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Salta

Gustavo Sáenz se despega de los gobernadores y negocia solo con Karina Milei

El gobernador Gustavo Sáenz decidió abandonar el barco común. Sorprendió a propios y extraños al desmarcarse del bloque unificado.

Gustavo Sáenz

SALTA – (Diego Nofal) Por primera vez desde la llegada de Javier Milei al poder, los gobernadores lograron una hazaña casi mítica. Consiguieron cerrar filas y presentar una propuesta unificada en el Congreso. El objetivo era claro y ambicioso para sus arcas. Exigían un aumento considerable de los fondos por impuestos a combustibles y GNC. Además, pedían una distribución equitativa, no discrecional, de los ATN. El frente parecía sólido, una muralla contra la discrecionalidad nacional. Todo indicaba un bloque compacto y poderoso para presionar. La unidad, fruto de reuniones agotadoras, era su principal capital político. Soñaban con imponer su proyecto de redistribución impositiva sin fisuras. La disciplina parecía ser su nueva religión política colectiva.

Ayer, sin embargo, la armonía sufrió un golpe repentino y sonoro. El gobernador Gustavo Sáenz decidió abandonar el barco común. Sorprendió a propios y extraños al desmarcarse del bloque unificado. Optó, en cambio, por una ruta solitaria hacia Casa Rosada. Fue directamente a negociar a solas con Karina Milei. Pocos detalles trascendieron sobre el contenido de ese encuentro privado. El hermetismo alimentó toda clase de rumores y suspicacias. El silencio oficial solo aumentó la intriga política general. ¿Qué podría ofrecer el gobierno central a un disidente tan repentino? La incógnita flotaba en el aire como un globo de prueba.

¿Por qué Gustavo Sáenz abandonó el barco?

Parece que la estrategia en solitario de Sáenz dio algún fruto concreto. Apenas dos horas después del anuncio, llegó la noticia clave. La provincia de Salta acordó con el Estado nacional hacerse cargo de la Ruta 51. Un logro tangible para su gestión, sin duda muy publicitable. Un as bajo la manga obtenido fuera del canal colectivo pactado. La velocidad del acuerdo sugiere una negociación ágil y eficaz. Como quien encuentra un atajo evitando la caravana principal. El resultado práctico para Salta parece, al menos, inmediato y beneficioso.

Naturalmente, este movimiento individualista no cayó bien entre sus pares. Los demás gobernadores miran a Sáenz con profunda desconfianza ahora. Dudan seriamente de su lealtad hacia el bloque recién forjado. Aquella unidad, lograda con tanto esfuerzo y saliva, parece frágil. Temen que su desplante sea el primer síntoma de una epidemia. La pregunta ronda los pasillos, ¿quién será el próximo en desertar? El fantasma de la fragmentación asusta más que cualquier discurso opositor. Un bloque roto pierde toda su fuerza negociadora en un instante.

¿Inteligencia o traición?

La sensación entre los mandatarios es de traición a la causa común. Sáenz, con su acción, puso sus intereses provinciales por encima del grupo. Rompió el frente apenas logrado con sudor y lágrimas políticas. Su éxito personal puede ser visto como un fracaso colectivo. La desunión siempre beneficia al poder central en estas pujas. Ahora evalúan si seguir contando con Salta en sus estrategias. La confianza, ese bien tan escaso en política, está hecha añicos. Reconstruirla requeriría un milagro o una concesión federal masiva.

Este episodio coloca a Gustavo Sáenz en una posición muy peculiar. Prácticamente se enfrenta solo al resto de los gobernadores nacionales. Su alineación con el gobierno nacional parece hoy más clara. Pagó el precio de la posible animadversión de sus colegas. El cálculo político personal primó sobre la solidaridad regional momentánea. Solo el tiempo dirá si el juego valió realmente la pena apostado. Si la Ruta 51 compensa el aislamiento en el seno del federalismo. Por ahora, navega en aguas propias, alejado de la flota que ayudó a formar.

Una unidad que no es fija

El temor a un efecto dominó es palpable en los despachos provinciales. Cada gobernador revisa ahora sus necesidades más urgentes y presiones locales. Sáenz demostró que un acuerdo bilateral rápido es posible. Ofrece una tentadora vía rápida para resolver problemas concretos. ¿Resistirán todos la tentación de seguir su ejemplo práctico? Mantener la unidad requiere ahora un esfuerzo sobrehumano y vigilancia constante. La cohesión lograda con tanta dificultad pende de un hilo muy delgado. Como un castillo de naipes esperando la próxima ráfaga de viento.

El frente unido de gobernadores, esa rareza política recién nacida, ya tose. Gustavo Sáenz aplicó un acelerador individual que sacudió el convoy. Su negociación express con Karina Milei surtió efecto inmediato para Salta. Pero el costo político interno podría ser altísimo a mediano plazo. La desconfianza es ahora la moneda corriente entre los mandatarios. La unidad duró menos que un helado bajo el sol salteño. El bloque unificado enfrenta su primera gran crisis de existencia. Y todo, por un camino y una negociación hecha a solas. El federalismo muestra, una vez más, sus costuras más frágiles y pragmáticas.