coronel Juan Isidro Quesada a una distinguida familia de la ciudad de Buenos Aires, que dio al país esclarecidos militares que no ahorraron sangre ni penurias en consecución de la libertad de la patria, como así también de la paz y de la salud institucional de la República. Había nacido un 26 de julio de 1802, en la ciudad de Buenos Aires.
Don Juan Isidro, era sobrino de los Coroneles Juan José, Sixto y Dionisio que lucharon con denuedo en los ejércitos de la independencia. Fue su padre el Capitán Isidro Félix de Quesada, muerto en el año 1812, a raíz de las penosas situaciones sufridas durante el sitio de la ciudad de Montevideo. Fue su madre doña Camila de Rocha y Esparza. Fue criado nuestro Coronel, por su abuelo el Escribano don Juan José de Rocha. A muy corta edad fue nombrado Cadete del Regimiento de Patricios de Buenos Aires, comandado por D. Cornelio Saavedra que tenía por objetivo ganar antigüedad, hasta que después sus años le permitieran prestar servicio activo, como lo confirma Juan M. Espora en su trabajo “El Coronel Juan Isidro Quesada, Guerrero de la Independencia en Enciclopedia Militar- Tomo III, Buenos Aires 1890. Página 165.
Otro de sus tíos, José Félix había inmolado su vida en la defensa de nuestro territorio, ante el invasor inglés. Estaba emparentado con Marcos de Balcarce, los Olavarría, Rodríguez Peña y Berutti, como puede observarse, todos acendrados patriotas y servidores de la causa nacional.
Tuvo su bautismo de fuego a muy corta edad, cuando la defensa de la ciudad de Buenos Aires en el año 1806, actitud esta que mantuvo como norma de conducta en todos los regimientos donde le tocara actuar. Fue precisamente esta condición la que le haría tan famoso, y ni bien producida la Revolución de Mayo, don Juan Isidro, se destacaba ya por el fervor de su patriotismo.
Dentro de su actuación militar, pudo salvarse cuando el “Motín de las Trenzas” gracias a la actitud de un oficial que le detuvo a las puertas del cuartel con la orden de regresar a su casa. Recordemos que el Motín de las Trenzas, fue una sublevación militar que ocurriera a finales del año1811, donde oficiales y suboficiales del Regimiento de Patricios, se negaran a obedecer ciertas órdenes emanadas del gobierno, ejercidas al momento por el Primer Triunvirato. Entre esas disposiciones no acatadas estaba el corte de las coletas de las tropas, cual era un signo de distinción y autonomía de los miembros de ese Regimiento.
Luego de esto participó en el sitio de Montevideo, revistando en el Batallón Nº 2 de Patricios desde el 20 de febrero de 1814, hasta la caída de la plaza, ocurrida en el mes de junio de ese año. En mérito por estas acciones fue condecorado con la medalla de plata y declarado Benemérito de la Patria en grado Heroico y Eminente.
De vuelta en Buenos Aires, se incorporó el día 3 de enero de 1815 al Regimiento 2 de Infantería con destino al Alto Perú, para revistar a las órdenes del General Rondeau en el Ejército del Norte. Gozó de la especial consideración de su jefe, debido no sólo a sus propios merecimientos, sino también a la estrecha amistad que Rondeau profesaba a su tío el Coronel Juan José Quesada. Estando en este regimiento participó de la batalla de Sipe-Sipe, también llamada Wiluma, los días 27, 28 y 29 de ese mismo año, batalla ésta en que fue herido en el costado izquierdo, además de ser tomado prisionero. Fue como en más de una oportunidad lo consignáramos uno de los más infaustos hechos ocurridos en las guerras de nuestra emancipación.
Fue sin lugar a dudas un valeroso sobreviviente de las terribles penurias a las que fue sometido junto a sus otros compañeros en las cárceles del Callao. Fue llevado a pié desde el mismo campo de batalla hasta las costas del Pacífico, además de sufrir ignominiosas situaciones durante más de cinco años. Fue uno de los pocos prisioneros que lograron sobrevivir, pues de los mil quinientos, sólo ciento siete pudieron gozar de la libertad. El resto no pudo sobrevivir al calvario.
San Martín lo canjeó en el año 1820, un 28 de noviembre e inmediatamente, con el grado de Capitán, lo incorporó al batallón Nº 8 del Ejército de Los Andes. Estuvo en la toma del Callao y en el asalto a los Castillos del Callao y como paradoja del destino, le tocó ser el guardián de los mismos que le tuvieron prisionero durante los años anteriores. Su valor y sus méritos militares fueron reconocidos por San Martín al concederle una medalla de oro circundada de brillantes, como recuerdo de la toma de Lima. También tomó parte en la Campaña de los Puertos Intermedios, bajo las órdenes del General Alvarado. Peleó con él en las acciones de Locumba, Torata y Moquegüa, en los días 15, 21 y 23 de enero de ese mismo año de contrastes. Participó a la orden del Mayor Lavalle en el Regimiento de Granaderos, con quién cosechó algunos éxitos. Las tropas fueron embarcadas, pero la nave en que viajaban naufragó frente al Morro de las Viejas. Casi toda la tropa sucumbió no sólo debido al naufragio, sino que los sobrevivientes debieron enfrentar las inclemencias del desierto, sin víveres, donde fueron cayendo paulatinamente uno a uno, hasta quedar solamente dieciocho.
No había descanso para este esforzado soldado de la patria, pues participó de inmediato a las órdenes del General Miller en Ica y luego en el combate de Pisco. Allí las tropas realistas fueron despedazadas, combate este donde Quesada sobresalió por su ya comprobado valor. Estuvo también en la tropa que asediaba la ciudad del Callao bajo la conducción del General Necochea.
Al retirarse San Martín de la conducción del Ejército, luego de la famosa Entrevista de Guayaquil, fue uno de los héroes de la batalla de Junín y de Ayacucho, efectuada en agosto de 1824 y en diciembre del mismo año. Esta batalla sellaba la suerte de España en América. Rechazó el ofrecimiento de Bolívar de servir a Colombia, prefiriendo regresar a su tierra e incorporarse a las tropas que en la Banda Oriental enfrentaban al Imperio brasileño.
Su carrera siguió en continuo ascenso, pasando por los despachos de Sargento Mayor y Teniente Coronel, habiendo mereciendo además los Cordones y Escudo por la batalla de Ituzaingó.
Al ascender Rosas a la primera magistratura fue nombrado su Edecán, cargo que conservó durante la conducción de Juan Ramón Balcarce. Durante la Revolución de los Restauradores, estallada el 11 de octubre de 1833 fue puesto en prisión, siendo alojado en el cuartel de la Marina durante ocho días.
En diciembre de ese mismo año fue encargado de organizar el 2do Escuadrón de Carabineros del Regimiento Nº 1 de Campaña por el Gobernador Viamonte. En octubre de 1836, fue enviado con dicho escuadrón al punto llamado Laguna de las Mulitas, donde fundó un fortín, en el lugar que hoy ocupa la próspera ciudad de 25 de Mayo. Los primeros tiempos de Quesada en aquél lugar fue dedicado a disciplinar la tropa, por lo cual en algunos casos era tanta la rigidez, que incluso fue acusado de abuso. Esta rigidez mereció un comentario del propio Rosas en que solicitaba un tanto de moderación. Quesada respondió en contestación a las observaciones, que nada había cambiado en el régimen usado en los campamentos en que él había actuado.
Estando en Mulitas, se batió repetidas veces con los indios, y en uno de sus encuentros, fue memorable el que le tuvo por vencedor sobre el Cacique Yanquelén en los combates de Morro Verde y Laguna del Recado. Esto lo catapultó hacia un merecido ascenso a Coronel Graduado el 1 de mayo de 1839. El día 23 de enero de 1843, Quesada marchó a la República Oriental del Uruguay al mando de mil hombres de las tres armas para participar en la toma de la Colonia de Sacramento por las fuerzas de Oribe. Su actuación el la Otra Banda, fue también memorable y participó con la valentía acostumbrada en fragorosos combates de El Paso del Palomo, Solís Grande, Solís Chico, Arroyo Bejiga, EL Yi y el Cordobés entre otros donde siempre triunfó sobre las fuerzas de Fructuoso Rivera, hasta que en 1846 se le confirió el mando del ejército sitiador de Montevideo en el Cerro y luego la izquierda de la línea en el Buceo.
En el campamento del Cerrito, permaneció hasta el Pronunciamiento de Urquiza contra Rosas, y a pesar de la estrecha amistad que le ligaba al Gobernador entrerriano, permaneció fiel a la causa de Rosas, batiéndose contra él en el combate de San José. Después de la capitulación del Pantano, con la cual no estuvo de acuerdo, regresó a Buenos Aires para unirse al ejército de Rosas, acampado en Santos Lugares, como Edecán del Gobernador. Luchó en Caseros, donde fue herido de bala. Desde su lugar de recuperación escribe a Urquiza, que le conminaba a regresar urgentemente Buenos Aires, para tomar el comando del ejército sitiador en reemplazo del General Lagos. Urquiza le contesta desde San Nicolás, y es allí donde se reanuda la vieja amistad que se tenían, y también es por aquellos tiempos que Urquiza, teniendo en cuenta los méritos de Quesada como militar, le nombra Jefe del Regimiento Estrella, escolta del Presidente. El nombre de este Regimiento fue ulteriormente cambiado, pasando a denominarse “1º de Mayo”.
Este valiente Coronel, a fines de 1857 cruza el Río de la Plata y se instala con algunas tropas en la Banda Oriental para participar de la guerra que se había entablado entre blancos y colorados; lo hacía a favor de los primeros junto al Coronel Diego Lamas, Comandante de los Departamentos al Norte del Río Negro. Tuvo destacada actuación junto a su caballería en la batalla de Cepeda, y luego de concluida ella volvió a entre Ríos para retomar el mando del “1º de Mayo”, pero debido a motivos de salud renunció en junio de 1861. Es por demás conocido en los ámbitos de la República que, debido a su gran honorabilidad, al entregar el mando de su regimiento, devolvió la suma de “diecisiete mil pesos bolivianos de economía, sin que la tropa haya sufrido en lo más mínimo, hambre o desnudez”. Su familia al dejar el servicio, quedó en malas condiciones económicas, pues sólo contaba con mil quinientos pesos librados por el gobierno nacional, que a la postre no valían nada, por lo cual su mujer pidió a Urquiza en 1862 un socorro, pues se encontraba sola y a cargo de sus cuatro hijos. También recurrió a los buenos oficios del doctor Benjamín Victorica para que intercediera ante Urquiza lo más rápidamente posible.
En agosto de 1863, paso a revistar en la Plana Mayor Inactiva. Pese a ello luchó denodamente para que el gobierno le pasara a la oficialidad activa. Fue en el año 1865 que pasó a Inválidos, hasta que por ley del 23 de septiembre de 1868 se le incorpora a la Plana Mayor de los Guerreros de la Independencia. Posteriormente se dedicó a escribir sus Memorias de la Guerra de la Independencia, compuesta por más de 1500 fojas.
Conformó su hogar con doña Teresa Harguindeguy y, a raíz del asesinato de Urquiza, volvió a su ciudad natal, librando su última batalla contra la muerte el 14 de junio de 1876, y según sus propias palabras : “con la tranquilidad de quién había desafiado tantas veces la muerte en los campos de batalla, habiéndola anunciado él mismo un día antes en que tuvo lugar ella, entra los cariñosos brazos de sus hijos Francisco y Luciano, como también de sus inseparables amigos, el Teniente Coronel Julio García y el señor José Mariano Lagos, testigos de la serenidad y firmeza con que se apagó aquella existencia”.
Despidió sus restos don Lucio V. Mansilla evocando su figura con gran emoción, y desde las columnas de la Nación hacía lo propio Bartolomé Mitre, haciendo olvido de viejos antagonismos. Lo calificaría: “…como el prototipo del militar sudamericano”.
Estas líneas fueron posibles gracias a la fina colaboración de su bisnieto, el historiador y genealogista don Juan Isidro Quesada, encontrándose compilado en su libro “Estudios sobre Historia Argentina- Biografías y Ensayos- Tomo II”.
Dr. Ricardo Federico Mena
Currículum abreviado
El Dr. Mena- Martínez Castro es odontólogo y ha escrito dentro de su profesión diversos trabajos de investigación clínica, como asimismo acerca de variadas materias: Historia, Genealogía, Poesía, Novela, Teatro y Cuento. Pertenece a distintas instituciones académicas de la región y de Buenos Aires,
entre ellas es Miembro de Número del Centro de Estudios Históricos y Genealógicos “Gens Nostra” (Centro de Estudio Hispanoamericanos) con sede en Buenos Aires, Miembro correspondiente del Centro de Estudios Genealógicos de Tucumán, Miembro Fundador y de Número del Centro de Investigaciones Genealógicas de Salta, Miembro Correspondiente del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos, Miembro de los Institutos Güemesiano, Belgraniano y Sanmartiniano de Salta, etc. Es autor de importantes trabajos dentro del cancionero popular, dos veces ganador en el Concurso Nacional de la Zamba ( zambas destacadas). Ha recibido numerosos premios provinciales y nacionales en su quehacer, entre los que se encuentran, el Primer Premio de Novela en el año 2000. Ha recibido de la Provincia de Salta el Premio al Mérito Artístico, etc. Colabora con EL INTRANSIGENTE en su columna “Las Calles de Salta y sus Nombres”.