SALTA.- (Ricardo Federico Mena) La provincia que estamos tratando, Santiago del Estero, es una de las provincias situadas al centro del país y que tiene por límites: al NO con la provincia de Salta, al norte y al noreste con la provincia del Chaco, al sudeste con la provincia de Santa Fe, al sur, con Córdoba y al oeste con Catamarca y Tucumán. Es una provincia plena de historia que, de un modo sintético habremos de explorar en esta nota.
Todo su territorio antes de la conquista española que se inició en el año 1536, estaba poblado principalmente por una etnia que los españoles llamaron juríes, perteneciente a los tonocotés, etnia esta que practicaba eficientemente la agricultura, los tejidos y la alfarería realizando admirables trabajos, especialmente los tallados en piedra. Los cultivos los realizaban en una depresión existente en las proximidades del río Dulce, que regaban por inundación.
Sus vecinos al norte y al oeste se asentaban los lules, con una cultura material bastante semejante a la de los tonocotés, aunque con mayores influjos andinos, al suroeste los diaguitas de la parcialidad olongasta-ambargasta, al este los vilelas y mocovíes, y al sur los sanavirones. Por el noreste incursionaban –con graves conflictos interétnicos– los wichís y los tobas de la parcialidad llamada antiguamente macomita.
La epopeya colonizadora en el Tucumán comienza con la “entrada” del Capitán Diego de Rojas y su expedición abarcaba a las actuales provincias argentinas de córdoba, La Rioja, Catamarca, Santiago del Estero, Tucumán, Salta Y Jujuy constituyendo la base geográfica sobre la cual se asentaron las primeras instituciones del gobierno español, y el centro inicial de los desplazamientos humanos que poblaron nuestro país.
Rojas intentó fundar una primera ciudad española Medellín del Soconcho, aunque sin éxito. Este valeroso Capitán murió a consecuencia de una flecha envenenada en un lugar cercano a los actuales límites de las provincias de Santiago del Estero y Córdoba. La capital de este vasto territorio fue Santiago del Estero instalada en forma definitiva por Francisco de Aguirre el 25 de Julio de 1553, cuando se trasladó la ciudad del Barco del Nuevo Maestrazgo de Santiago, fundada antes por Juan Núñez del Prado, cerca del Río Dulce o del Estero.
El Virreinato del Perú fue creado por Real Cédula el 1 de marzo de 1543, y la Gobernación del Tucumán quedó integrada en él, incluyendo el territorio de Santiago del Estero.
Núñez partió de Potosí a fines de 1549 y levantó una primera ciudad en 1550 llamada Barco —en homenaje al presidente La Gasca, nacido en Barco de Ávila, España— en el lugar que luego se elevaría Cañete (1560) y posteriormente en sus cercanías San Miguel del Tucumán en el paraje llamado Ibatín(1565). Esta primera Barco estaba situada fuera de los límites atribuidos a jurisdicción chilena y el 10 de noviembre de 1550 se produjo un enfrentamiento entre Núñez del Prado y el conquistador proveniente de Chile Francisco de Villagra. Debido a esto y a la superposición de jurisdicciones es que Núñez traslada la ciudad a las cercanías de la confluencia de los ríos Amblailla y San Carlos en la actual provincia de Salta con el nombre de Barco II.
La nueva fundación fue hostigada ferozmente por las tribus diaguitas, y además estaba el miedo y el peligro de que sufriera ataques de los integrantes de la corriente chilena, por lo cual se despobló esta última ciudad en junio de 1552, fundando una nueva instalación- Barco III de su emplazamiento anterior.
En Chile, al enterarse Pedro de Valdivia del conflicto entre Villagra y Núñez, y el traslado de la ciudad, nombró a Francisco de Aguirre para mandar en Barco. Aguirre con unos 70 hombres, cruzó la región del Tucumán y saliéndose de su distrito, el 20 de mayo de 1553 expulsó a los hombres de Núñez del Prado, como una demostración de su autoridad sobre la región.
Independientemente de aquella situación, Francisco de Aguirre, el 25 de julio de 1553 fundó la ciudad de Santiago del Estero del Nuevo Maestrazgo, por ser el día de Santiago Apóstol bajo cuya advocación se puso la ciudad.
Posteriormente esta región en 1563 pasó a depender de la Real Audiencia de Charcas perteneciente al del Virreinato del Perú.
En 1564 se creó la Provincia de Tucumán, Juríes y Diaguitas, siendo su primer gobernador Francisco de Aguirre con asiento en Santiago del Estero. Con la creación de la Gobernación del Tucumán en 1566 y del Obispado en 1570, comenzó a desarrollarse tener importancia en la región.
La gobernación del Tucumán era a un extenso territorio de 700.000 km² que abarcaba de norte a sur el Departamento de Tarija en Bolivia y las actuales provincias de Jujuy, Salta, Catamarca, Tucumán, Santiago del Estero, La Rioja y Córdoba. La ciudad de Santiago del Estero fue la primera capital de esta provincia, y en ella se fundó la primera diócesis en actual territorio argentino. Desde ella se fundaron casi todas las ciudades de la Gobernación del Tucumán, por lo que se le da el nombre honorífico de “madre de ciudades”.
Al Cardenal Michele Ghisleri, antes Obispo de Netri y Sutri, y Gran Inquisidor, debe la Argentina su primer obispado. Este Cardenal anteriormente había profesado en la Orden de los Predicadores, habiendo sido elevado al Solio Pontificio con el nombre de Pío V. Pertenecía a familias nobles de Bologna. Fue un cardenal distinguido por sus predecesores los Papas Paulo y Pío IV. Esta importante región tenía organizada su vida civil cuando nada existía en el litoral rioplatense. En lo religioso dependía del Obispado de Santiago de Chile y se subordinaba al obispo de Lima. Era natural que siendo la primera ciudad organizada tuvieran su asiento en ella, las primeras órdenes de regulares que se introdujeron en nuestro territorio, Mercedarios, Franciscanos y Dominicos. Es en esta ciudad de Santiago del Estero, donde fundan y levantan sus primeros templos.
Fue llamada en justicia, como dijéramos anteriormente “MADRE DE CIUDADES”, pues fue la matriz de todas las fundaciones españolas de aquellos tiempos. Además merece ser denominada también “Madre de la Iglesia Argentina”. La tarea misional y las dificultades en la comunicación eran harto difíciles debido a la soledad de las extensiones, salpicadas de tanto por caseríos protegidos por débiles muros de estacas. La necesidad de sus pobladores de sacerdotes era un largo y angustioso pedido a las autoridades de la península. Todo esto contribuyó para que mediante la Bula del 14 de Mayo de 1570 se creara el obispado tucumano, siendo designado para tal función el franciscano Fray Francisco de Beaumont, que ya había sido candidato del Papa Pío V con antelación a su Bula Super Specula. El designado era Guardián en el Convento de su Orden en Jerez de la Frontera, pero murió antes de ser consagrado.
Gonzalo Sánchez Garzón conquistador, compañero de Aguirre, señala en una probanza del siglo XVI que a la ciudad se le impuso el nombre de Santiago del Estro y Nueva Tierra de Promisión, por su importancia en los planos político y religioso, habiendo sido designada como nuevo emplazamiento de la sede diocesana. Los festejos fueron presididos por el Gobernador don Nicolás Carrizo con plegarias y disparos de arcabuz. Seis años más tarde el Rey Felipe II, otorga a Santiago del Estero los títulos de “Muy Noble ciudad” y un escudo de armas por sus muchos y señalados servicios en la conquista.
Había también una razón esencial para que esto sucediese pues en esta región se asentaban las tribus más adelantadas del período prehispánico con una incipiente organización económica y social. Más 800.000 indios fueron empadronados en la jurisdicción de Santiago en la época de su fundación. La nueva fundación tenía ante sí un enorme panorama, pues figuraban en su comprensión Tarija, Jujuy, Salta, Tucumán. Santiago, Catamarca, la Rioja y Córdoba, sin contar con los desaparecidos de Nueva Madrid, Cañete y Esteco. Eran 700.000 kilómetros cuadrados y apenas 1000 españoles blancos.
Después del nombramiento de Beaumont, la elección recayó en su hermano de orden Fray Jerónimo de Albornoz. Falleció luego de embarcado en España, al llegar a Lima. Felipe II en la tarea de nombrar a sus mejores sacerdotes para el cargo el 16 de abril de 1576, comunica la candidatura de otro franciscano Fray Gerónimo de Villacarrillo que declinó modestamente la designación episcopal. Entonces fue nombrado en consulta al rey por el Consejo de Indias, un antiguo comerciante de discutido origen portugués, don Francisco de Vitoria, que resulta entonces el primer obispo efectivo de la Argentina, con sede en Santiago del Estero.
Vitoria se dio a la tarea de organizarlo todo, desde la refacción de la Catedral hasta organizar la venida de los sacerdotes jesuitas, que llegaron al país en 1585. Fueron frecuentes las querellas entre el obispo Vitoria y el Gobernador Lerma, el cual mediante actos de violencia obligaba al obispo a abandonar la ciudad en algunas ocasiones, situación esta que se vio mejorada con el advenimiento del nuevo gobernador don Juan Ramírez de Velazco, gran estadista que sabía valorar la colaboración religiosa en su tarea política, pues no le impidió movilizarse en la producción de frutos del país destinados a la exportación y abrir con ellos la Aduana de Buenos Aires. Victoria tuvo numerosos problemas en su gestión pastoral, pero de la mano de los padres jesuitas Francisco de Angulo y Alonso de Barzana vivió algunas épocas de éxitos pastorales al convertir a innumerables indígenas en las márgenes de los Ríos Dulce y Salado, pasando por los valles calchaquíes o bien hasta los confines de su diócesis en Córdoba.
El siglo XVII fue el e mayor lustre y también el ocaso para la capital hispánica de Santiago del Estero.
Pero la ciudad no tuvo el crecimiento de las demás provincias. Acosada por las periódicas crecidas del río Dulce, careció del crecimiento esperado para una capital de provincia, por esta capital pasó a Córdoba y Salta, alternativamente. La diócesis fue finalmente trasladada a Córdoba.
En 1776 el Tucumán pasó a formar parte del recientemente creado Virreinato del Río de la Plata.
Al subdividirse administrativamente el Virreinato del Río de la Plata, conforme a la Real Ordenanza de Intendentes del 28 de enero de 1782, la actual provincia de Santiago del Estero quedó ubicada dentro de la Intendencia de San Miguel de Tucumán. La Real Cédula del 5 de agosto de 1783, suprimió la Intendencia del Tucumán, con lo cual Santiago del Estero junto con Catamarca, Tucumán, Jujuy, Salta y la Puna de Atacama, pasó a integrar la nueva Intendencia de Salta del Tucumán, con sede gubernativa en Salta. Mientras el resto del territorio formó la Intendencia de Córdoba del Tucumán.
Ya en los momentos previos a la independencia Santiago del Estero apoyó la Revolución de Mayo, pero por diversas razones no tuvo la participación que le hubiera correspondido por su población.
Por decreto del 8 de octubre de 1814, el director supremo Gervasio Antonio de Posadas dividió la Intendencia de Salta del Tucumán y creó la Gobernación Intendencia del Tucumán, con asiento en San Miguel de Tucumán y cuya jurisdicción integraron, además, Catamarca y Santiago del Estero.
Durante los años 1815 a 1817, la provincia fue agitada por dos revoluciones dirigidas por el coronel Juan Francisco Borges, que terminaron con su derrota y fusilamiento por orden de Manuel Belgrano; Luego sobrevendría la autonomía provincial.
Tras la disolución del Directorio y del Congreso, el Gobernador Intendente de Tucumán, coronel Bernabé Aráoz, erigió, el 22 de marzo de 1820, la República Federal del Tucumán, integrada por los territorios que formaban la gobernación intendencia (Santiago del Estero, Catamarca y Tucumán). Sancionando una Constitución el 6 de septiembre de 1820.
El comandante Juan Felipe Ibarra inició una revolución que declaró la autonomía de la Provincia de Santiago del Estero el 27 de abril de 1820. Esto se escribió:
“Nos los representantes de todas las comunidades de este territorio de Santiago del Estero convencidos del principio sagrado que entre hombres libres no hay autoridad legítima sino la que dimana de los votos libres de sus conciudadanos é invocando al Ser Supremo por testigo y juez de la pureza de sus intenciones, declaramos: 1° La jurisdicción de Santiago del Estero uno de los territorios unidos de la Confederación del río de la Plata. 2° No reconocer otra soberanía ni superioridad sino la del Congreso que va á reunirse para organizar la federación”…
Ese día un cabildo abierto lo designó gobernador, separándose de la jurisdicción tucumana y uniéndose a las demás provincias argentinas. Aráoz no se quedó quieto e intentó recuperar Santiago del Estero, pero en 1821 fue derrotado por Ibarra, que gobernó la provincia hasta el año de su muerte, en 1851, es decir durante treinta años, casi sin interrupción, logrando mantener la provincia en la órbita del Partido Federal. En sus últimos años, fue el apoyo más firme en el Norte Argentino de Juan Manuel de Rosas.
Años más tarde, Santiago del Estero apoyó la Confederación Argentina y dictó su primera Constitución en 1856.
Durante las décadas de 1850 y 1860, bajo la dirección de Manuel Taboada, sobrino de Ibarra, la provincia fue firmemente aliada del partido unitario y ayudó a su triunfo antes y después de la batalla de Pavón.
Por decreto del 8 de octubre de 1814, el director supremo Gervasio Antonio de Posadas dividió la Intendencia de Salta del Tucumán y creó la Gobernación Intendencia del Tucumán, con asiento en San Miguel de Tucumán y cuya jurisdicción integraron, además, Catamarca y Santiago del Estero.
La cultura de Santiago del Estero es una combinación entre los mitos de las tradiciones aborígenes originarias y la civilización medieval europea, impuesta por los españoles.
En Santiago del Estero, se habla el quichua, una variedad del quechua sureño, la cual se emplea en 14 de los 27 departamentos de la provincia, con un número estimado de 120.000 hablantes. En Santiago del Estero, actualmente una parte de la población habla un dialecto del quechua sureño (o runa simi) llamada la quichua. Y hoy representa a una de las tantas calles de Salta.
Dr. Ricardo Federico Mena