SALTA.- (Ricardo Federico Mena) Recordar a Adolfo Bioy Casares es traer a la memoria a uno de los más conspicuos representantes de la literatura argentina, quien es homenajeado en una de nuestras calles de Salta. Perteneció a una familia de hacendados bonaerenses y nacido en el año 1914. Fue su padre don Adolfo Bioy Domecq y su madre Marta Ignacia Casares Lynch. Debido a su posición acomodada, pudo dedicarse con exclusividad a la literatura, para lo cual se refugió en su estancia sin recibir visitas. Alos 11 años de edad escribió su primer manuscrito Iris y Margarita.
Estudió Derecho, carrera esta que luego abandonó. Lo mismo hizo con la carrera de Filosofía y Letras. Este su primer trabajo fue revisado por su padre. Recién en 1933 publica su primer volumen de cuentos: “Diecisiete disparos contra lo por porvenir”.
Trayectoria literaria
Estuvo integrado al círculo de la Revista Sur liderado por Victoria Ocampo. En el año 1932 conoció a Jorge Luis Borges y también a la que luego sería su esposa Silvina Ocampo. Casó con ella en el año 1940, dotada ella de una singular belleza. La amistad con Borges sería determinante para su carrera y juntos escribieron obras memorables, como la Invención de Morel, y otras no menos memorables bajo los seudónimos de B. Suárez Lynch, H. Bustos Domecq, B. Lynch Davis, y Gervasio Montenegro. Entre ellos se encuentran “Seis problemas para don Isidro Parodi”, escritos en el año 1942. La producción se continuó en el año 1946 con la obra “Dos fantasías memorables”.
En ese mismo año, publicó siempre en conjunción con Borges, “Un modelo para la muerte”; Crónicas de Bustos Domecq en 1967 y Nuevos cuentos de Bustos Domecq en 1977. Los guiones cinematográficos no estuvieron alejados de su carrera literaria pues entre ellos debemos mencionar Los “Orilleros y el Paraíso de los creyentes”.
Consagración de Adolfo Bioy Casares
El año 1940 fue para él el año de sus realizaciones, ya que, aparte de su boda, publicó la más famosa de sus obras, narrada en primera persona. Este trabajo está ambientado en una isla desierta, donde sus elucubraciones van desde el delirio, la pasión amorosa y la idea de la inmortalidad.
La trama de este libro trata de un personaje desconocido que llega a la isla, donde vive una mujer: Faustine, mujer esta de la que se enamora, aunque se limita a observarla a la distancia. En aquel lugar el científico Morel había inventado una máquina, mediante la cual se podían reproducir todos los sentidos. Se hacía la salvedad que, para recrear a un ser humano, este tenía que morir. La obra continúa con la puesta en funcionamiento de la mencionada máquina, lógicamente a lado de su enamorada Faustine. La grabación continúa durante siete días, pero el protagonista al estar sentenciado a morir será inmortal en la reproducción eterna de su imagen.
Luego de haber publicado esta obra, Bioy renegaba de sus escritos anteriores entre los que se encontraban: La estatua casera, escrita en 1936, Luis Greve muerto, en 1937. La década de 1940 publica La trama de relatos, La trama celeste, el perjurio de la nieve y las Vísperas de Fausto. La novela lo cuenta entre sus autores con la obra Plan de evasión. Donde el Gobernador de la Isla del Diablo propone una diabólica propuesta cual es la de practicar en unos prisioneros una nueva teoría de la percepción.
Más proyectos
Con su mujer Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares escribió la novela policial «Los que aman, odian». Con Borges codirigió la Colección del Séptimo Circulo y entre los tres compaginaron la Antología de la literatura fantástica. La década de los años cincuenta también conoce sus producciones, entre ellas Guimalda con amores, el Sueño de los Héroes, donde narra como una pandilla de amigos deambulando por los suburbios de Buenos Aires, durante los tres días de carnaval, van buscando aventuras y divertidas situaciones; ocurre que el personaje Gauna intenta volver al pasado, pero no se da cuenta que ello puede traer al presente, situaciones anteriores no deseadas, que anteriormente se habían evitado. La geografía del barrio porteño está magistralmente tratada, como vuelve a tratarse en su obra «La Guerra del Cerdo, que trata del antagonismo de los jóvenes contra los viejos.
Otras obras
Otra de sus obras es «Dormir al sol», donde el protagonista Lucio Bordenave produce un informe escrito en un sanatorio para enfermos mentales. También otra de sus obras es El lado de la sombra, el Gran Serafín y el Héroe de las mujeres. También centra su atención sobre el lenguaje, en su obra: Breve diccionario del argentino exquisito.
Posteriormente, escribe «La aventura de un fotógrafo en La Plata», los cuentos de «Historias desaforadas», «Una muñeca rusa», la novela «Un campeón desparejo» y «Memorias». También, «Infancia, adolescencia y cómo se hace un escritor», «De jardines ajenos» y los cuentos «Una magia modesta».
Entre los numerosos premios recibidos por Bioy, se encuentran: Gran Premio de Honor de la sociedad Argentina de Escritores, en 1975 y el Premio Cervantes en 1990. Se lo distinguió como Miembro de la Legión de Honor de Francia (1981) y Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires (1986). Fueron llevadas al cine El perjurio de la nieve, con el título de El crimen de Oribe, Diario de la guerra del cerdo (dirigida por Leopoldo Torre Nilsson) y El sueño de los héroes (con dirección de Sergio Renán).
Bioy Casares tuvo un talento exquisito y sus obras están envueltas en una genial luminosidad, que ponen de manifiesto su calidad del narrador que contempla la realidad sin excluir aún las más sórdidas que, en la obra La Guerra del Cerdo es objetiva y poéticamente implacable. Su protagonista, un hombre común, ve todo lo que le rodea a la luz de un mortecino crepúsculo vespertin.
Algunas transcripciones de sus cuentos
Adolfo Bioy Casares falleció el 8 de marzo de 1999 y sus restos descansan en el cementerio de la Recoleta. Transcribiremos algunos párrafos de esta obra:
Capítulo X- Al desembocar en la calle Lafinur exclamó:”No puede ser”. Pocos pasos después admitió:”Sin embargo no hay otro por acá”. Dese luego las vacilaciones de la noche anterior se volvían comprensibles: el pobre Rey no se resolvía a comunicarle su propósito de comprar un hotel de citas. Ahora el mismo vacilaba. “Confesemos”, dijo, que entrar sin una compañera resulta incómodo”.
Rey apareció en la puerta del hotel con una gran sonrisa y lo llamó por señas. ¿Cuántos años tendría que vivir el hombre para dejar atrás todas las vergüenzas injustificadas, para madurar completamente? Había mirado en derredor, esperanzado quizá de entrar sin que nadie lo viera, sobre todo por la circunstancia agravante de que el pasado de Rey, llamaba la atención con sus gestos. Enseguida Rey lo abrazó, muy contento y hasta nervioso. Desde luego no existía motivo alguno para que un observador casual imaginara disparates. Infinidad de razones podían llevar a un par de señores como ellos. Por ejemplo, la de visitar el hotel con la intención de comprarlo. Como tantas veces la verdad parecía increíble.
Rey lo condujo por un corredor que daba al patio. Golpeó con prudentes nudillos en una puerta, la abrió sin esperar que le contestaran y se hizo a un lado para que Vidal entrara primero. Tras una brevísima duda, este lo obedeció. Había perdido el aplomo, como en una situación de sueño, de modo que se alegró de encontrarse frente a ese gordo pálido, el patrón indudablemente, en un escritorio y tacitas de café. Rey presentó:
Mi amigo Vidal. Mi paisano Jesús Vilaseco. Otro pocillo Paco-vociferó el patrón- Bien calibrado y caliente el café-Bajó la voz para preguntar en un gemido: ¿Hay domésticos peores que los de hoteles como éste? Si lo sacás a Paco de las camas, ¿para qué sirve? Para traer frío el café, tibio el refresco: (…) Vidal fue el último en salir. Las piezas con su interminable fila de puertas de color verde Nilo, daban al alero: a la derecha, bajo un parral, corría un pasaje para automóviles clausurado. El patrón empuñó el picaporte de la primera puerta.
No, don Jesús, que hay gente, previno paco.
Todas las piezas son iguales –declaró el patrón y abrió la segunda.
Entraron Tuna y Rey, el patrón hizo pasar a Vidal, se retiró y cerró. En el cuarto había una espaciosa cama, dos mesas de luz, dos sillas, grandes espejos. Vidal se dijo: “Caí en una trampa”. Enseguida recapacitó que esa idea era absurda. ¿Hasta cuando él un hombre ya cansado, sería íntimamente un chico? Peor, un chico tímido. Para más de una situación imprevista, hasta el fin de sus días…Advirtió entonces que Rey besaba mimosamente las manos de la muchacha.
Tuna era una muchacha cobriza, de baja estatura, de fuerte pelo negro, de frente muy estrecha, de ojos chicos y duros, de pómulos prominentes, vestida con ropa nueva, humilde. Estaba resfriada. (…) PLANO MILENIUM 46 B2
Ricardo Federico Mena