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Calles de Salta

Las calles de Salta: Combate de San Lorenzo

El combate de San Lorenzo se realizó a comienzos de la guerra de la independencia, un día 3 de febrero de 1813. Hoy, el suceso figura en una de las calles de Salta

Combate de San Lorenzo

SALTA.- (Ricardo Federico Mena) El combate de San Lorenzo se realizó a comienzos de la guerra de la independencia, un día 3 de febrero de 1813, en el lugar denominado San Lorenzo, ubicado en la provincia de Santa Fe, entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y España. El preciso lugar fue junto al Convento de San Carlos Borromeo. Al ser uno de los sucesos más importantes de la historia nacional, se lo homenajea con una de las calles de Salta.

Contexto

Por aquellos tiempos, la capital provisional del Virreinato del Río de la Plata se encontraba ubicada en la ciudad de Montevideo que a pesar de ser base naval más importante de España en estas latitudes, se encontraba sitiada por tierra por el ejército de Rondeau, reforzado luego por las fuerzas de Artigas.

Esto en consecuencia, obligaba a los españoles a buscar abastecimientos, tanto por mar como por el río Paraná, donde las fuerzas de la península recolectaban para su abastecimiento, vacunos de las estancias vecinas.

Las acciones de guerra comenzaron cuando un fuerza de 11 naves del destacamento marítimo español, partieron de puerto para buscar los nombrados abastecimientos, mientras que, los patriotas advertidos de la situación, destacaron al entonces Coronel José de San Martín, para que siguiera estos movimientos en forma paralela por tierra. La mencionada fuerza, partió con 120 hombres de caballería del luego afamado Regimiento de Granaderos a Caballo, que había sido inspiración del propio San Martín.

El combate de San Lorenzo

El día 2 de febrero, acamparon en las proximidades de la posta El Espinillo, ubicada al norte de la ciudad de Rosario, para luego de cambiar sus caballos cansados por otros de refresco, continuaron hacia el Convento de San Carlos Borromeo. Aquí debemos destacar que San Martín había enviado previamente algunos de sus oficiales a San Antonio de Areco a fin de solicitar a los estancieros de la zona, colaboración a la patria con los dichos caballos de refresco. Ni lerdos ni perezoso las familias más importantes y pudientes de la localidad, proveyeron la famosa caballada que, junto a los esforzados soldados ganaron la batalla. Estas familias, a quienes la patria debe también su agradecimiento fueron las de don Felipe Antonio Martínez, Lima, y Gelves, familias estas, emparentadas entre sí. El lado oeste del Convento fue el sitio elegido, y los soldados de San Martín se ocultaron en el monasterio con la anuencia del Superior de los frailes franciscanos, fraile don Pedro García.

Una vez desembarcados, los realistas, no imaginaron que les esperaba tamaña sorpresa, pues los granaderos atacaron realizando un movimiento de pinzas, tomado de las tácticas napoleónicas. Por la parte trasera del convento, salió uno de los ataques, el primero de ellos encabezado por San Martín fue el de la izquierda, mientras que la derecha estaba bajo las órdenes del Capitán uruguayo Justo Germán Bermúdez, a su vez secundado por el joven Teniente de Buenos Aires, don Manuel Díaz Vélez, por el Alférez Mariano Necochea y el Sargento Domingo Porteau. Cayó Bermúdez, combatiendo bravamente en el teatro de operaciones, aunque San Martín en carta al General Miller, el 30 de junio de 1827, da cuenta de que había combatido bravamente, no sin mencionar el error de haber abierto demasiado el flanco izquierdo. No obstante ello, diría: “bravo oficial, pero novicio en la carrera”. ¡Pero en el fragor de la lucha quién no está exento de cometer algún error! Esta acción le costó la vida.

Tanto su padre como sus hermanos participaron activamente de las guerras de la independencia; el Capitán Bermúdez había nacido en la ciudad de Maldonado, perteneciente en aquellos años a la provincia de Montevideo, a su vez dependiente de virreinato del Río de la Plata. La acción de San Lorenzo se entabló con una gran disparidad de fuerzas, ya que las huestes patriotas se conformaban con nada más que 120 hombres, mientras que las fuerzas españolas de infantería totalizaban 250.

En el curso del combate, San Martín sufre el conocido incidente contra la primera línea enemiga, siendo salvado por Juan Bautista Cabral. La misión de Zabala, que es herido en una pierna por una esquirla de bala de cañón, era la de empujar a los realistas hacia el Río Paraná. Díaz Vélez también fue herido recibiendo un bayonetazo y dos balazos en la cabeza. La fatalidad cayó sobre el Sargento Porteau.

Después del combate

A continuación de la refriega los heridos fueron trasladados al Convento, donde fueron atendidos por el doctor Cosme Argerich. Para el Capitán Bermúdez la suerte también le fue esquiva, pues luego de sufrir la amputación de su pierna herida, le sobrevino una hemorragia infecciosa, entregando su vida al creador a los pocos días, un 14 de febrero de 1813. Algunos investigadores aseguran que fue enterrado en el propio Convento, mientras que otros lo hacen enterrado en el Cementerio de la Recoleta. También para el Teniente Manuel Díaz Vélez la suerte le fue aciaga, dado que falleció en Buenos Aires, luego de haber permanecido todo el tiempo en estado de inconsciencia.

El desembarco realista se produjo antes de que Bermúdez completara el movimiento envolvente; en esta oportunidad fue herido el caballo de San Martín que, rodando, le apretara una de sus piernas. Iba a ser mortalmente herido de un bayonetazo de no haber ocurrido la milagrosa intervención del soldado puntano Juan Bautista Baigorria que matando al enemigo posibilitó la intervención del correntino Juan Bautista Cabral, que ayudó a San Martín a escapar de la situación. En consecuencia ambos salvaron la vida del entonces Coronel San Martín. Tanto Bermúdez, como Díaz Vélez y Juan Bautista Cabral, fueron las inmolaciones que trajo como consecuencia la batalla. Respecto a Baigorri, existen registros que demuestran que sirvió en el Ejército de Los Andes hasta el año de 1818.

Durante el desarrollo de la batalla y al no poder los realistas organizar sus cuadros, algunos se arrojaron desde la barranca a las torrentosas aguas del Paraná, muriendo ahogados. La duración del combate fue muy exigua, estableciendo algunos registros en quince minutos, pero a pesar de tan corta duración, tuvo consecuencias estratégicas de importancia, como ser la imposibilidad de las fuerzas de la Corona, de surcar las aguas del río para aprovisionarse. Con el tiempo estas circunstancias detonaron en la caída de la ciudad a manos de las tropas patriotas.

La aparente imprudencia del Coronel San Martín al encabezar las acciones de guerra obedecieron a que debía dar el ejemplo a sus subordinados, como además demostrar con contundencia que, a pesar de aún mantener el acento peninsular, nada tenía que ver con la monarquía de España.

En el histórico Convento se encuentran depositados los restos de los combatientes fallecidos, colocados en una urna, y detrás del edificio aún existe el viejo árbol que contemplara a San Martín redactando su famoso parte de batalla.

Parte del combate de San Lorenzo, suscrito por el coronel José de San Martín al superior gobierno:

Tengo el honor de decir a V.E. que los granaderos de mi mando en su primer ensayo han agregado un nuevo triunfo á las armas de la patria. Los enemigos en número de 250 hombres Exmo. Señor. Tengo el honor de decir a V. E. que en el día 3 de febrero los desembarcaron a las 5 y media de la mañana en el puerto de S. Lorenzo, y se dirigieron sin oposición al colegio S. Carlos conforme al plan que tenían meditado en dos divisiones de a 60 hombres cada una, los ataques por derecha e izquierda, hicieron no obstante una esforzada resistencia sostenida por los fuegos de los buques, pero no capaz de contener el intrépido arrojo con que los granaderos cargaron sobre ellos sable en mano: al punto se replegaron en fuga a las bajadas dejando en el campo de batalla 40 muertos, 14 prisioneros de ellos, 12 heridos sin incluir los que se desplomaron, y llevaron consigo, que por los regueros de sangre, que se ven en las barrancas considero mayor número. Dos cañones, 40 fusiles, 4 bayonetas, y una bandera que pongo en manos de V. E. y la arrancó con la vida al abanderado el valiente oficial D. Hipólito Bouchard. De nuestra parte se han perdido 26 hombres, 6 muertos, y los demás heridos, de este número son: el capitán D. Justo Bermúdez, y el teniente Manuel Díaz Vélez, que avanzándose con energía hasta el borde de la barranca cayó este recomendable oficial en manos del enemigo. El valor e intrepidez que han manifestado la oficialidad y tropa de mi mando los hace acreedores a los respetos de la patria, y atenciones de V. E.; cuento entre estos al esforzado y benemérito párroco Dr. Julián Navarro, que se presentó con valor animando con su voz, y suministrando los auxilios espirituales en el campo de batalla: igualmente lo han contraído los oficiales voluntarios D. Vicente Mármol, y D. Julián Corvera, que á la par de los míos permanecieron con denuedo en todos los peligros. Seguramente el valor e intrepidez de mis granaderos hubieran terminado en este día de un solo golpe las invasiones de los enemigos en las costas del Paraná, si la proximidad de las bajadas no hubiera protegido su fuga, pero me arrojo a pronosticar sin temor que este escarmiento será un principio para que los enemigos no vuelvan a inquietar a estos pacíficos moradores. Dios guarde a V. E. muchos años. San Lorenzo febrero 3 de 1813.

Las bajas

Las bajas del ejército de la patria fueron finalmente 14, mientras que las de los adversarios españoles, totalizaron 40.

Las nacionales fueron:

  • Juanario Luna, José Gregorio Franco y Basilio Bustos, de San Luis
    .
    : * Juan Bautista Cabral y Feliciano Silva, de Corrientes.
  • Ramón Saavedra y Blas Vargas, de Santiago del Estero.
  • Ramón Amador y Domingo Soriano, de La Rioja.
     
  • José Márquez y José Manuel Díaz, de Córdoba.
  • Juan Mateo Gelves, de Escobar Buenos Aires.
  • Domingo Porteau, de Labarthe-Rivière, en Francia.
  • Julián Alzogaray, de Chile.

A ellos deben agregarse el Capitán Justo Germán Bermúdez, nacido en Montevideo, que falleciera 14 días después, y el Teniente Manuel Díaz Vélez, nacido en Buenos Aires, que falleció el 20 de mayo de 1813, ambos a consecuencia de las heridas recibidas en combate

Este único triunfo en tierra propia, aparte de consolidar el proceso revolucionario contribuyó a dar mayor credibilidad a las posibles dudas que hubiera por parte de los gobiernos de turno, fortaleciendo asimismo la moral de los hombres que forjarían nuestra independencia.

Aunque el parte de batalla emitido por San Martín establece que sus soldados fueron 120, lo corrige posteriormente para dar lugar a la actuación de cien milicianos santafecinos a las órdenes de Celedonio Escalada, situación ésta que el propio San Martín corrige en un parte posterior

Cuenta la historia que, Juan Antonio Zabala, jefe de los realistas se presentó ante San Martín solicitando alimento para sus heridos, a lo que nuestro héroe contestó ofreciéndoles un suculento desayuno. Posteriormente Zabala ofrece sus servicios militares a San Martín, solicitud que éste acepta.

Respecto a Juan Bautista Cabral, que salva la vida de don José, era de ascendencia negra y esclava, nacido en Corrientes a fines del siglo XVIII. Fue su madre la morena Carmen Robledo y habría tomado el apellido de su amo don Luis Cabral, pues su amo en una carta fechada el 4-12-1812, inquiere acerca de la situación de “nuestro negro Juan Bautista”. Cerca de su grado militar existe la controversia si era soldado raso o Sargento. La primera es la verdadera ya que el propio Coronel manda colocar en la puerta del Cuartel del Retiro, una tabla diciendo: “Al soldado Juan Bautista Cabral. Murió en la acción de San Lorenzo el 3 de febrero de 1813.

Las últimas palabras pronunciadas antes de morir quizá no fueron las de: “Muero contento, hemos batido al enemigo”. Al parecer según algunos historiadores aquellas palabras fueron pronunciadas en quichua, y traducidas por San Martín serían: “Muero contento, porque cag…a esos mierdas”.(sic)