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Salta

Crisis en el PJ Salta: alineado con Sáenz, Ricardo Villada está molesto por la intervención

La crisis que atraviesa el Partido Justicialista (PJ) de Salta no es un hecho aislado ni una simple disputa interna.

Ricardo Villada

SALTA – La crisis que atraviesa el PJ Salta no es un hecho aislado ni una simple disputa interna. La reciente toma de la sede partidaria, la declaración de nulidad de la intervención y la posterior ratificación de la medida por parte del PJ nacional, con el respaldo de Cristina Kirchner, son síntomas de un conflicto profundo que ya no puede disimularse. Al respecto, habló Ricardo Villada.

En este contexto, las declaraciones del ministro de Gobierno, intentando bajarle el tono al conflicto, terminaron revelando la incomodidad de una dirigencia que, durante años, ha preferido mantener un PJ fragmentado y funcional a sus propios intereses.

“La intervención es algo que no tenía mucho fundamento”, afirmó Villada, en lo que pareció más un intento de desentenderse que una reflexión genuina sobre la gravedad del momento.

Ricardo Villada y una magra intervención

En ese sentido, la supuesta “defensa del debate político” expresada por Ricardo Villada carece de sustento si se la confronta con los hechos: el PJ no fue intervenido por azar, sino por la profunda desconexión entre la conducción local y las bases del partido.

“No pertenezco al Partido Justicialista”, dijo finalmente Villada ante una consulta incómoda, para luego retirarse sin más explicaciones. Pero esa afirmación no alcanza para deslindarse de responsabilidades. Porque si bien no es afiliado, es parte de un gobierno que ha sido clave en consolidar un modelo político. Donde el justicialismo quedó reducido a una herramienta decorativa. Sin incidencia real ni capacidad de reorganización.

Hoy el PJ salteño atraviesa uno de sus peores momentos históricos, y no es por culpa de la intervención, ni de las internas. Ni de decisiones tomadas desde Buenos Aires. Esto es una consecuencia directa de una estrategia política local que ha preferido un peronismo fragmentado y débil antes que uno activo y autónomo. Y allí, Ricardo Villada y el oficialismo salteño no pueden mirar hacia otro lado.