SALTA (Diego Nofal).- La decisión del gobernador Gustavo Sáenz de encabezar un frente electoral oficialista en octubre tomó por sorpresa a la política salteña. Sus tropas más cercanas lograron finalmente convencerlo de dar el paso decisivo. Esto ocurrió pese a los rumores persistentes e incluso sus propias declaraciones previas.
El mandatario había llegado a afirmar que no tomaría partido por ningún candidato específico. Inclusive había sugerido con firmeza que su gestión no participaría activamente en esos comicios. No obstante, el día clave de la presentación de los frentes apareció la lista oficialista. Dicha presentación confirmó los rumores que circulaban con intensidad desde días antes.
La pregunta que resuena en los pasillos políticos es evidente y necesita una respuesta clara. ¿Cuál es el motivo real detrás de impulsar un frente propio en este momento tan particular? El análisis objetivo indica que esta movida favorece claramente a La Libertad Avanza a nivel provincial. El frente de Gustavo Sáenz al único espacio al que le puede arrebatar votos concretos es al Frente Patria. Ese espacio integran figuras como Juan Manuel Urtubey y Sergio Leavy con ambiciones propias.
Las especulaciones sobre los motivos reales abundan y abren la puerta a diversas interpretaciones. Podemos entrar en el terreno de la conspiración y sugerir un acuerdo oculto. Un posible pacto entre Alfredo Olmedo, candidato de La Libertad Avanza, y el propio Gustavo Sáenz. Este hipotético acuerdo beneficiaría directamente al primero en su carrera electoral. Sin embargo, existe otra explicación posible con un trasfondo político más profundo y nacional.
Gustavo Sáenz y una apuesta fuerte
Un motivo alternativo y más estructural apunta a una estrategia federal compartida. Al menos cinco gobernadores han decidido armar un frente con ese espíritu unificador. Su objetivo declarado es romper la lógica binaria de pelea entre kirchnerismo y libertarios.
Esos mandatarios provinciales percibieron un peligro claro en la repetición del esquema. Entendieron que otra vez definiríamos el futuro nacional en una batalla entre porteños. Una pelea protagonizada por actores que parecen anclados en el pasado. Personajes que no actualizan su GPS político desde el año 2003 por temor a que el mapa les revele la existencia de un país extenso más allá de la General Paz.
El gobernador Gustavo Sáenz, significativamente, no se integró formalmente a ese frente federal anunciado. Esta ausencia podría deberse a una esperanza persistente en su estrategia. Su coqueteo permanente con el presidente Javier Milei aún podría darle algún rédito. Aunque hasta la fecha, en dos años de gestión, solo ha cosechado promesas sin hechos concretos. Pese a no sumarse oficialmente, su acción tiene un efecto paralelo. Está haciendo exactamente lo mismo que buscan esos gobernadores con su frente unido.
Equivocar el camino
La jugada salteña evita que la elección se dirima únicamente entre dos fuerzas centralistas. Impide que el debate se reduzca a opciones mucho más nacionales que provinciales en su esencia. Sáenz contribuye, tal vez sin proponérselo directamente, al objetivo federal. Ayuda a que la gente no deba elegir solo entre el populismo kirchnerista y el populismo libertario. Ambos modelos han demostrado su enorme capacidad destructiva para el país. Lo que históricamente ha hecho mal a la Argentina no fue el peronismo o el macrismo como ideas. El verdadero daño provino siempre de los populismos sucesivos frente al Estado. Esos experimentos se repitieron demasiadas veces con resultados desastrosos.
Esta experiencia debería servirle de reflexión profunda al gobernador Gustavo Sáenz. Esperemos que lo impulse a definirse claramente del lado de los gobernadores del interior. Ellos buscan construir un modelo de gobierno auténticamente federal. Un sistema que favorezca por igual a todos los argentinos sin distinciones geográficas. No solo a los residentes del distrito electoral más grande y sobreponderado. Salta y el país necesitan líderes que miren más allá de la Capital Federal. Líderes que entiendan la urgencia de terminar con el «riverboquismo» asfixiante. El momento de actuar con visión federal es ahora, sin más dilaciones ni cálculos mezquinos.