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Calles de Salta

Las calles de Salta: Gregorio Miguel Beeche

Gregorio Miguel Becche, gran bibliófilo salteño, había nacido en esta ciudad en el año 1801. Su nombre es honrado en una de nuestras calles de Salta.

Gregorio Miguel Beeche

SALTA.- (Ricardo Federico Mena) Gregorio Miguel Becche, gran bibliófilo salteño, había nacido en esta ciudad en el año 1801 y falleció en Chile en el año 1875. Fueron sus padres don Marcos Beeche de Ibarra, un hidalgo vizcaíno venido al Río de la Plata a fines del siglo XVIII, y doña Josefa Estévez Medina, de antigua familia de esta provincia. Su nombre es honrado en una de nuestras calles de Salta.

Don Marcos de Beeche fue funcionario de la Real Renta de Correos. Como buen español de firmes convicciones en cuanto se refiere a las ideas monárquicas, en su testamento, según lo refiere Gabino Ojeda Uriburu en su libro “De Salta a Cobija”, fue “feliz en esta tierra hasta el 25 de mayo de 1810”. Beeche murió en esta provincia en el año 1825. Tanto su familia, es decir, doña Josefa, como sus hijos, de honda raigambre unitaria, se vieron obligados a exiliarse en Bolivia en el año 1831. Esto se hizo debido a las salvajes matanzas que venía efectuando el caudillo Facundo Quiroga en todas las provincias del norte argentino. Siguiendo a Gabino Ojeda en el libro mencionado que doña Josefa Estévez y sus hijas Jacoba, Ventura y Josefa se instalaron en Sucre. Doña Gregoria, su marido y su hermano don Gregorio a quien estamos biografiando, partieron rumbo a Cobija, que fuera un puerto boliviano y que alguna vez fuera argentino, para luego trasladarse a Valparaíso en Chile, con el propósito de emprender algún negocio.

La imprenta y la familia de Gregorio Miguel Beeche

En su estancia en Sucre doña Josefa Estévez había puesto una imprenta a la que bautizara con su nombre, -“Imprenta Beeche”, y con la cual se produjeron importantes publicaciones. También doña Josefa, matrona de importantes improntas económicas, también instaló una tienda en donde se vendían toda clase de telas y también libros. Esta fue la base se sustentación familia durante mucho tiempo.

Entre tanto, en Valparaíso, Gregorio Miguel Beeche había casado en Chuquisaca el 3 de julio de 1825 con doña María Rafaela Evarista Arana y Fernández Dávila. Fueron sus hijos Eduardo Beeche Arana, Emilio Beeche Arana, Octavio Beeche Arana, Luciano Beeche Arana, Elodia Beeche Arana, Salustio Beeche Arana, Guillermo Beeche Arana, Margarita Manuela Beeche Arana y Héctor Beeche Arana.
 
Gregorio Miguel Beeche comerciante minero en sociedad con don Dámaso Uriburu. Fue además Prefecto de Cobija- Departamento de Lamar-en 1839 y Cónsul General de la Confederación Argentina, en 1852. Descienden de él entre otras familias chilenas, tales como Edwards, Eastman, Beeche Herventos, Beeche Nadal. En el país, familias como las de Peró Beeche y sus ramificaciones (“Paseo Genealógico por la Argentina y Bolivia” de Juan Isidro Quesada)

Esta ciudad le sirvió para acrecentar su pasión bibliófila. Gregorio Miguel Beeche llegó atesorar más de 4.600 volúmenes entre libros y documentos sobre América, que luego de su muerte en el año 1875, pasaron a propiedad de gobierno de Chile. 

¿Qué es la bibliofilia?

Un bibliófilo es un amante o aficionado a las ediciones originales y más correctas de los libros. La bibliofilia, en el sentido específico nace más propiamente con el Renacimiento, en los siglos XIV y XV, que es el tiempo en que grandes señores, reyes o príncipes se dedicaron ya sea en forma directa o bien por medio de interpósitas personas a recorrer el mundo en busca de manuscritos, cartas, autógrafos libros raros o también incunables.
 
El bibliófilo es un amante extremo de la lectura; Gregorio Miguel Beeche es un gran ejemplo de ello. Por eso colecciona, aunque, en ocasiones, sólo los admira cuando están en otros importantes repositorios. Sabe, además, distinguirlas e identificarlas, ya sea por la pureza de su texto, su tipografía, la calidad del papel y la encuadernación.

Los bibliófilos se agrupan en sociedades como la prestigiosa «Association Internationale de Bibliophilie», academia internacional en la que anualmente se reúnen sabios investigadores y acaudalados coleccionistas. En Chile se encuentra la Sociedad de Bibliófilos Chilenos fundada en 1945. Existen bibliófilos que han tenido un papel relevante en la cultura de sus países. Ejemplos son Antonio Cánovas del Castillo, político e historiador español de la segunda mitad del siglo XIX o José Toribio Medina y Barros Arana que amaron y coleccionaron grandes cantidades de libros valiosos y fueron muy importantes en la cultura Chilena. Estas colecciones son base historia de Chile.

Coleccionismo

Por otra parte, en nuestros días, el coleccionismo de libros antiguos, como en el caso del arte y de otras antigüedades, es un instrumento alternativo de inversión con un mercado internacional. A pesar de su discreción, ocupa el tercer puesto en la cifra de negocio de las grandes casas de subastas internacionales tras la pintura y la escultura. 

Nuestra biblioteca privada se convierte en un espacio que es capaz de contar toda nuestra vida. Nuestra vivencia personal está encerrado en cada uno de los libros que hemos leído y que no, guardados en los estantes de nuestra biblioteca particular. Sabe el amante de los libros que cuando uno se acerca a la biblioteca y coge al azar un libro, rápidamente, visualiza el momento en que lo leyó, hasta incluso recupera las sensaciones y el estado de ánimo que tuvo entonces, en aquella época.

Atesorar un libro

Aquellos que atesoran sus libros en sus bibliotecas sienten gran ilusión y felicidad cunado se presenta la ocasión de abrir una caja llena de libros, acariciándolos, recorriendo sus páginas con la vista, observando sus portadas, y aunque no se lean, el propietario siente la intensa tranquilidad de tenerlos. De tener vidas y horas de intensas de trabajo de múltiples actividades. Es conocido desde siempre que, cuando se presta un libro, nunca lo volvemos a ver. Nunca nos es devuelto.

Y lo que es peor, es que el título y el color de libro toda la vida lo recordamos con claridad, no desaparece de la mente, así como recordamos a quién lo prestamos, cuándo fue la última vez que estuvo en nuestras manos y cuándo lo leímos. Por ello, todos los amantes de los libros son reacios al préstamo. Nuestros libros tienen nuestras propias marcas, ya sea como anotaciones al margen o anotaciones diversas, cuando no, manchas características o puntas dobladas, para señalar una pausa en la lectura. Con aproximadamente 32.000 títulos, y reúne una gran cantidad de impresos coloniales americanos -en particular relativos a Perú y México-, así como las obras más importantes relativas a América editadas a partir del siglo XVI.

Ediciones destacadas

Entre ellas, destacan antiguas ediciones de los primeros cronistas de América y Chile tales como Bartolomé de las Casas, Cieza de León, Bernal Díaz del Castillo, Antonio de Herrera y Tordesillas, José de Acosta, Alonso de Ercilla, Alonso de Ovalle e Ignacio Molina y de navegantes o viajeros como Francis Drake, La Pérouse, Louis Antoine de Bouganville, Alexander von Humboldt, y Robert Fitz-Roy, las que contienen una deslumbrante iconografía. También, hay documentos de Bernardo O´Higgins, José Miguel Carrera, José de San Martín, Thomas Cochrane y Camilo Henríquez.

También en nuestro país existen importantes colecciones. Una de ellas es la que donara a la Sociedad de Bibliófilos Argentinos el doctor Carlos Marcelo Mayer que fuera presidente de la Asociación durante muchos años. La colección donada se compone de unos mil volúmenes, y algunos de ellos incluyen grabados o placas originales con las que realizaron sus ilustraciones.

Por Ricardo Federico Mena
para El Intransigente «