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Salta

Gobierno de Salta: federalismo para la tribuna y servilismo para el presidente

La retórica del federalismo vuelve a resonar con fuerza en los discursos oficiales de Salta

Gustavo Sáenz

SALTA (Diego Nofal).- La retórica del federalismo vuelve a resonar con fuerza en los discursos oficiales de Salta. El gobierno de Salta, a cargo de Gustavo Sáenz y el intendente de la capital, Emiliano Durand, han alzado nuevamente la voz contra el «centralismo porteño» encarnado por el gobierno nacional de Javier Milei.

Sus palabras, cargadas de indignación y reclamo por la supuesta asfixia financiera y la falta de recursos, pintan un cuadro de provincia aguerrida defendiendo su autonomía frente a un poder central avasallador. Sin embargo, un examen detenido de sus acciones, o más bien, su ausencia de acción, revela una cruda y preocupante contradicción.

Pese a la fogosidad de sus proclamas públicas, emitidas con particular intensidad el pasado 1 de marzo y reeditadas el 17 de junio, ni el gobierno provincial ni el municipal han concretado su descontento mediante los canales formales y colectivos establecidos para tal fin. Mientras la mayoría de las provincias argentinas, enfrentadas a una severa restricción fiscal y al congelamiento de fondos esenciales, se organizan y presionan en bloque, Salta brilla por su ausencia. Su voz, tan alta en los micrófonos locales, es un eco silenciado en las mesas donde se discute el futuro federal.

El Gobierno de Salta, brilla por su ausencia

Esta semana se celebró una reunión crucial de gobernadores. El objetivo era claro y urgente, presentar un frente unido para exigir al Gobierno nacional la liberación de recursos retenidos y una solución inmediata al crítico problema de financiamiento que paraliza provincias enteras. El ausente notable fue Gustavo Sáenz. Su silla vacía habló más elocuentemente que cualquiera de sus discursos previos. No fue un hecho aislado.

La semana anterior, numerosos intendentes de todo el país, pertenecientes a diversas extracciones políticas, se congregaron con una misión similar: reclamar en conjunto por los fondos que les pertenecen y que son vitales para mantener servicios básicos. ¿Dónde estaba Emiliano Durand, el jefe comunal que días antes clamaba contra el centralismo? Notablemente ausente, otra vez.

Una gestión tribunera

El núcleo del reclamo colectivo es ineludible, la coparticipación federal de impuestos y, de manera especialmente crítica, el destino de los impuestos a los combustibles, que debería usarse para reparar rutas y no se está utilizando. Este tributo, que por ley debería volcar importantes sumas a las arcas provinciales y municipales, está siendo retenido o desviado por la administración nacional, agravando hasta niveles insostenibles la crisis fiscal local.

Es precisamente en estos foros donde se ejerce presión concreta, se presentan documentos formales y se busca negociar soluciones. La reiterada inasistencia del representante del Gobierno de Salta, Sáenz y Durand a estos espacios equivale, en la práctica, a renunciar al derecho de reclamo y abandonar a su suerte a la ciudadanía salteña que dicen representar.

Qué explica esta flagrante desconexión entre el verbo encendido y la inacción cómplice. La hipótesis más plausible apunta a un cálculo político mezquino y cortoplacista. Hablar duro contra Buenos Aires desde la tribuna local genera réditos inmediatos, aplausos de la platea propia, titulares en la prensa regional y una imagen de «defensor» del interior. Es un guion fácil, predecible y que no conlleva riesgos reales frente al poder central.

En cambio, sumarse al reclamo colectivo, firmar documentos de exigencia y confrontar directamente al gobierno nacional implica asumir un costo político tangible. Podría significar la pérdida de algún favor discrecional, el retraso aún mayor de alguna obra prometida o el abierto enfrentamiento con un Ejecutivo que no duda en usar herramientas de presión.

Falso federalismo

Este doble juego, federalismo de cartón para consumo interno, servilismo tácito hacia el poder central en la práctica, es una traición al verdadero espíritu federal y a los intereses concretos de Salta. Mientras Sáenz y Durand eluden las trincheras donde se libra la batalla real por los recursos, los hospitales provinciales, las escuelas municipales, la infraestructura vial y los salarios de los empleados públicos sufren las consecuencias de la asfixia financiera que ellos denuncian con tanta vehemencia pero tan poca efectividad. Sus discursos suenan cada vez más huecos, más como un ejercicio de autojustificación y propaganda local que como una genuina defensa de la autonomía provincial.

Hasta que el gobierno de Gustavo Sáenz y la municipalidad de Emiliano Durand no trasladen su retórica federalista a acciones concretas, coordinadas con sus pares y sustentadas en reclamos formales ante la Nación, sus palabras no serán más que humo para la gilada.

Mientras tanto, su silencio cómplice en los espacios donde se defienden los recursos de todos los salteños los transforma, de facto, en aliados funcionales del mismo centralismo que dicen combatir. El verdadero federalismo no se grita, se ejerce. Y en Salta, lamentablemente, parece haber más grito que ejercicio.