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Salta

Impuestos un 549% más altos y rebajas para los country y los amigos, el plan de Emiliano Durand

La gestión de Emiliano Durand como intendente capitalino se ha convertido en un manual de injusticia fiscal disfrazada de progresismo.

Emiliano Durand

SALTA (Diego Nofal).- La gestión de Emiliano Durand como intendente capitalino se ha convertido en un manual de injusticia fiscal disfrazada de progresismo. Desde que asumió el ejecutivo municipal, los contribuyentes enfrentan una asfixia impositiva sin precedentes. Mientras la inflación nacional escaló un 143 por ciento, los impuestos locales se dispararon un escandaloso 590 por ciento. Esta desproporción no es un error técnico, es el corazón de un sistema diseñado para castigar a los más débiles y premiar a los poderosos.

Ahora Durand impulsa una reforma tributaria que promete ajustar las tasas según los servicios municipales recibidos. Bajo este eslogan engañoso se esconde una perversidad matemática. Los barrios humildes como Ceferino, San Antonio o Villa del Carmen, pese a su pobreza, cuentan con alumbrado público y recolección de residuos. Estos servicios básicos, según la nueva lógica, los convertirían en sujetos de mayor carga tributaria. Mientras tanto, los countries de élite, donde los residentes financian internamente servicios como recolección de basura o iluminación, verían reducir sus obligaciones. El resultado es obsceno familias pobres subsidiando el descuento fiscal de los más ricos.

Qué han recibido los ciudadanos a cambio de este saqueo impositivo en apenas 16 meses de gestión. Nada que se parezca a obras de relevancia. La supuesta obra estrella, la remodelación de plaza Alvarado, consumió casi 500 millones de pesos para apenas renovar césped, arreglar senderos e instalar luminarias. Peor aún el municipio adelantó el 50 por ciento del pago a la empresa contratista, eliminando todo riesgo privado en un modelo de negocios donde el estado asume costos y ciudadanos asumen deudas.

Este silencio tiene dueño. Y se llama Emiliano Durand. Numerosos medios dependen económicamente de la pauta publicitaria municipal, tejiendo un manto de complicidad que ahoga las voces críticas. Pero el verdadero termómetro llegó en las urnas. La contundente derrota del oficialismo en Capital el pasado 11 de mayo refleja un hastío popular que atraviesa clases sociales. El cuento de la eficiencia tributaria se agrietó frente a la realidad calles sin mejoras, servicios que no se modernizan, y una clase media que elige entre pagar impuestos o comer.

La reelección de Durand pende de un hilo. Un candidato de La Libertad Avanza no solo respira en su nuca, sino que proyecta una victoria real en 2027. Los números del desgaste son implacables cuando se gobierna para los country y se administra para los amigos. Cada factura con aumentos estratosféricos es un voto que se pierde, cada plaza sobrevalorada un símbolo de la decadencia.

El plan de Emiliano Durand exprime a los que menos tienen para financiar privilegios. Su reforma tributaria no busca justicia, sino institucionalizar la transferencia de recursos de las mayorías a las minorías opulentas. En este esquema perverso, la pobreza se castiga con más impuestos y la riqueza se premia con descuentos. La pregunta que late en las veredas rotas y los bolsillos vacíos es simple ¿Hasta cuándo?

La resistencia ciudadana ya comenzó. No en los grandes titulares, sino en el gesto de quien rompe una boleta impositiva impagable. En el voto protesta de mayo. En el murmullo que crece en las ferias libres y las unidades básicas desiertas. Durand cometió un error fatal creer que los contribuyentes son cajeros automáticos sin memoria. La cuenta regresiva para 2027 ya empezó, y cada punto porcentual de ese 590 por ciento acumulado será un escalón hacia su salida.

Los impuestos no son un fin, son un medio para construir ciudad. Cuando se convierten en herramienta de desigualdad, dejan de ser política fiscal para ser simple confiscación. Y contra la confiscación, tarde o temprano, se levanta un pueblo