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Calles de Salta

Las calles de Salta: Indalecio Gómez

Indalecio Gómez fue un importante político argentino y coautor de la Ley Sáenz Peña. Está representado en una de nuestras calles de Salta.

Indalecio Gómez


SALTA.- (Ricardo Federico Mena) El Dr. Indalecio Gómez fue un importante político argentino. Fue diputado nacional, ministro del Interior y embajador en Europa. Además, fue jurista y coautor de la Ley Sáenz Peña, que logró imponer en su país el voto universal, secreto y obligatorio. Por su trayectoria, una de las calles de Salta lleva su nombre.

Composición familiar

Don Indalecio Gómez nació en la provincia de Salta, más precisamente en el departamento de Molinos, un 14 de septiembre de 1850. Falleció en la ciudad de Buenos Aires el 17 de agosto de 1920. Fueron sus padres don Indalecio Gómez Ríos y doña Felicidad González del Toro, de nacionalidad chilena. Sus abuelos paternos fueron don Martín Gómez Agudo y doña María Andrea Montañez. Entre sus bisabuelos, se encuentran don Francisco Gómez y doña Ángela Agudo. Sus bisabuelos maternos fueron don Antonio Ríos y doña Petrona Montañéz.

Volviendo al matrimonio Gómez-González del Toro, este se conformó con la presencia de los siguientes hijos: Indalecio, Felicidad, Eusebio, Carmen, Josefa y Micaela Gómez-González.

El doctor Indalecio Gómez-González contrajo matrimonio con doña Carmen Rosa de Tezanos Pinto- Segovia, de origen jujeño. Fuera bautizada ella en Lima (Perú) el 30 de agosto de 1852, falleciendo en Buenos Aires, el 21 de septiembre de 1918. Doña Carmen Rosa fue hermana de la esposa de Uriburu, cuya familia estaba exiliada en el Perú. Fueron casados en Lima en el año 1883. Sus hijos fueron Carlos Indalecio Gómez Tezanos Pinto, Marcelo Gómez Tezanos Pinto y Jaime Indalecio Gómez de Tezanos Pinto.

El rol político de Indalecio Gómez

Como lo consignáramos en el epígrafe, este preclaro argentino acompañó la gestión del doctor Roque Sáenz Peña como su ministro del Interior, y fue una de las columnas vertebrales que marcaron su importancia en el devenir de la República. Fue de su coautoría la famosa Ley Sáenz Peña, que viera la luz imponiendo el voto universal, secreto y obligatorio para poner sobre ruedas el andamiaje democrático de la nación. Nuestro biografiado, como decíamos anteriormente, nació en la población de Molinos, más precisamente en la propiedad que fuera del último gobernador realista del Virreinato del Río de la Plata, Nicolás Severo de Isasmendi. Su padre, don Indalecio Gómez Ríos, fue una de víctimas de la guerra civil en Salta, posterior a la batalla de Pavón. Fue asesinado en presencia de su hijo.

Sus estudios y comienzos en la política

Los estudios primarios los realizó en la Escuela de la Patria, escuela esta que fuera fundada por don Mariano Cabezón. A los secundarios los siguió al principio en Salta en una escuela privada, para continuarlos luego en la ciudad de Sucre (Bolivia), donde tuvo la suerte de ser alumno nada menos que del “Orador de la Constitución” Fray Mamerto Esquiú, quién dirigía los estudios eclesiásticos en aquella ciudad. Esta carrera pronto se vio truncada pues en su cabeza comenzaron a bullir otras inquietudes. Pero, a pesar de ello, jamás dejó de ser un católico ferviente.

Luego, estudió la carrera de Derecho en la Universidad de Buenos Aires, donde, aparte de su título de abogado, se graduó en jurisprudencia en el año 1876. Luego de recibido volvió a su suelo natal para hacerse cargo de una cátedra en el mítico Colegio Nacional. Eran sus primeros pasos, pero también otros intereses pronto comenzaron a prestar su atención, pues al poco tiempo integraría una sociedad dedicada al comercio de ganado en pie con destino al puerto de Cobija -ahora boliviano, pero que anteriormente perteneciera a la Confederación Argentina. Se perdió debido a malas negociaciones diplomáticas-. El objeto de este negocio era el de abastecer al ejército del Perú.

Su vínculo con Sáenz Peña

Fue cónsul del gobierno de su país en el puerto peruano de Iquique, y dentro del conflicto que desencadenó la Guerra del Pacífico, su posición fue de apoyo al pensamiento peruano. Por aquellos años confraternizó, con un voluntario argentino en la guerra, el abogado porteño Roque Sáenz Peña, que fuera tomado prisionero por la fuerzas de Chile. Intercedió por él y fue liberado por sus gestiones, meses más tarde.

También asesoró al enviado del gobierno argentino en Lima, que medió en la finalización de la guerra. Los acontecimientos bélicos desatados por la guerra del Pacífico, envolvieron a Perú y Bolivia en una lucha armada contra Chile, y es entonces que Sáenz Peña se enrola como voluntario. Según algunas mentes, este hecho se debió aun desengaño amoroso. Llegó a Lima en 1879 y, al ser recibido por el alcalde, dijo: “…No he venido, señores, envuelto en la capa del aventurero, preguntando dónde haya un ejército para brindar mi espada. Yo he dejado mi patria para batirme a la sombra de la bandera peruana, cediendo a las ideas más altas y a convicciones más profundas de mi espíritu… porque la causa de Bolivia y del Perú es, en estos momentos, la causa de América”.

En esta conflagración, se salvó de milagro de una descarga a quemarropa. Era teniente coronel de la división del sur a cargo del General Buendía. Luego de su prisión, Sáenz Peña regresó al país cargado de condecoraciones. El doctor Indalecio Gómez se desempeñó como diputado provincial en Salta por el departamento de San Carlos, para acceder luego en el año 1886 a la diputación nacional por su provincia, gracias a los contactos políticos y sociales con que contaba. Estando en el Congreso, tuvo participación activa en los debates del año 1893, acerca del protocolo adicional al Tratado de Límites con Chile, del año 1881. Fundó la Unión Católica junto a José Manuel Estrada, Pedro Goyena y Emilio Lamarca, con el objeto de contrarrestar el fuerte anticlericalismo imperante en el gobierno.

Oposición de Gómez a los «Pactos de Mayo»

Corría el año 1902 cuando hizo pública su oposición a los tratados adicionales de paz con la República de Chile, más precisamente los llamados “Pactos de Mayo”. El doctor Gómez discrepaba debido a la total asimetría de las condiciones que habían acordado ambos países. Eran cuatro instrumentos: 1- Un acta preliminar, llamada también «Acta del Pacífico»; 2- Un tratado general de arbitraje; y 3- Una convención sobre limitación de armamentos navales. Finalmente, un acta pidiendo el árbitro que nombrara una comisión para fijar en el terreno los deslindes establecidos por la sentencia. Estos cuatro instrumentos se completaron luego con otros dos y un arreglo para hacer efectiva la equivalencia de las escuadras argentinas y chilenas -igual que hoy, valga la ironía-.

Durante un acto opositor realizado en el Teatro Victoria de la capital, el discurso del doctor Gómez se constituyó en la voz cantante de la oposición. Se enfrentó al de Carlos Pellegrini, con quien tuvo rispideces largas en los periódicos de la época. Pellegrini representaba la voz de la política exterior de Julio Argentino Roca.

Los pactos de mayo y sus aclaraciones

Las voces de los dos países no podían acallar las discrepancias entre ambos. Es así como se generaron los más acalorados debates sobre política exterior. Participaron de ellos figuras señeras del país, entre las que podemos recordar al propio Indalecio Gómez, a Carlos Pellegrini, que ya habíamos mencionado, Joaquín V. González, José Figueroa Alcorta, Manuel Quintana, Luis María Drago, Miguel Cané, Rómulo S. Naón, Adolfo Mugica, Victorino de la Plaza, Estanislao S. Zeballos, Luis V. Varela, y Adolfo Orma, además de otros no menos sobresalientes. Los diarios más importantes del momento, como «La Nación» de Bartolomé Mitre, estaba a favor de los pactos de Mayo, mientras que en la banda opuesta estaba «La Prensa2.

Estanislao Zeballos, partidario de una Argentina con presencia continental, decía: “Los pactos simbolizan la decadencia de un pueblo que ha perdido sus energías y su rumbo (…) Se proclama la política de no-intervención como único principio internacional en Sudamérica… Añadiré que me parece contradictorio decir por una parte que la República Argentina debe profesar la política de su engrandecimiento político y económico y condenarla por otra a no intervenir -y si su engrandecimiento es detenido por la política hostil de un estado, ¿o debe renunciar a su engrandecimiento o debe intervenir para remover el obstáculo? Los pueblos que tienen una política internacional no pueden inhibirse de intervenir cuando la sienten justamente contrariada” .

Indalecio Gómez decía en el Teatro Victoria rechazando los Pactos de Mayo: «(…) La Argentina no puede renegar de su tradición ni desmentir su historia. Ella ha sido en América el arcángel de la independencia y está llamada a ser la fuerza justiciera, generosa y grande que haga primar en el continente los principios de la justicia y de la verdad (…)».

Las palabras de Pellegrini

En tanto, Pellegrini decía: «Por cierto, estas palabras de Indalecio Gómez son un acabado ejemplo de la idea de destino manifiesto presente en la clase política argentina. Gómez atacó los pactos de Mayo como «lesivos a la soberanía nacional», criticando en el ítem de la limitación de armamentos, la exclusiva mención de la escuadra argentina, entonces el arma principal, y «el olvido de que, en nuestra Constitución, la fijación de las fuerzas es facultad del Congreso»».

Carlos Pellegrini escribió a Indalecio Gómez, objetando los ataques del último a los pactos de Mayo en la conferencia del teatro Victoria. Dijo Pellegrini en réplica a Gómez:

“Usted afirma que los proyectos de tratados con Chile, que discutimos, imponen una limitación a nuestra soberanía. Es indudable, y ése es, justamente, el propósito de todo tratado; pues éstos son convenios entre pueblos soberanos, para poner condiciones o limitaciones al ejercicio de su soberanía, con propósitos de interés común.

(…) Cuando dos naciones celebran un tratado o contrato, se imponen recíprocamente la obligación de hacer o no hacer algo; esta obligación que contraen es, indudablemente, una limitación a su soberanía, pero es por un acto de su espontánea voluntad que implica el ejercicio mismo de esa soberanía, en otras palabras: sólo celebran tratados los pueblos soberanos. (…) En nuestro Tratado de Límites con Chile hemos reconocido su jurisdicción y soberanía sobre el Estrecho de Magallanes y sus costas, que forman hoy parte del territorio chileno, pero Chile se ha comprometido, con nosotros, a no fortificar esas costas; lo que importa una importante limitación de su soberanía territorial. (…)”

Lamentablemente, los artículos de naturaleza periodística tienen las limitaciones que un estudio más enjundioso necesitaría.

El Dr. Indalecio Gómez fue nombrado en el año 1905 Ministro Plenipotenciario ante las potencias de Europa Central, y Oriental, a países como Rusia, Alemania, y el Imperio Austro-Húngaro.

Ley Sáenz Peña

La llegada de Roque Sáenz Peña al Poder Ejecutivo nacional (12 de octubre de 1912) se debe en buena medida a Figueroa Alcorta.
 
La promulgación de esta Ley Nº 8871 o ley Sáenz Peña nombrada así en su honor, fue la coronación de un proceso político de años de lucha para el saneamiento de las prácticas electorales, de perfeccionamiento del régimen republicano y liberal y de la representatividad política. Ya desde la presidencia de don Luis Sáenz Peña se venía intentando una reforma electoral. Posteriormente Roca con su ministro Joaquín V. González implementó una ley de circunscripciones uninominales de dudosa constitucionalidad.

La “Ley Sáenz Peña” fue finalmente aprobada por ambas cámaras y promulgada el 10 de febrero de 1912 con el número 8.871. Al promulgar la ley, Sáenz Peña hizo público un manifiesto, en el cual expresó:

“Desaparecido el caudillismo, la República tomó sus formas y el concepto nacional logró surgir sobre el concepto anárquico vencido. La lucha no abandonó por eso su crudeza: la sangre dejó de derramarse en los campos, pero corrió en las ciudades y los comicios presenciaron cruentas contiendas entre el pueblo apasionado y el oficialismo partidario”. Agregó: “La ausencia de las armas marcó un progreso, pero no es signo definitivo de la conquista democrática. No basta. Necesitamos destruir a los agentes sucedáneos de la fuerza, a las artes hábiles que hacen ilusorio el voto y el efectivo imperio de la mayoría”.

Y continuó: “La nueva ley aporta dos innovaciones sustanciales: la lista incompleta y el voto obligatorio […]. No nos equivoquemos, sin embargo. Ni la ley, ni el sistema son una finalidad: son apenas un medio […]. No necesito repetir que, al ejecutar la ley, cumpliré mis compromisos […]”.

Y remató: “He dicho a mi país todo mi pensamiento, mis convicciones y mis esperanzas. Quiera mi país escuchar la palabra y el consejo de su primer mandatario. ¡Quiera el pueblo votar!”.

La sanción del trascendental proyecto legislativo dio gran prestigio al ministro Gómez entre los partidarios del Presidente, al punto que se especulaba con una fórmula presidencial Indalecio Gómez – Ramón J. Cárcano. Reiteramos: no es posible abarcar la totalidad de las luchas de este grande hombre de las contiendas civiles de la nación, pero sí decimos, que fue un argentino que supo agregar a su avasallante personalidad, un espíritu de lucha, de honorabilidad y de patria. Se retiró de la escena política para refugiarse en su finca Pampa Grande en Guachipas- Salta-, pero murió en Buenos Aires el 17 de Agosto de 1920.

Por Dr. Ricardo Federico Mena