SALTA (Diego Nofal).- Hace casi un mes, la Municipalidad de Salta, bajo el mando del intendente Emiliano Durand, lanzó un anuncio que resonó con esperanza entre los actores clave del turismo local. Prometió un alivio necesario, exenciones específicas sobre ciertas tasas municipales destinadas a dinamizar un sector vital para la economía salteña. Como complemento, se ofreció una prórroga generosa para las habilitaciones comerciales, extendiendo su validez hasta el año 2026. Las palabras sonaron bien, como un bálsamo para empresas golpeadas por tiempos difíciles.
Sin embargo, un mes es tiempo suficiente para pasar del anuncio a la acción concreta. Lamentablemente, ese paso crucial brilla por su ausencia. La prometida claridad, prometida por Emiliano Durand, sobre qué tasas exactamente serán perdonadas a hoteleros y operadores turísticos sigue siendo un misterio. Los detalles operativos, el cómo y el cuándo de estas exenciones, permanecen en una nebulosa administrativa que genera más incertidumbre que alivio. La temporada de invierno, crucial para el sector, ya está en pleno desarrollo y la desinformación reina.
Mientras las ansiadas exenciones impositivas se desvanecen en el horizonte burocrático, solo una medida concreta ha visto la luz. Bares y restaurantes gozan ahora del permiso municipal para ocupar espacio público, instalando mesas y sillas en veredas y calles, sin tener que abonar ni un centavo por ese privilegio. Es una concesión tangible, inmediata, que contrasta dolorosamente con el silencio absoluto respecto a los descuentos prometidos a otros rubros turísticos.
Esta situación plantea una incómoda pregunta. ¿Por qué la urgencia y la concreción para beneficiar a un segmento específico del comercio gastronómico con ocupación gratuita del espacio común, mientras las promesas de alivio fiscal para el turismo en general languidecen sin cumplirse? La falta de transparencia y el incumplimiento de los plazos anunciados por Emiliano Durand, generan desconfianza y una sensación palpable de inequidad.
La ironía de la situación se acentúa al recordar otra decisión reciente del intendente Durand. Fue su administración la que eliminó carriles exclusivos para bicicletas en la ciudad, argumentando la necesidad de mejorar la fluidez del tráfico vehicular. Ahora, ese mismo espacio público liberado para los automóviles, se entrega gratuitamente a los bares para su expansión comercial. El mensaje sobre las prioridades municipales parece contradictorio, cuando no directamente confuso.
Emiliano Durand no transmite tranquilidad, sino todo lo contrario
Mientras los empresarios turísticos esperan en vano las exenciones prometidas, hay un aumento impositivo que sí se materializó con dolorosa eficacia. Los impuestos municipales han experimentado incrementos cercanos al 500% en algunos casos. Este contraste no puede ser más brutal. Por un lado, promesas de alivio incumplidas y opacas, por el otro, una realidad fiscal aplastante que ahoga a contribuyentes y comercios. La carga aumenta, el respiro prometido no llega.
La temporada de invierno avanza sin pausa. Los visitantes llegan, los hoteles operan, las agencias trabajan. Pero lo hacen bajo la sombra de una promesa municipal incumplida y con el lastre de impuestos municipales que se han disparado de manera desproporcionada. El intendente Durand debe rendir cuentas. ¿Dónde están las exenciones impositivas anunciadas con tanta fanfarria?
La municipalidad de Salta tiene la obligación imperiosa de aclarar el panorama inmediatamente, detallar las medidas prometidas y ponerlas en marcha sin más dilaciones. El turismo, un pilar económico irremplazable, no puede ser víctima de anuncios vacíos y gestiones erráticas. Es hora de que las palabras se conviertan en hechos, antes de que la desconfianza y el daño económico sean irreparables. La ciudad y su principal industria merecen respuestas y acciones, ya.