SALTA – Mientras el gobernador Gustavo Sáenz celebra la construcción de un alambrado de 200 metros en Aguas Blancas como parte del «Plan Güemes», la realidad en Salta es alarmante. La provincia se ha convertido en un corredor privilegiado para el narcotráfico, con rutas como la 34, 50, 51 y 81 facilitando el tránsito de cocaína.
Desde la cuenta oficial del Ministerio de Seguridad de la Nación, informaron: «Detuvimos a un pasajero boliviano que transportaba 100 cápsulas de cocaína en una riñonera. El colectivo venía desde Salta y tenía como destino Mendoza. Gracias a la GNA, interceptamos en San Juan el ómnibus en el que viajaba e incautamos más de un kilo de cocaína antes de que entrara en circulación».
La construcción de un alambrado y la llegada de fuerzas federales son medidas insuficientes si no se abordan las causas estructurales del problema. La falta de presencia estatal en las fronteras, la corrupción en las instituciones. Y la ausencia de políticas sociales que ofrezcan alternativas a las comunidades vulnerables.
Droga que entra y sale de Salta como si nada
Salta necesita una estrategia integral y sostenida en el tiempo. Que pueda enfrentar el narcotráfico y garantizar la seguridad de sus ciudadanos. O seguirá siendo un territorio liberado para el crimen organizado.
Pese a que la persona que trasladaba las cápsulas fue detenida, logró salir de la provincia con la droga. Algo que debería haberse previsto. Los esfuerzos son insuficientes ante el aparato y toda la estructura que, hasta el día de hoy, sigue teniendo el narcotráfico.