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Salta

Juan Carlos Romero eligió el calor libertario: en contra de los jubilados y discapacitados

Juan Carlos Romero optó por alinearse con la posición del gobierno de Javier Milei. Esta decisión tuvo consecuencias concretas y profundamente dolorosas

Juan Carlos Romero
Juan Carlos Romero

SALTA – (Diego Nofal) El senador nacional por Salta, Juan Carlos Romero, enfrenta una encrucijada política constante. Su nombre suena entre posibles retornos al peronismo federal disidente. Sin embargo, en una votación clave, definió su rumbo actual con claridad. El calor del oficialismo libertario resultó más tentador que el clamor popular. Romero optó por alinearse con la posición del gobierno de Javier Milei. Esta decisión tuvo consecuencias concretas y profundamente dolorosas.

Romero se ausentó en la votación y con eso se puso en contra de la prórroga de la Emergencia en Discapacidad. Este proyecto buscaba garantizar recursos básicos para personas vulnerables. Les acercaba la posibilidad cierta del pago a proveedores de servicios esenciales. Elementos fundamentales para su vida diaria estaban en juego. El senador salteño priorizó su acercamiento al oficialismo libertario. Las necesidades urgentes de miles de argentinos fueron postergadas nuevamente.

Pero su accionar no se detuvo allí, alcanzó también a los adultos mayores. Romero también se ausentó para dar el visto bueno a un magro aumento de sesenta mil pesos para jubilaciones mínimas. Esos ingresos apenas rozan los trescientos mil pesos mensuales actualmente. Una suma irrisoria frente a la escalada inflacionaria desatada. Los jubilados enfrentan una supervivencia cada día más precaria. El senador decidió profundizar su miseria con su voto.

Una posición difícil de comprender

Resulta difícil de comprender esta postura desde su propia realidad. Juan Carlos Romero es un hombre que está por llegar a los ochenta años. Podría estar, sin duda, en el lugar de cualquier jubilado humilde. Conoce las limitaciones y los temores de la tercera edad argentina. Aún así, eligió negarles ese mínimo alivio económico. Prefirió el cálculo político frío a la solidaridad generacional.

¿Qué impulsa esta decisión tan alejada de su electorado histórico? Todo indica un burdo intento de congraciarse con el presidente Milei. Romero anhela con desesperación un espacio en la coalición gobernante. Aspira a colarse en las listas libertarias para octubre próximo. Su voto contra los más débiles sería el precio de esa entrada. Una moneda de cambio macabra pagada con el sufrimiento ajeno.

Es muy cómodo votar contra los jubilados desde su posición privilegiada. Romero sabe que su retiro no será en la pobreza extrema. Volverá a su lujosa mansión en Salta sin preocupaciones. Disfrutará de una jubilación de privilegio, dorada y segura. Todo financiado, por supuesto, con los recursos del Estado argentino. Esa misma institución que hoy él exige ajustar brutalmente.

¿Contra la casta o desde la casta?

Aquí reside el oxímoron más escandaloso de su carrera política. Juan Carlos Romero vivió décadas enteras a expensas del Estado provincial. Fue gobernador, senador, funcionario, siempre con dieta pública. Nunca conoció la incertidumbre laboral o el salario mínimo. Hoy, desde esa cómoda atalaya, predica la austeridad salvaje. Pero esa austeridad debe aplicarse solo a los de abajo, nunca a él.

Su falta de apoyo contra discapacitados y jubilados marca un hito de desapego. Fue una elección consciente entre el pueblo y el poder circunstancial. Eligió el efímero calor libertario oficialista. Traicionó la confianza de quienes alguna vez lo votaron. Demostró que su supervivencia política vale más que la dignidad ajena. La historia, y su propia conciencia, juzgarán esta cruel paradoja.