SALTA.- (Ricardo Federico Mena) Juan José Antonio Castelli nació en Buenos Aires, 19 de julio de 1764 y murió el 12 de octubre de 1812. Pertenecía a una familia acomodada integrada por la porteña María Josefa Villariño y por Ángel Castelli Salomón, un médico de origen veneciano. Su actividad política le llevó a residir en otros lugares de Sudamérica, como Chuquisaca y Córdoba. Fue uno de los más importantes dirigentes revolucionarios de Hispanoamérica, de profesión abogado y, como decíamos, destacado político de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Por ello, una de las calles de Salta lleva su nombre.
Fue conocido como «el orador de Mayo», y se caracterizó junto a Mariano Moreno por su enérgico apoyo al movimiento producido en aquel mes. Fue además miembro de la Primera Junta, cuerpo colegiado que asumió el gobierno tras dicha revolución.
Castelli fue el primero de los ocho hijos que tuvieran sus padres, y estaba emparentado con Manuel Belgrano, de quien era primo. Cursó sus primeros estudios con los jesuitas en el Real Colegio de San Carlos, lo cual sentó las bases de sus posteriores estudios religiosos.
Los padres por disposición hereditaria habían dejado a uno de sus hijos la misión de convertirse en sacerdote, y el destino quiso que recayera en Juan José, quien fue enviado a realizar sus estudios en el Colegio Monserrat de la ciudad de Córdoba. En esta ciudad fue compañero de otros importantes patriotas como Saturnino Rodríguez Peña, Juan José Paso, Manuel Alberti, Pedro y Mariano Medrano y el cuyano Juan Martínez de Rozas, entre otros, los cuales influyeron en su vida pública. En aquella ciudad tomó contacto con las obras de de Voltaire y Diderot, como asimismo con el Contrato Social de Rousseau. Ni bien finalizados los estudios escolares, hubo de comenzar sus estudios universitarios orientados a la filosofía y a la teología. Su padre muere en el año en 1785 y, es entonces cuando abandona su carrera sacerdotal, la que evidentemente no era de su agrado, como tampoco correspondía a su fogoso temperamento. Sus hermanos fueron Mónica, Joaquín, María Ventura, Francisco, María Dolores y Rosa Micaela. Por aquellos tiempos en Buenos Aires, todavía, para acceder a los cargos públicos de mayor importancia, los aspirantes debían probar limpieza de sangre “que han sido, y son cristianos viejos, y de calidad notoria, limpios de toda mala raza de indios, mulatos y otras cosas semejantes…”
Decidido a estudiar jurisprudencia, rechazó la intención de su madre de enviarlo a estudiar a España, junto a su primo Manuel Belgrano, donde concurriría a las universidades de Salamanca o Alcalá de Henares. En lugar de ello, optó por dirigirse a la Universidad de Chuquisaca, donde conoció los ideales de la Revolución francesa. De regreso a Buenos Aires, se estableció como abogado, abriendo estudio en su casa familiar. Fue casado en el año 1794 con María Rosa Lynch procreando a Ángela, Pedro (futuro coronel), Luciano, Alejandro, Francisco José y Juana.
Fue en 1794 cuando llegó a las costas del Plata una copia de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, sancionada por la Revolución Francesa, circulando la misma clandestinamente por el Virreinato del Río de la Plata. Todo parecía alinearse en su futuro, pues llegaba Manuel Belgrano que había finalizado sus estudios en Europa, y obtenido el cargo de Secretario Perpetuo del Consulado de Comercio de Buenos Aires. Ambos primos compartían ideas contrarias al monopolio y a los derechos conculcados de los criollos. Belgrano intentó nombrar a Castelli Secretario Interino del Consulado, como suplente suyo, pero debió enfrentar una fuerte oposición de los comerciantes españoles que demoraron dicha designación hasta 1796. Belgrano intentó también nombrarle sucesor de su cargo, debido a las largas licencias que debía tomar por una enfermedad contraída durante su estancia en Europa. Castelli también tuvo dificultades para tomar su cargo de Regidor Tercero de Cabildo, debido a la oposición de los comerciantes españoles ligados al puerto de Cádiz. Finalmente fue aceptado por orden real en mayo de 1800.
Al cerrarse el Telégrafo Mercantil, los criollos no tenían un órgano válido de expresión y, fue entonces cuando Hipólito Vieytes, funda el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio. Castelli, constituía un grupo que se reunía en la casa de Rodríguez Peña para proponer ideas a fin de mejorar las técnicas de la agricultura, la quita de las restricciones al comercio, además del desarrollo de manufacturas, entre otras.
Por aquél entonces Castelli se había mudado de vivienda, trasladándose a una chacra en las afueras en el actual barrio de Núñez. Algunos de sus vecinos en la zona eran Cornelio Saavedra, Juan Larrea, Miguel de Azcuénaga y José Darregueira; en dicha chacra tendría sembradíos y una fábrica de ladrillos. El 2 de junio de 1806 murió su madre. Castelli aún se encontraba de de luto cuando, ese mismo mes, llegaron noticias del desembarco inglés en Quilmes.
El partido de la independencia, del cual formaba parte, fue tomado por sorpresa por la velocidad de los acontecimientos: en primer lugar, no habían sido avisados de que aquella expedición fuera a tener lugar, luego, la proclama inglesa hablaba de respeto a la religión, las propiedades, el orden, la libertad y el comercio, pero no se había emitido una palabra relativa a los proyectos de Francisco de Miranda. Para aclarar dichos puntos se formuló una entrevista con Beresford, para inquirir si se mantenía la promesa del gobierno de Londres para apoyar la independencia.
Beresford respondió con evasivas, argumentando que no tenía instrucciones en dicho sentido y que con la reciente muerte de William Pitt, y el ascenso de los liberales al poder inglés, debía aguardar nuevas órdenes. Desde el punto de vista de los criollos, aquello implicaba que los ocupantes sólo aspiraban a anexar la ciudad al Reino Unido; lo cual hubiera significado cambiar una metrópoli por otra. A pesar de ello, intentaron un último golpe de mano: tras la reconquista de Buenos Aires lograda por Santiago de Liniers, Saturnino Rodríguez Peña ayudó a Beresford a fugarse, con el propósito de que éste convenza al jefe de la nueva invasión de aplicar los proyectos de Burke y Miranda. La segunda invasión inglesa sepultó las últimas esperanzas de los patriotas criollos, en la estrategia de acercamiento que impulsaba el venezolano Miranda. Castelli, al igual que Belgrano, Martín Rodríguez, Domingo French y Antonio Beruti, combatieron contra quienes poco antes consideraban sus posibles aliados.
La defensa de la ciudad fue exitosa, pero luego sobrevendrían las disputas entre Liniers y el Cabildo de Buenos Aires, liderado por Martín de Álzaga.
Tanto Álzaga como Liniers representaban a facciones con intereses contrapuestos a la separación de la metrópoli: Álzaga y el Cabildo, a los comerciantes ligados con Cádiz, y Liniers a los funcionarios del poder monárquico. Aun así, ambos procuraban utilizar la creciente influencia criolla en su favor.
A fines de 1807 tuvo lugar un acontecimiento que revolucionó la política española: luego de invadir Portugal, Napoleón Bonaparte tomó España. El rey Carlos IV abdicó en favor de su hijo Fernando, pero Napoleón lo capturó e intervino para que en su lugar se nombrara como rey de España a su hermano José Bonaparte.
Los independentistas procuraban restablecer el sistema monárquico con Carlota Joaquina de Borbón, hermana de Fernando VII, maniobra que no resultara debido a las desmesuradas pretensiones de la princesa.
Transcurría el tiempo y la serie de acontecimientos que se suscitaron, motorizados por Castelli y Belgrano, desembocaron en la conocida Revolución de Mayo, y consecuentemente a la concreción del conocido Cabildo Abierto. Por aquel entonces los líderes más notorios eran Castelli y Saavedra.
A partir de allí se sucedieron en forma vertiginosa hechos que marcaron su corta carrera revolucionaria: su discurso en el Cabildo Abierto del 22 de Mayo, su actuación en la Junta de Gobierno, el fusilamiento de Liniers, la dirección política del Ejército, que culminó en el triunfo de las armas de la patria en Suipacha, permitiendo la ocupación del Alto Perú; la prédica en favor de la emancipación de los indios, la derrota de Huaqui que provocó la pérdida del Alto Perú. Contrajo por aquel tiempo un cáncer de lengua que le llevó a la tumba sin poder arribar al final de un juicio que se le sustanciara con motivo de la pérdida de aquella batalla.
Castelli en esos dos cortos años estuvo en el centro de la polémica, pero su vida no puede reducirse solamente a ese período, sino que al estudiar su vida, puede colegirse la manera de pensar de un criollo de fines del período colonial, que profesaba con ahínco las ideas de un gobierno propio, revolucionario y popular. Sobrevendría luego la guerra de la independencia y la desintegración del imperio español. Fue uno de los primeros criollos que se atrevió a imaginar un futuro de libertad para su patria.
Ricardo Federico Mena