Connect with us

Hola, ¿qué estás buscando?

Elintra.com.arElintra.com.ar

Salta

Con Gustavo Sáenz en la lona, Roberto Dib Ashur se prueba el traje de gobernador

La consecuencia inmediata es un panorama desolador para las aspiraciones reeleccionistas de Sáenz

Roberto Dib Ashur

SALTA (Diego Nofal).- El resultado electoral del 11 de mayo en la capital salteña fue un sopapo en las ambiciones de todo el oficialismo. Lejos de ser una elección legislativa, funcionó como un termómetro preciso y la lectura fue alarmante para el oficialismo provincial. El gobernador Gustavo Sáenz, junto al intendente Emiliano Durand, emergieron de esa jrnada visiblemente debilitados, con heridas políticas que no dejan de sangrar. La derrota no fue un tropezón fue una caída catastrófica y un claro mensaje de descontento ciudadano captado por todas las facciones internas.

La consecuencia inmediata es un panorama desolador para las aspiraciones reeleccionistas de Sáenz. La confianza en su capacidad para revertir la situación y triunfar en los próximos comicios provinciales se fue como se van los tucanes de San Lorenzo cada vez que construyen un country. Incluso entre sus allegados más cercanos, la idea de una nueva victoria parece una quimera. El foco, inevitablemente, ha comenzado a desplazarse hacia la necesidad de una sucesión ordenada, un proceso que garantice cierta continuidad o, al menos, evite un derrumbe total del espacio político oficialista.

En este río revuelto tiró el anzuelo Roberto Dib Ashur, su figura ha cobrado un inusitado protagonismo. El actual ministro de Economía de la provincia ha dado pasos inequívocos para posicionarse como un aspirante serio a la gobernación. Se peinó para la foto y está parado en la primera línea de la carrera sucesoria. Dib Ashur parece haber calculado que el momento de su oportunidad ha llegado, aprovechando la evidente vulnerabilidad de su jefe.

La jugada que deja afuera a Gustavo Sáenz

Un activo fundamental en su estrategia reside en sus viejos vínculos políticos. Dib Ashur es conocido por su cercanía a dos pesos pesados de la política salteña que hoy todavía tienen jugadores en la cancha, hablo de los exgobernadores Juan Manuel Urtubey y Juan Carlos Romero. Estas conexiones no son anecdóticas, representan un capital político invaluable en una provincia donde las sombras de estos líderes aún oscurecen el paisaje interno. Su capacidad para moverse en esos círculos le otorga una base de apoyo que otros potenciales candidatos del oficialismo difícilmente podrían igualar hoy.

Además, en un contexto donde la gestión de Gustavo Sáenz ha erosionado la imagen de muchos de sus funcionarios, Dib Ashur constituye una rara excepción. Mientras otros han visto desplomarse su consideración social, asociados a errores o desgastes del gobierno, él ha logrado, hasta ahora, mantener un perfil relativamente menos dañado. Esta relativa buena salud en la percepción pública es una característica crucial que lo distingue dentro de un entorno oficialista marcado por el desgaste y la mala consideración social.

Su perfil también alimenta la especulación sobre una posible función unificadora dentro del heterogéneo peronismo salteño. Se le presenta, quizás con algo de optimismo exagerado, como el puente potencial entre el peronismo tradicional, ligado a figuras como Emiliano Estrada, y el espacio más específico construido alrededor de Gustavo Sáenz. La pregunta, claro, es si alguien puede realmente coser piezas de tela política tan distintas en una provincia con historiales complejos. La tarea promete ser mas complicada que pedirle a Emiliano Durand que use un short de su talle.

Una figura desgastada

Mientras el gobernador Sáenz intenta reponerse del nocaut político recibido en mayo, reorganizando sus fuerzas y evaluando daños, la actividad de su ministro de Economía es notablemente distinta. Cada vez que Gustavo Sáenz se distrae, encuentra a Roberto Dib Ashur midiendo las cortinas de su despacho o probando si es cómodo el sillón gubernamental. Es una imagen metafórica (o no), pero ilustrativa de la dinámica actual.

Dib Ashur, con pragmatismo y una sonrisa discreta, se prueba el traje de gobernador con una determinación que contrasta con la fragilidad de su superior. El ring político salteño tiene un nuevo contendiente visiblemente activo, mientras el campeón aún intenta levantarse de la lona. El desenlace de este forcejeo interno definirá no solo el futuro del oficialismo, sino en octubre que es como el entrenador que mira desde el costado si es hora de tirarle la toalla a Sáenz.