SALTA (Florencia Gómez)- El gobernador Gustavo Sáenz terminó cediendo a lo que había dicho que no: competir en las elecciones nacionales. Con discursos públicos de hastío hacia la gestión nacional y un evidente desinterés frente al año electoral, tras haber perdido la banca de senador por la ciudad Capital, el mandatario salteño venía repitiendo que su lugar era Salta.
No obstante, fue cooptado por el saencismo que terminó empujándolo a meterse en la pelea nacional por necesidad. Si no lo hacía, la elección se definía entre dos modelos ajenos al oficialismo provincial. Ahora, Sáenz terminó por favorecer a la candidatura del libertario, Alfredo Olmedo.
Antes de la intromisión de Gustavo Sáenz, el escenario político quedaba entre La Libertad Avanza y el frente peronista, Fuerza Patria. Y como los libertarios siguen siendo los favoritos para esta elección, la posibilidad de que se quedaran con todo el reparto nacional era concreta.
Los operadores de confianza del gobernador activaron la presión interna. No era una jugada fácil ni limpia. Sáenz viene con el desgaste lógico de cinco años de gestión y carga con el costo de decisiones nacionales que alguna vez apoyó. Además de la mala imagen que goza y que los salteños le recuerdan cada día.
No suma
“Si no se juega, nos quedamos sin nada”, fue el diagnóstico crudo que circuló entre los más cercanos. Por eso, Gustavo Sáenz decidió salir a la cancha con un reciclado de nombre que, de acuerdo con la sociedad salteña, nada tienen para aportarle a la provincia. Los mismos nombre, el mismo puñado de dirigentes que compite en cada elección, terminó por cansar al electorado local.
Ahora, Sáenz aparece como una tercera fuerza que tiene un solo efecto: dividir los votos del peronismo. No tocará ni un voto libertario, donde Alfredo Olmedo se mantiene firme con un electorado fiel y convencido. Pero sí puede quitarle aire a los sectores del PJ que aún conservan algo de estructura y territorio. Y con una bocanada de aire fresco desde la llegada de Juan Manuel Urtubey.
Por lo tanto, la candidatura de Sáenz es un salvavidas para el oficialismo local, pero también una sentencia para el peronismo salteño, que no logra unificarse ni aún frente al avance libertario. Y eso que La Libertad Avanza de Salta atraviesa la peor crisis interna desde su nacimiento. Aunque diga lo contrario, el gobernador terminó siendo funcional al proyecto de Javier Milei. Y lo sabe.