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Calles de Salta

Las calles de Salta: Homero Manzi

Homero Nicolás Manzione Prestera fue un letrista, político y director de cine argentino

Homero Manzi

SALTA.- (Ricardo Federico Mena) Homero Nicolás Manzione Prestera (Añatuya, Argentina, 1 de noviembre de 1907 – Buenos Aires, 3 de mayo de 1951) fue un letrista, político y director de cine argentino, autor de varios tangos y milongas muy famosos, entre ellos Barrio de tango, Malena con música de Lucio Demare, Milonga sentimental, Romance de Barrio, y Sur con música de Aníbal Troilo. Adhirió desde muy joven a la Unión Cívica Radical donde seria un claro exponente de la ideología yrigoyenista. Vivió gran parte de su vida en el barrio de Nueva Pompeya que le sirvió de inspiración en muchos de sus tangos. Hoy una calle lleva su nombre y hay una imagen en la plaza principal del barrio que recuerda su figura y su paso por FORJA. El documental sobre Homero Manzi- “Un Poeta en la Tormenta”- dirigida por Eduardo Spagnuolo refleja la vida de este poeta.

Homero Manzi al morir tenía apenas 44 años, pero ya su nombre era famoso en todos los rincones del país, además de ser querido por su pueblo. Las letras de sus tangos eran cantadas en todas partes, y sus películas estaban en todas las carteleras de los cines. Dejaba este joven santiagueño una obra perdurable que inmortalizó su nombre dentro del cancionero popular. Sus letras penetraban en el corazón del hombre común, que advertía en él una sincera entrega, a pesar de que Manzi era un ávido lector de los grandes autores contemporáneos siguiendo la línea de Evaristo Carriego o las imágenes de García Lorca. La evocación que hace Homero Manzi se asocia al barrio en donde viviera y al que cantó con su talento y su corazón de poeta- “San Juan y Boedo, antigua vieja esquina…- También Buenos Aires, Buenos Aires –“Nostalgias de las cosas que han pasado/arena que la vida se llevó /pesadumbre de barrios que han cambiado/ y amargura del sueño que murió”. Esta estrofas pertenecen al su famoso tango SUR.

Añatuya es un lugar inhóspito de Santiago del Estero, que, un día casualmente ve llegar el ferrocarril. Sobre algunos lotes fiscales cedidos por la provincia a la empresa ferroviaria junto a los derechos para la explotación de las maderas de quebracho colorado, es que comienzan a florecer sembradíos, haciendas y explotaciones forestales que convierten a Añatuya en la capital del Chaco santiagueño, pues además comienzan a llegar ingentes cantidades de colonos franceses, italianos, sirios, libaneses y españoles después de la llegada del ferrocarril. La ciudad comienza crecer aceleradamente y es la puerta de entrada a la selva chaqueña, en la que confluyen estos colonos que mencionáramos anteriormente. Llegan allí familias enteras que luego se trasladarán a Las Breñas o a Charata y Gancedo para poblar el Chaco. Las tierras se valorizan inmediatamente y un gran señor que venía de Buenos Aires compra grandes extensiones de campo para trabajarlos. Allí se establecieron miembros de su familia como los Rosso Picot o bien Prestera que era el apellido de su mujer. Entre la primera avanzada pionera se encontraban los hermanos Carmelo y Luis Manzione, hijos de italianos que harán de Añatuya y de Santiago del Estero su patria de adopción. Carmelo contrae matrimonio con María Isabel Gómez Alcorta de viejas familias locales, mientras que su hermano Luis, cuñado de Rosso, viene casado con Ángela Prestera.

Por aquellos años, Añatuya, tenía calles barrosas y mal alumbradas, al mejor estilo de las ciudades del Far- West donde convergían las riquezas y las miserias de los obrajes y donde el centro de reunión era “El Chaco Hotel” donde en las mesas de juego frecuentaban jugadores capaces de perder una fortuna en una sola noche, con casas non- sanctas, con jovencitas traídas desde Buenos Aires y Santa Fe. Los campos de Rosso- Picot se medían por leguas hasta Colonia Dora y Herrera al oeste de Añatuya. Hasta los nueve años permaneció en esta frontera salvaje el pequeño Homero Nicolás familiarizándose con este paisaje y sus cosas. Pero Homero no se conforma con la chatura del pueblo y emprende viaje para estudiar en la Escuela Normal Regional de Alberdi en Entre Ríos donde se gradúa de maestro. El hogar santiagueño por aquel entonces ya se encontraba escaso de fondos, por lo cual los Manzione-Prestera se trasladan a Buenos Aires hacia 1916, pero el cordón umbilical que unía a Homero Manzi con Añatuya no se cortó nunca. Es en Añatuya donde conoce a José Luis Padula que deambulaba su miseria y su bohemia tocando el bandoneón en boliches de última categoría. Las tribunas yrigotenistas le ven con dotes de oratoria en las campañas políticas, acompañando a su hermano Luis que resulta candidato por el partido, con suerte variada.

Añatuya jamás le olvidó como lo demuestran los permanentes agasajos con los que demuestra su agradecimiento y cariño a este nuevo Homero de la musa popular. Siendo estudiante secundario escuchó embobado en su Añatuya natal los versos de Atilio Mellid, abanderado de la poesía modernista. Se encontraba con Leonardo Piriz por especial invitación de Carlos Abregú Virreyra.

Su juventud la pasa entre Boedo y Pompeya entonces escribe “Barrio de Tango”: “Barrio de Tango, luna y misterio, desde el recuerdo te vuelvo a ver”. El año 1916, marca una etapa importante en la vida de la ciudad de Buenos Aires, se vivía la apoteosis de Yrigoyen, y un 12 de octubre muere Gabino Ezeiza, el último de los grandes payadores idolatrado por las multitudes pueblerinas. El año anterior había muerto otro grande en plena juventud, José Bettinoti, pero el tango se renueva con nuevas figuras que provienen de los barrios del Sur, lindante con Pompeya. Es allí donde el poeta cantó a los años de su adolescencia: “La esquina del herrero/barro y pampa/tu casa tu vereda y el zanjón/ y un perfume de yuyos y de alfalfa/que me llena de nuevo el corazón”.

Don Luis Manzione y doña Ángela vivían ya en la casa de Garay al 3251 y allí ha de quedarse hasta su casamiento. Estudió en el colegio de don Abraham Luppi, un verdadero patriarca de la enseñanza privada de la época. Era una escuela demasiado apartada, pero allí estudió también su hermano Carmelo que con el correr del tiempo fuera profesor de la citada escuela. Estaba ubicada en Centenera y Esquiú, próxima a la esquina inmortalizada por Homero cuando la evoca en “Manoblanca”: “Ahora sigan parejo otra vez /mientras sueña en los ojos aquellos/ de la avenida Centenera y Tabaré. En el citado colegio hubo un profesor del que no se olvidaría jamás don Colombo Leoni, como tampoco a sus queridos condiscípulos entre los cuales se contaba Francisco “Pancho” Rabanal futuro caudillo de Mataderos, con quien muchas veces se fugaba del colegio para ir a comer algún sándwich de mortadela, pues las dietas del colegio eran magras. Para Homero, Boedo es toda una presencia y una síntesis de su amor por los barrios porteños. Para él fue SUR, una de sus páginas más logradas. A su amigo Francisco García Giménez le decía: “Desde la barranca de Boedo hacia el sur, se presentían Pompeya y Puente Alsina, con sus portones y sus chimeneas y sus inundaciones; y hacia el norte el último pedazo de Almagro, escenario de José Bettinoti, el pequeño muchacho zapatero que inventó vaya a saber cómo la primera canción de Buenos Aires. Y al otro lado, Cochabamba arriba, las calles anchas y los árboles verdes, y hasta retazos de alfalfares y quintas misteriosas. Y por San Juan ganando el río, el San Cristóbal bravo, llenos de mostradores y escudos de comité y de canchas de taba y pedanas a cuchillo. Boedo era algo así como un paso pesado que diera Puente Alsina para llegar al centro, como también el tránsito obligado a las gentes del centro cuando querían acercar el alma al Riachuelo…Estaban definidos aquí todos los barrios porteños. Se contactaba con nombres como José González Castillo, Leónidas Barletta, Nicolás Olivari y Enrique González Tuñón.

Concurrió al Colegio Nacional y luego a la Facultad de Derecho de la que decía: “esa casa vieja, traída como un asombro ojival/donde anidan cien muchachos locos/que sueñan con la paz/y que hacen simbiosis/pampeadamente rara/de Yrigoyen y Marx. Estos versos fueron dedicados a su paso melancólico por las aulas de la Facultad.

Fue el quinto hijo como dijéramos, de Luis Manzione, modesto hacendado, y de Ángela Prestera, entrerriana de Concepción del Uruguay y llegaría a tener ocho hermanos. Recordemos que se crío en Añatuya, provincia de Santiago del Estero hasta los nueve años; cuando fue trasladado por su madre a Buenos Aires en tanto el padre trabajaba en Añatuya. La familia regresaba de vacaciones a su ciudad natal. De su infancia en el barrio de Pompeya data su familiaridad con la cultura del arrabal porteño, siempre presente en su obra. Sin embargo, Manzi destacaba su filiación del interior y, en ocasiones, firmó con el seudónimo Arauco («»rebelde»» en quichua), para enfatizar su afinidad con la identidad santiagueña.

En Buenos Aires, trabó amistad con Cátulo Castillo, quien sería otro destacado letrista de tango. Bajo su influencia, y sobre todo de su padre José González Castillo, un escritor de cierto renombre, se dedicó a la literatura. Aún adolescente se introdujo en el teatro, escribió, dirigió y actuó en producciones locales mientras, comenzaba su actividad de letrista; en 1922 escribió la primera de sus obras que se conserva, ¿Por qué no me besás?, grabada por Ignacio Corsini en 1926. De esa época data el tango “Viejo ciego”, que presentó al concurso de la revista «»El alma que canta»»

Tras una breve incursión en el periodismo, Manzi trabajó como profesor de literatura y en los colegios nacionales Mariano Moreno y Domingo Faustino Sarmiento hasta 1930. Afiliado a la Unión Cívica Radical, por su apoyo militante al derrocado Hipólito Yrigoyen, y activista de la Reforma Universitaria, el gobierno de facto de Uriburu lo encarceló por un tiempo breve y lo expulsó de ambas cátedras. Exonerado de sus responsabilidades docentes, optó por dedicarse por entero al arte; organizó una compañía de danza con la que salió de gira por el interior del país, por Chile y por Perú.

El renovado contacto con los géneros folclóricos lo estimuló, junto con Sebastián Piana, a revalorizar el alicaído género de la milonga. Su “Milonga del 900” (1932) marcó la renovación del género, al que aportó una complejidad poética sin precedentes; la Milonga sentimental, un poco posterior, fue grabada por Carlos Gardel. En 1941 compone «»Malena»», con música de Lucio Demare y en 1948 “Sur” (tango)- con música de Aníbal Troilo- dos de sus tangos más famosos que se han convertido en clásicos del género y que se siguen cantando en la actualidad.

En 1935, insatisfecho con la dirección alvearista de la UCR participó de la fundación de FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) junto con Arturo Jauretche, Luis Dellepiane y Raúl Scalabrini Ortiz. FORJA, un movimiento que preconizaba el retorno a los principios federalistas de la Constitución, hispanoamericanista y antiimperialista, criticó activamente la política del gobierno durante la llamada Década Infame por su sumisión a los intereses del capital internacional. No fue menos crítico con la oposición de Alvear, cuya complicidad con los intereses de la burguesía porteña era patente. Manzi resaltó los efectos perniciosos de la introducción de capitales extranjeros para con el interior, de acuerdo a una conocida definición suya, «»Santiago del Estero no es una provincia pobre, sino una provincia empobrecida»». Sus acciones le valieron ser expulsado de la Facultad de Derecho.

Durante esos años redobló su producción literaria, e incursionó en el cine. Ya había musicalizado algunas películas, pero produjo en estos años varios guiones, entre ellos el de Nobleza gaucha, de Sebastián Naón —la película muda de más éxito de la historia del cine argentino—, Escuela de campeones, Todo un hombre (con Francisco Petrone), Donde mueren las palabras y Rosa de América. Adaptó también para el cine, en colaboración con Ulyses Petit de Murat la novela “La guerra gaucha”, de Leopoldo Lugones, que dirigiría Lucas Demare con el mismo nombre en 1942. Ese año fundó la Artistas Argentinos Asociados, junto con Petrone, Demare, Sebastián Chiola y el productor García Smith, que sería uno de los pilares de la cinematografía nacional.

Recién a fines de 1947 Manzi se acercó al peronismo, por lo cual fue expulsado del radicalismo, lo que motivó que el 16 de diciembre de 1947 pronunciara un discurso en horario central por Radio Belgrano en el cual entre otros conceptos dijo que «»Perón, como dijo Farías Gómez, es el reconductor de la obra inconclusa de Yrigoyen. Mientras siga siendo así, nosotros continuaremos creyéndole, seremos solidarios con la causa de su revolución que es esencialmente nuestra propia causa. Nosotros no somos ni oficialistas ni opositores: “somos revolucionarios»».

Recién a fines de 1947 Manzi se acercó al peronismo, por lo cual fue expulsado del radicalismo, lo que motivó que el 16 de diciembre de 1947 pronunciara un discurso en horario central por Radio Belgrano en el cual entre otros conceptos dijo que «»Perón, como dijo Farías Gómez, es el reconductor de la obra inconclusa de Yrigoyen. Mientras siga siendo así, nosotros continuaremos creyéndole, seremos solidarios con la causa de su revolución que es esencialmente nuestra propia causa. Nosotros no somos ni oficialistas ni opositores: “somos revolucionarios»».
 

Su admiración por Perón quedó plasmada luego en su poema Versos de un payador al General Juan Perón.

En 1948 fue electo presidente de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores, S.A.D.A.I.C. Ese mismo año dirigió “Pobre mi madre querida”, sobre guión propio. En 1950 repitió con “El último payador”. Para ese entonces, sin embargo, se encontraba ya gravemente enfermo de cáncer. Seguía escribiendo, colaborando sobre todo con Aníbal Troilo, para quien escribiera la letra de «»Sur»». Poco antes de su muerte compuso dos milongas —Milonga a Perón y Milonga a Evita— para Hugo del Carril. El 3 de mayo de 1951 falleció en Buenos Aires.

Sus tangos y su figura quedaron plasmados para siempre en el imaginario popular que canta sus canciones como una hermosa manera de reverdecer.

Dr. Ricardo Federico Mena

Currículum abreviado

El Dr. Mena- Martínez Castro es odontólogo y ha escrito dentro de su profesión diversos trabajos de investigación clínica, como asimismo acerca de variadas materias: Historia, Genealogía, Poesía, Novela, Teatro y Cuento. Pertenece a distintas instituciones académicas de la región y de Buenos Aires, entre ellas es Miembro de Número del Centro de Estudios Históricos y Genealógicos “Gens Nostra” (Centro de Estudio Hispanoamericanos) con sede en Buenos Aires, Miembro correspondiente del Centro de Estudios Genealógicos de Tucumán, Miembro Fundador y de Número del Centro de Investigaciones Genealógicas de Salta, Miembro Correspondiente del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos, Miembro de los Institutos Güemesiano, Belgraniano y Sanmartiniano de Salta, etc. Es autor de importantes trabajos dentro del cancionero popular, dos veces ganador en el Concurso Nacional de la Zamba ( zambas destacadas). Ha recibido numerosos premios provinciales y nacionales en su quehacer, entre los que se encuentran, el Primer Premio de Novela en el año 2000. Ha recibido de la Provincia de Salta el Premio al Mérito Artístico, etc. Colabora con EL INTRANSIGENTE en su columna “Las Calles de Salta y sus Nombres».