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Salta

La Libertad Avanza en Salta es La Cámpora con acné

Prometían barrer con la mugre acumulada de la vieja política. Juraron, con el fervor de un novicio en su primer sermón, que ellos eran la escoba nueva, el detergente industrial contra la grasa de los métodos rancios.

La Libertad Avanza

SALTA (Diego Nofal).- Prometían barrer con la mugre acumulada de la vieja política. Juraron, con el fervor de un novicio en su primer sermón, que ellos eran la escoba nueva, el detergente industrial contra la grasa de los métodos rancios. «Milei» era el grito de guerra, la consigna sagrada traída de la mano del mismísimo presidente. La Libertad Avanza llegaba a Salta cual mesías laico a redimirnos del pecado kirchnerista.

Qué bonito sonaba. Qué ilusos fuimos algunos por creer, aunque sea por un microsegundo, en el cuento del cambio verdadero. Porque resulta, queridos lectores, que esta escoba nueva barre para el mismo rincón, solo que con menos pericia y, aparentemente, un brote severo de acné adolescente. Sí, son La Cámpora, pero en plena pubertad política, con la voz quebrada y granos de hipocresía en la frente.

Tomemos como muestra de esta torpeza juvenil el caso emblemático de la diputada María Emilia Orozco. Una figura. Vota, con la solemnidad que el momento requiere, en contra de la Ley de Emergencia en Discapacidad. Un gesto duro, controvertido, que sin duda exigiría una explicación coherente o, al menos, una demostración férrea de principios alternativos.

¿Y cuál fue el siguiente movimiento estratégico de nuestra heroína del «nuevo modo»? Pues embarcarse rauda hacia Israel, nada menos que a un curso sobre… ¡discapacidad! La ironía aquí alcanza niveles épicos. Uno se imagina a la diputada tomando apuntes febriles sobre inclusión en Tel Aviv, mientras en su tierra natal su voto contribuía a dejar en la estacada a quienes precisamente necesitaban esa ley. El colmo del posgrado en cinismo.

Y claro, como todo viaje de estudios que se precie, qué mejor que rematarlo con unos días de relax y compras en Dubai. Porque después de negar recursos a los discapacitados salteños y luego estudiar el tema en Oriente Medio, un paseíto por los megamalls emiratíes es el epílogo perfecto. Una lección magistral en desapego terrenal. ¿Asignatura? Hipocresía Avanzada, con prácticas en el Golfo Pérsico.

Pero el verdadero tesoro de la «novedad» que trajo LLA a Salta no es solo la incoherencia geográfica de sus legisladores. No. Es la resurrección, con olor a naftalina peronista pero con carnet nuevo, de las viejas y queridas… coimas partidarias. Perdón, eufemismos al poder, «aportes». Sí, se ha destapado la olla (y qué olor rancio tiene) de que La Libertad Avanza salteña le pasa la gorra, no con sonrisa y voluntariedad, sino con garrote y amenaza velada, a sus propios empleados públicos.

Un porcentaje del salario, querido funcionario, para la caja del partido. ¿La alternativa? El despido, la puerta, el ostracismo administrativo. Suena familiar, ¿verdad? Como un dejà vu de aquellos tiempos donde cierta agrupación juvenil, cuyo nombre rima con «Cámpora», tenía manuales de instrucciones bastante parecidos para llenar las arcas. La práctica es calcada, un plagio descarado del libreto K más rancio. La única diferencia es la cara de tonto útil del empleado nuevo que cree que esto es innovación y no la misma estafa con diferente logo.

El asunto, como no podía ser de otra manera en esta tierra de impunidades bailando tango, ya saltó a los tribunales provinciales. Se judicializó el saqueo encubierto. Pero, seamos sinceros, ¿alguien en su sano juicio espera que los jueces de esta provincia, curtidos en mil batallas políticas intrascendentes, resuelvan algo? Es más fácil que QPS deje de pagarle a sus empleados con plata del Estado. El circo judicial es solo el telón de fondo para la farsa principal. La misma farsa de siempre, con payasos distintos y maquillaje más barato.

El rejunte de La Libertad Avanza de Salta

Ahí está el meollo del asunto. La Libertad Avanza en Salta no es la revolución prometida. Es un refrito. Es la vieja política, la de los acuerdos bajo mesa, los aportes «no voluntarios», los viajecitos inexplicables y la desconexión galáctica de la realidad que dicen representar, pero vestida con ropas nuevas, demasiado grandes aún para su contextura adolescente. Son La Cámpora, sí, pero en su etapa más torpe, la del acné, la de copiar mal al que admira y odia a la vez, la de creerse original mientras repite los errores ajenos con una solemnidad que da vergüenza propia.

La Libertad no Avanza en Salta. Tropezó con su propia sombra, se cayó de culo sobre los mismos charcos de barro que juró limpiar, y ahora se levanta, sonrojada por los granos de la incoherencia y el escándalo, preguntándose qué carajo salió mal, con la foto del meme de Alberto Fernández. No hay mucho que preguntar chicos, la respuesta, queridos, es simple. Llenaros el partidos de nenazos y exkirchneristas, se miraron demasiado al espejo del pasado, y el reflejo los devoró.