SALTA.- (Ricardo Federico Mena) Mariano Pascual Necochea, militar argentino de gran trascendencia en la vida de nuestra patria, nació en Buenos Aires el 7 de septiembre de 1792. Fue conocido como extraordinario militar, un grande de las armas de la patria, guerrero de la independencia, que acompañó con eficiencia probada y en todo momento a los más importantes generales de la liberación de nuestro suelo, como asimismo a los territorios chileno y peruano. Por esos hitos, una de nuestras calles de Salta lleva su nombre inscripto.
Infancia y juventud
Fueron sus padres, ambos españoles, don Casimiro Francisco Necochea, comerciante de gran fortuna, y su madre doña María Mercedes Sarasa y Tirado. Fue, debido a su gran concentración en los negocios paternos, el motivo por el que no participara en la Revolución de Mayo, aunque la siguó con atención. Sorpresivamente se alistó en el Regimiento de Granaderos a Caballo el 24 de abril de 1812, con el grado de Alférez, habiendo muy pronto sido promovido al grado de Teniente. Participó de la Batalla de San Lorenzo y fue ascendido al grado de Ayudante Mayor. Fue el encargado de redactar el parte de la victoria por disposición del Jefe del Regimiento, el entonces Coronel San Martín, que lo hiciera por la gran cultura adquirida durante sus estudios en España.
Mariano Necochea, aparte de pertenecer a una familia acomodada, pudo calzarse sin problemas el sobrio uniforme de Granadero. Pero lo que también fue uno de sus distintivos, aparte de famosa valentía y arrojo en el combate, fue su gran arrojo para las conquistas femeninas, ya que era portador de una singular apostura física. El bautismo de fuego del famoso Regimiento de Granaderos a Caballo fue la batalla de San Lorenzo, donde se comportó como sería su temple en los combates, de los que participaría en tiempos futuros. Esta relación con el General San Martín sería determinante para su carrera militar, siendo el principio de su fama como soldado destacado y heroico.
Fue incorporado al Ejército del Norte y, ni bien llegado a Tucumán, prestó servicios en las tropas que estaban destinadas a reforzar y apoyar lo que quedaba del desmoralizado ejército del General Manuel Belgrano. Bajo las órdenes de Rondeau se dirigió hacia el norte, donde tuvo un accionar ejemplar en el encuentro del Tejar, en el mes de febrero de 1815, donde se salvara de caer prisionero debido a sus arriesgadas y temerarias acciones. En el año 1816, fue nombrado Jefe de la escolta del Director Supremo, Juan Martín de Pueyrredón. Luego de aquello, participó de los combates de Sipe-Sipe y Venta y Media, antes de ser trasladado a Mendoza para integrar las fuerzas que San Martín preparaba para liberar a Chile.
La hazaña de Mariano Necochea en el Ejército del Norte
Ocurrió una vez, estando en el Ejército del Norte, que consumó la hazaña de enfrentar sólo con 25 granaderos a una fuerza española considerablemente superior en número y armamento. En aquella oportunidad, recurrió a sus acostumbrados lances de heroísmo. Montando su caballo en pelo y sable en mano, se abrió paso partiendo en esta acción el cráneo de un soldado español, que intentaba detenerlo. El resto de sus comandados pudo pasar sin dificultades la cerrazón enemiga.
Quedó grabado así, a fuego, su patente de héroe portentoso. Pero, aparte de su arrojo en los lances de la guerra, quedó también grabada para la memoria de los tiempos su arrojo como conquistador. Debido a su apostura física, logró enamorar a la mujer del jefe enemigo Pedro Antonio de Olañeta, Pepita Marquiegui. Esta relación no pudo prosperar. Duró apenas tres meses, debido a la urgencia por llegar para el cruce de los Andes. Fue un rapto de pasión y de locura cuando los ojos negros de Necochea se encontraron con los azules de Pepita. Olañeta, poco atractivo y viejo, se encontraba en el Ato Perú organizando las tropas del rey. Pepita y Mariano se encontraban en Jujuy. Participó con igual ardor en los combates de Chacabuco, Talcahuano, Cancha Rayada y Maipú.
Sus amores
Corría el año de 1814 cuando conoció a María Dolores Puente, natural de la ciudad de Potosí, y de 17 años, de la cual se enamoró perdidamente. Se casaron por poder un año después, pues Necochea se encontraba en campaña. Fue su padrino el íntimo amigo de San Martín, Gral. Tomás Guido. Tuvieron una hija a la que pusieron por nombre Benjamina. La niña nació en Tucumán. Al año siguiente, María Dolores pasó a vivir en Buenos Aires, alojándose en casa del General Balcarce. Al mismo tiempo, su esposo se incorporaba al Ejército de Los Andes en la ciudad de Mendoza.
Los amores seguirían persiguiéndole cuando, ni bien terminada la batalla de Chacabuco, conoció a la joven Josefa Sagra, esposa del coronel realista Morgado. Josefa llevaba como apodo aquel que llevan casi todas las Josefas: Pepita, que, al quedar viuda en 1819, viajó al Perú para encontrase con nuestro general Necochea. El coronel Morgado sería asesinado en aquel año, un 7 de febrero, estando prisionero en San Luis. La relación amorosa de ambos estuvo interrumpida por los múltiples compromisos de guerra de Mariano. A pesar de ello, Pepita le demostró una lealtad y fidelidad apasionada, pues cada vez que Necochea la necesitaba, Pepita siempre estaba a su lado. Cuando estuvo al borde de la muerte, luego de la batalla de Junín, Pepita estuvo junto a él, como un bálsamo, para asistir las catorce heridas recibidas en combate.
Cuenta la historia que don Mariano, en Chile, extrañaba a su hija Benjamina; es entonces que Pepita Sagra, en un acto de amor incontrolable, atravesando los Andes, secuestró a la hija de su amado para entregársela en Chile. Necochea pensó entonces que su hija no podía estar separada de su madre; es entonces que Pepita se pone nuevamente en acción, volviendo a cruzar los Andes para reintegrar a Benjamina a su familia.
Decíamos que, estando en Chile el amor volvió a jugarle una mala pasada, ya que enamoró a la joven esposa del bravo coronel Morgado, famoso por su fama de sanguinario. Mala idea la de Necochea al afrontar este peligro. La historia terminó con un balazo de Morgado, el que por suerte fue a dar en la mano. Cuenta la historia que Morgado, disfrazado de patriota, volvió sobre sus pasos y corrió presurosamente a limar sus cuernos.
Quedó para eterna memoria una cicatriz en aquella mano y otra cicatriz en corazón, como recuerdos de aquel lance que no olvidaría ni en sus últimas instancias.
Campaña chilena
Durante su campaña chilena, obtuvo el grado de Sargento Mayor, estando destacado en la vanguardia del General Bernardo O´Higgins. Con aquel grado, se batió en la acción de Las Coimas, teniendo en la oportunidad fuerzas significativamente inferiores a las que contaba su oponente, el coronel Quintanilla. También, durante esta campaña, participó con su acostumbrado valor en la acción de Chacabuco, a las órdenes del General Las Heras. Participó de la acción sorpresiva de Cancha Rayada, también de Maipú, acción esta en la que fue herido nuevamente. Durante la campaña en que las fuerzas independentistas lucharon contra las realistas en el sur chileno, participó del asalto a la fortaleza de Talcahuano, durante el año 1817. Su valor seguía siendo indiscutido, al punto de que le fue concedido el grado de Coronel graduado y la medalla “Orden del Mérito”.
Durante la campaña chilena tuvo una destacada actuación en la formación moral y militar de la joven oficialidad patriota. También estuvo a su lado su hermano Eugenio Necochea, que también por sus propios méritos alcanzó el grado de General del Ejército trasandino. Permaneció en este país hasta el comienzo de la nueva campaña del Perú.
Ocupación en Perú
Durante esta campaña, participó de las acciones en que la fuerzas patriotas ocuparon las ciudades de Lima y del Callao. Obtuvo entonces el grado de General de Brigada en el año 1821. Bajo las órdenes del general Arenales, combatió en la segunda Campaña a la Sierra, siendo el segundo en el mando. Participó de las acciones de Nazca y Cerro Pazco. Fue ascendido al grado de General de Brigada durante las acciones que llevaron a la toma del Callao.
Durante la ocupación de Lima fue el primero el que a la cabeza de sus tropas entrara en la ciudad, siendo su actuación sobresaliente. El 2 de diciembre de 1821 le fue concedido el ya mencionado ascenso a General de Brigada.
En octubre de 1821, la conspiración contra San Martín y fruto de la envidia que despertaba su arrojo, salpicó el nombre de Mariano Necochea, a pesar de no haber participado de movimiento alguno. De un plumazo, se olvidaron de tantos méritos y de tantas batallas, lo que le obligó a abandonar Lima, para pasar a Trujillo y Guayaquil, donde se presentó a Bolívar. Fue nombrado por este como gobernador de Lima en el año 1824.
Prestigio
Su prestigio volvió a consolidarse durante la Batalla de Junín, que se desarrolló en la Pampa de Junín o en la Meseta de Bombón, en el centro del Perú, a orillas del lago Junín o Chinchaycocha, situado a 4.000 metros sobre el nivel del mar.
Fue publicado en el diario “El Progreso” de Santiago de Chile que durante esta campaña de Junín recibió 14 heridas, entre ellas, 4 sablazos en la cabeza. Dos le quebraron el brazo izquierdo, que perdió para siempre; otro en la mano derecha que le inutilizara tres dedos. Recibió asimismo dos sablazos en el costado izquierdo y una estocada en el vientre. Siguieron 4 heridas de menor cuantía en los brazos. Como quedara inválido, Bolívar le encomendó la dirección de la Casa de la Moneda en Perú. Corría el año 1825.
En el Perú, Mariano Pascual Necochea, fue nombrado Gran Mariscal. Fue además según algunos, Hermano Masón y Primer Venerable Maestro, de la logia Virtud y Unión Nº 3, fundada el 12 de setiembre de 1823, en Lima.
Sus últimos años
Mariano Necochea regresó a Buenos Aires y permaneció junto a su esposa María Dolores. Fue apenas unos pocos meses, ya que su matrimonio había estado separado durante 12 años. Mariano Necochea casó finalmente con Pepita Sagra, viviendo con ella en Lima hasta su muerte, ocurrida en 1849, en Miraflores.
Moría un grande de las armas de la patria. Un acendrado patriota que acaso si hubiera podido resurgir de la tumba, lucharía con su acostumbrado denuedo, para solucionar los aciagos momentos que vive la patria, en manos regímenes ineptos y totalitarios. La actual democratura de las bandas aplaudidoras del poder.
Ricardo Federico Mena