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Calles de Salta

Las calles de Salta: Aarón Castellanos

Aarón Castellanos fue un militar argentino que luchó por el poblamiento de la provincia de Santa Fe. Por su trayectoria, su nombre está inscripto en una de las calles de Salta.

Aarón Castellanos

SALTA.- (Ricardo Federico Mena) Aarón Castellanos nació en la provincia de Salta, en una fecha un tanto imprecisa pues algunos de sus biógrafos lo dan como nacido un 8 de agosto de entre los años 1799-1802; y fallecido en la ciudad de Rosario de Santa Fe el 1 de abril de 1880). Diremos, sintéticamente, que fue un colonizador y un militar argentino que luchó denodadamente por el poblamiento de la provincia de Santa Fe. Por su trayectoria, su nombre está inscripto en una de las calles de Salta.

Su tarea más importante culminó con la fundación de la primera colonia agrícola establecida con colonos europeos, denominada Colonia Esperanza en el año 1852. Siendo muy joven, en su faz militar, luchó bajo las órdenes del General Martín Miguel de Güemes con el grado de Teniente en el Regimiento de Los Infernales. Además para completar esta primera visión de lo que fue su vida, diremos que fue uno de los iniciadores de la exploración del Río Bermejo.

Primeros años de Aarón Castellanos

Fueron sus padres el salteño don Marcos Castellanos y Jáuregui y Magdalena Velasco, cuyos antepasados se encontraban establecidos en la provincia desde el siglo XVIII. En el año 1826, contrajo matrimonio con doña Secundina de la Iglesia y Castro un día 17 de junio. Nació don Aarón en el seno de una aristocrática familia salteña y pasando su infancia en esta ciudad.

Su espíritu inquieto le llevó a participar en el comercio minero con el Perú, donde hizo fortuna al trabajar en la mina de oro y plata de Pasco, a la sazón la más importante de aquel país.

Habiendo ya asentado su posición económica, el espíritu emprendedor que poseía le llevó a intentar distintos proyectos, negocios y empresas que en el devenir del tiempo tuvieron disímiles resultados.

La exploración en el río Bermejo

Una de sus múltiples propuestas era la de explorar el Río Bermejo, cuyo objetivo era el de acelerar la comunicación fluvial entre Salta y Buenos Aires a través del circuito Bermejo, Paraná y Paraguay, interrumpido luego de 1810. Una vez lograda la concesión de este proyecto y teniendo como socio accionista al jujeño Pablo Soria el emprendimiento se realizaba con total normalidad, hasta que en el año 1824, tanto Soria como algunos de sus hombres fueron apresados al ingresar a la frontera paraguaya por el dictador Dr. Francia, y retenidos en calidad de prisioneros hasta el año 1831. La expedición se componía también con la presencia del socio Victorino Solá

La nave con la cual realizaron la expedición era de madera, y estaba protegida con un betún mineral que se encontraba en la región del Bermejo. Al llegar navegando al río Paraguay, hasta la localidad Naumburú, como decíamos anteriormente, fueron detenidos por fuerzas del doctor Rodríguez de Francia, habiendo sido decomisados, armamento, planos e instrumentos. Pablo Soria al regresar luego de su cautiverio, tuvo que rememorar los accidentes del río, pues los planos se habían perdido para siempre.

En consecuencia ante la evidencia del fracaso de la expedición, aunada a la pérdida de su dinero y a las ideas políticas contrarias a las de Rosas, se vio obligado a emigrar a Francia para estar lejos de la lucha fratricida que se había entablado en su país, como también para educar a sus hijos. Ansiaba estar distanciado de todas estas calamidades.

Otros proyectos

La caída de la dictadura era una cuestión inexorable, una cuestión de tiempo. La creencia del mundo era que finalmente la Argentina se encausaría hacia una constitución. Esto hizo pensar a Castellanos, que las cosas podrían cambiar, y más que nunca germinó en él la idea de traer inmigrantes europeos al país; estando en Europa interesó a capitalistas de Inglaterra (Banca Rothschild), para construir un ferrocarril que uniera las ciudades de Córdoba y Buenos Aires. Corría el año 1852, cuando también entablara conversaciones con la Confederación Argentina, cuya sede se encontraba en la ciudad de Paraná. Su proyecto no fue aceptado, pero entonces procedió a golpear las puertas de Estado de Buenos Aires, dirigido por Bartolomé Mitre. Recordemos que entre los años 1852 hasta 1860 el estado de Buenos Aires estuvo separado de las Confederación Argentina.

De acuerdo al cuadro de situación que presentaba la patria, tenía inmejorables opciones para la instalación de las mencionadas colonias: el sur de la provincia de Buenos Aires, con extensión hacia la Patagonia, además de la provincia de Santa Fe. Castellanos comprendía que las nuevas instalaciones debían ubicarse en las márgenes de los grandes ríos y naturalmente del mar, pues aún no se contaba con la red ferroviaria que comunicara el litoral del país con las provincias interiores.

Otro de los grandes proyectos de este iluminado argentino fue la colonización de Río Negro, Chubut hasta el Estrecho de Magallanes. Como se le adeudaran créditos, solicitó para sí, la entonces llamada Península de San José, luego denominada Península de Valdés. El tratamiento por parte del entonces ejecutivo Nacional de la Confederación, General Justo José de Urquiza, negó a Castellanos este pedido, por encontrarse inhibido para el tratamiento de las tierras públicas. En consecuencia este visionario, puso su mirada en la provincia de Santa Fe.

Aumento de la población

Corría el año 1877, cuando don Aarón publicaba un folleto ilustrativo explicando lo que había propuesto al gobierno nacional. El folleto se denominó: Colonización de Santa Fe y Entre Ríos, y el ferrocarril de Rosario a Córdoba. En el mismo decía:

“Mi intención era poblar el Chaco con mil familias agricultoras traídas de Europa, no para guardar sus fronteras ni sus haciendas, porque ni una ni
otra cosa había, desde que los indios eran como dueños absolutos hasta los suburbios de la ciudad; pero sí para cubrir una parte de sus fértiles campos con agricultura, por cuyo medio sería una de las provincias más ricas y pobladas de la Confederación, siendo como era, entonces quizás la más pobre en habitantes y capitales. Y que, además, las mismas colonias serían la mejor salvaguarda de los campos, que quedarían a cubierto para entregarse con confianza a la cría del ganado, multiplicando así su riqueza.” Lamentablemente sus proyectos volvieron a fracasar; el visionario manifestaba su desilusión, con estas palabras:

“Desde que regresé de Europa, advertí que corría por lo bajo en algunos círculos, y entre los congresales mismos también, que la aglomeración de extranjeros no convenía, porque se corría el riesgo de que ellos se apoderasen del país, y que era preciso desparramarlos.”

“Creyendo o aparentando creer semejante absurdo, no tan sólo fue desechado el contrato hecho a nombre del Gobierno Nacional, sino que ya se había resuelto también no cumplirme el que yo había celebrado con el Gobierno de Santa Fe, autorizado y garantizado hasta por el Congreso, (N. del A. Nacional) cuando se reunió, estando yo en Europa, ya en gestión de los colonos…”

Su dinamismo le hizo encarar otras actividades, para lo cual se establece en la ciudad de Rosario, donde adquiere un muelle privado, el cual trabajó hasta su muerte. Ocupó cargos públicos entre 1861 y 1868

No obstante, existe como testimonio de su empuje, una amplia documentación acerca de la obra que trascendiera el tiempo, cual era la fundación de la Colonia Agrícola “Esperanza”.

El día 15 de junio de 1853, se firma un contrato entre Aarón Castellanos y Manuel Leiva, en su calidad de Ministro de Gobierno de la provincia de Santa Fe, siendo gobernador de la misma don Domingo Crespo. Dicho contrato de colonización establecía que el colonizador se comprometía a poblar la zona con familias europeas y agricultoras, a cambio que el gobierno otorgara subdividiendo la propiedad una porción de tierra a cada una de ellas.

La ubicación de los terrenos a colonizar fueron elegidos por ambos contratantes, es decir por la provincia de Santa Fe y don Aarón Castellanos, eligiendo el gobierno la margen oeste del río Paraná, mientras que don Aarón se inclinaba por ambas márgenes del río Salado, al norte del pueblo de San Javier.

El primero de los contratantes se comprometía a otorgar a cada familia de colonos, veinte cuadras de tierras fiscales a los cinco años, entregándoles un rancho, instrumentos de trabajo, víveres, semillas de algodón, tabaco, trigo, maíz, papa y maní, como asimismo bueyes y caballos que facilitaran el trabajo. Fueron doscientas familias las pioneras, que incentivaron el doblamiento de la provincia de Santa Fe. En realidad lo que el gobierno entregó fueron 33 hectáreas, y hacia 1861 los cultivos en la colonia alcanzaron a 5.400 Ha. sembradas. Esto constituyó la primera etapa de la colonia Esperanza.

En el año 1853, «…el célebre contrato del 15 de junio del mismo año, fue considerado con razón, como el acta de fundación de la primera colonia de agricultores europeos, duradera y de real trascendencia, establecida en el país…» Fue nada menos que la mencionada Colonia Esperanza.

Castellanos en este contrato se comprometía a traer 1000 familias «honestas y laboriosas», divididas en grupos de 200 familias, compuestas cada una por 5 individuos útiles de más de 10 años de edad, radicando el primer grupo inicial en el término de dos años y antes de diez años, todo el contingente de 1000 familias. Por su parte el Gobierno Provincial, como adelantáramos, le daría a cada familia 20 cuadras cuadradas de tierra pública, para su labor, más una superficie de 4 leguas cuadradas alrededor de cada colonia, de propiedad de todos, o común para el pastoreo de las haciendas que ellos pudieran tener. Castellanos para ayudarse creó una Sociedad de Colonos, suscribiendo acciones, entre los principales comerciantes y ganaderos de Santa Fe, para tener más respaldo.

Diremos como corolario que don Aarón Castellanos no pudo traer las mil familias prometidas, pero el primer contingente comenzó a realizar la propaganda por milenario sistema de boca a boca.

En Europa se originó una corriente adversa hacia la Argentina, diciendo que se trataba de un país salvaje, donde las fieras dominaban el territorio. Esto obligó a Castellanos a imprimir su folleto de presentación de las ventajas de la Argentina titulado «Légeres noticies sur le Río de la Plata» («Ligeros apuntes sobre el Río de la Plata») que, traducido a tres idiomas, distribuye en Francia, Holanda, Bélgica y Suiza. Aquel folleto «fue el golpe de gracia» para quienes denostaban a la Argentina.

Falleció el 1 de abril de 1880 y actualmente sus restos descansan en el centro de lo que fue la llamada calle ancha, que dividía según el contrato, las dos secciones de la colonia, es decir lo que es hoy la plaza principal de Esperanza al pie del monumento nacional de la Agricultura.

Mercedes Castellanos

Mercedes Castellanos de Anchorena, conocida además como Condesa Pontificia María Luisa de las Mercedes Castellanos de la Iglesia, nació en Rosario, provincia de Santa Fe, el 24 de septiembre de 1840 y falleció en Buenos Aires el 9 de julio de 1920. Fue una destacada mujer de la aristocracia argentina de la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX quien encargó la construcción del Palacio Anchorena al arquitecto Alejandro Christophersen, edificación de estiíllo Bellas Artes que es actualmente el Palacio San Martín, sede de ceremonial de la Cancillería de la República Argentina.

Mercedes impulsó la construcción de varios edificios para la Iglesia. Erigió la Iglesia del Santísimo Sacramento en un terreno de Buenos Aires, donado por ella, donó el altar de mármol del Señor del Milagro en la Catedral de Salta (que insensatamente se pretendió desmantelar para trasladar las imágenes a un campo en las afueras de la ciudad), y parte de las instalaciones del Seminario Conciliar de Buenos Aires (inaugurado en 1897) en compañía del Arzobispo Uladislao Castellanos y del presidente José Evaristo Uriburu. Asimismo ejerció la beneficencia y dio becas a jóvenes del interior, que eran aptos para ser admitidos por el Colegio Pío Latino en Roma, motivo de ello el Vaticano le otorgó el título de Condesa Pontificia y además la condecoró con la Dama de la Rosa de Oro.

Ricardo Federico Mena